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El alzhéimer cae entre los mayores con esta dosis de vacuna de la gripe

La reducción de los procesos inflamatorios, una de las explicaciones de los investigadores a este prematuro hallazgo

Personal sanitario vacunando a un paciente.


08 abr 2026. 18.10H
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La vacunación antigripal de alta dosis podría asociarse con un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer en personas mayores de 65 años, según un estudio observacional publicado en Neurology que compara este tipo de inmunización con las vacunas estándar.

La investigación, liderada por Avram Samuel Bukhbinder y su equipo, analizó datos de una gran base de datos sanitaria de Estados Unidos entre 2014 y 2019. En total, se incluyeron más de 120.000 personas que recibieron la vacuna de alta dosis y más de 44.000 que recibieron la estándar, todas ellas sin antecedentes de deterioro cognitivo y con seguimiento de hasta tres años tras la vacunación.

Los resultados muestran que quienes recibieron la vacuna de alta dosis presentaron un menor riesgo de desarrollar Alzheimer en comparación con los vacunados con dosis estándar. Esta diferencia fue estadísticamente significativa durante los primeros 25 meses tras la vacunación. En el punto de mayor efecto observado, a los 25 meses, sería necesario vacunar a aproximadamente 185 personas con la formulación de alta dosis para prevenir un caso adicional de demencia.

El efecto protector se mantuvo en distintos análisis y fue más consistente en mujeres que en hombres. En ellas, la reducción del riesgo fue significativa durante los primeros 13 meses, mientras que en los varones el efecto apareció más tarde y con menor consistencia.

El estudio se basa en un diseño de cohorte retrospectiva que emula un ensayo clínico mediante datos observacionales, con el objetivo de minimizar sesgos. Para identificar los casos de alzhéimer, los investigadores utilizaron tanto diagnósticos registrados como la prescripción de fármacos específicos para esta enfermedad.

¿Por qué hay menos alzhéimer en estas personas?


Los autores apuntan a varias posibles explicaciones para estos hallazgos. Por un lado, las vacunas de alta dosis ofrecen una mayor protección frente a la infección por gripe, lo que podría reducir procesos inflamatorios asociados al deterioro neurológico. Por otro, también plantean mecanismos no relacionados directamente con la infección, como la modulación del sistema inmunitario o de la inflamación crónica asociada al envejecimiento.

No obstante, el trabajo presenta limitaciones relevantes. El seguimiento máximo fue de tres años, un periodo corto en relación con la evolución de la enfermedad de Alzheimer, y la base de datos no incluía información sobre factores socioeconómicos, estilo de vida o biomarcadores. Tampoco disponía de datos de mortalidad.

Además, al tratarse de un estudio observacional, no puede establecer una relación causal definitiva entre el tipo de vacuna y la reducción del riesgo de demencia. Los propios autores subrayan la necesidad de investigaciones adicionales, idealmente con seguimiento más prolongado y variables clínicas más completas, para confirmar estos resultados y aclarar los mecanismos implicados.

A pesar de estas limitaciones, el estudio refuerza la hipótesis de que las vacunas, más allá de prevenir infecciones, podrían desempeñar un papel en la reducción del riesgo de enfermedades neurodegenerativas en la población mayor.

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