Ganar terreno al
alzhéimer siempre es un éxito. Especialmente cuando se logra
detectar su llegada en la fase preclínica, es decir, antes de que manifieste sus primeros síntomas. Esto es precisamente lo que aspira a conseguir el nuevo test nasal desarrollado por investigadores del Centro Médico de la Universidad de Duke (Carolina del Norte), que promete
una aproximación distinta al diagnóstico y seguimiento de esta enfermedad neurodegenerativa y actuar, en un futuro, como potencial filtro de la eficacia de los diferentes tratamientos. Además de la simplicidad que aporta esta prueba no invasiva, su principal fortaleza tiene que ver con su capacidad para aproximarse a la denominada '
zona cero' de la enfermedad, esto es, la región con
"mayor vulnerabilidad" como es el corte entorrinal.
El punto "más interesante" de este proyecto, a ojos de Pascual Sánchez-Juan, secretario del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de
Neurología (SEN), es precisamente esa
conexión directa con el sistema nervioso central casi en tiempo real. "Lo que hace este test es un raspado de las células olfativas, las neuronas que están arriba de la cavidad nasal, y que se conectan directamente con otras neuronas en la lámina cribosa, muy cerca del cerebro. Solo hay dos pasos hasta
llegar a la zona que más afecta precozmente en alzhéimer, lo que
lo diferencia conceptualmente de los
análisis sanguíneos", explica.
Análisis complejo
De hecho, este sistema de hisopado, similar al de los test
covid, promete llegar allá donde "los
marcadores en sangre, los de líquido cefalorraquídeo o la Tomografía por Emisión de Positrones (PET) no han logrado recalar, como es el diagnóstico preclínico. En otras palabras, "ser capaces de detectar la patología en el cerebro
en personas sanas, que aún no expresan la enfermedad clínicamente, al no tener problemas de memoria evidentes" con un valor predictivo "fiable", hasta ahora inexistente.
El procedimiento, mínimamente invasivo, se realiza
con anestesia local y con el paciente despierto, lo que lo hace más sencillo que una punción lumbar. Aun así, esta mayor simplicidad en la toma de muestras se complica en la fase de análisis. Tal y como refleja el artículo publicado en
Nature, los investigadores habrían utilizado una "
técnica de secuenciación del RNA para ver la expresión de los genes en células aisladas y los patrones de cada una, asociados a los marcadores de líquido cefalorraquídeo -que es el 'gold standard'- y al
estatus clínico del paciente (demencia, asintomático o marcadores negativos)".
Más allá del rendimiento diagnóstico, con un área bajo la curva "nada espectacular", según Sánchez-Juan, este procedimiento requeriría
una infraestructura capaz de dar respuesta a ese "
análisis bastante complejo de secuenciación de célula única", con "unas sensibilidades y especificidades muy altas" que todavía no estarían disponibles en el área clínica de países como España.
Es por ello que, a día de hoy, los test en sangre resultarían mucho más escalables y reproducibles en la "dinámica normal de los análisis en los hospitales" y por tanto, "más cerca de
su uso generalizado". Aún así, como prueba
de
concepto, este test intranasal
resulta prometedor, ya que, probablemente, de
muestras más grandes que la que ofrece el estudio - con una cohorte de 22 personas- "se
puedan destilar
algunos
patrones a aplicar en la clínica".
Prueba de eficacia en tratamientos
Aún así, a pesar de la muestra reducida, los resultados demostraron que estas células olfativas reflejan la presencia de placas de beta amiloide y ovillos de tau, reproduciendo la patología de alzhéimer
en una región accesible. Por ello, además de su valor para el diagnóstico, el test podría servir para evaluar la eficacia de
futuros tratamientos modificadores de la enfermedad, como los dirigidos a eliminar la proteína amiloide, al permitir
ver cambios en las células directamente relacionadas con la zona a la que más afecta esta enfermedad neurodegenerativa.
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