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La obesidad es muy frecuente en los niños con apnea del sueño

Los neumólogos temen que la epidemia de obesidad infantil aumente los casos de SAHS


28 sep 2017. 10.00H
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POR REDACCIÓN
El síndrome de apneas-hipopneas durante el sueño (SAHS) infantil es una entidad que afecta al cuatro por ciento de la población en edades comprendidas entre los dos y los seis años, y  que en los últimos tiempos se ha situado como una patología emergente por sus graves consecuencias para la salud de los niños. “Debido a la epidemia de obesidad infantil, la prevalencia aumentará en los próximos años, ya que un 50 por ciento de los niños remitidos para una valoración por sospecha de apnea del sueño presenta obesidad”, afirma Mª Fernanda Troncoso, coordinadora del Grupo de Trabajo de Sueño y Ventilación de Neumomadrid, la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica.

El SAHS infantil se ha convertido no solo en una entidad relativamente prevalente, sino también en una enfermedad asociada a múltiples comorbilidades que pueden alcanzar implicaciones hasta la edad adulta. En concreto, según detalla Troncoso, “las repercusiones médicas del SAHS incluyen complicaciones cardiovasculares, como alteraciones en la función ventricular del corazón y elevaciones discretas de la presión arterial, además de retraso en el crecimiento. Desde el punto de vista neuroconductual, está plenamente demostrado que los niños con SAHS pueden presentar problemas de aprendizaje, con disminución del rendimiento escolar y labilidad emocional”. Todas estas situaciones afectan a la calidad de vida del niño y de su familia, por lo que diagnosticar, tratar y prevenir el SAHS en la infancia es “salud a futuro”, afirma la especialista.

Para hacer el diagnóstico es importante sospecharlo

Aunque el conocimiento del SAHS en la infancia ha estado muy limitado hasta hace relativamente poco, no es difícil diagnosticarlo. “Desde hace unos años, diferentes colectivos científicos han hecho un esfuerzo para difundir los conocimientos en torno a esta entidad. Habitualmente, las guías clínicas están dirigidas al pediatra de Atención Primaria, pero el manejo diagnóstico y terapéutico del SAHS es claramente multidisciplinar. Pediatras, otorrinolaringólogos, neumólogos y neurofisiólogos están implicados en el proceso asistencial de los niños afectados por trastornos respiratorios relacionados con el sueño”, indica Troncoso. “Como se sospecha más porque la enfermedad se conoce mejor, se diagnostica más”, añade.

Pero la neumóloga advierte de que, hoy en día, “una actitud expectante y conservadora frente a los trastornos respiratorios del sueño en la infancia no está justificada; su prevalencia y sus consecuencias en la calidad de vida del niño y su entorno obligan a un diagnóstico y tratamiento tempranos”. Como en los adultos, la prueba de referencia para el diagnóstico del SAHS infantil es la polisomnografía (PSG) nocturna. No obstante, argumenta que, como es impracticable realizar una PSG nocturna al 2-3 por ciento de la población infantil, “se han desarrollado y perfeccionado técnicas o test de cribado, así como herramientas más simples que permiten alcanzar resultados diagnósticos fidedignos, reservando las técnicas más complejas y/o costosas para aquellos niños en los que las pruebas simples no aportan un diagnóstico certero o para aquellos en los que el resultado de las técnicas complejas puede condicionar la terapia (por ejemplo, ventilación no invasiva frente a tratamiento quirúrgico)”.

Los síntomas del SAHS en niños

El ronquido es uno de los síntomas cardinales en cualquier edad, pero la excesiva somnolencia diurna típica del adulto por una mala calidad de sueño es difícil de detectar mediante una encuesta clínica en niños. En la edad pediátrica son frecuentes las alteraciones de conducta, como irritabilidad o agresividad, y las neurocognitivas, como alteración de la memoria e inatención, el deterioro de la inteligencia general, problemas de aprendizaje, somnolencia en clase y cambios en el estado de ánimo. No obstante, la gran mayoría de niños con SAHS no presenta ningún síntoma diurno.

Troncoso explica que también es importante lo que observe la familia por la noche en relación al sueño y la respiración del niño: “Las posiciones durante el sueño con el cuello hiperextendido, boca abajo con las rodillas debajo del tórax, semisentado o con varias almohadas dan pistas sobre un posible trastorno porque son posiciones inconscientes que realiza el niño durante el sueño buscando una mejor ventilación. Otros síntomas son los despertares frecuentes durante el sueño en un niño que previamente dormía bien y presencia de enuresis (hacerse pis en la cama) secundaria”. Además, en el examen físico, el especialista debe evaluar la presencia de respiración bucal no coincidente con procesos catarrales y la presencia de hipertrofia adenoamigdalar, así como la anatomía craneofacial.

El tipo de tratamiento depende de la causa

Dado que el SAHS en el niño no es consecuencia de una única causa, sino de la asociación de diferentes factores etiopatogénicos (anatómicos, mecánicos, neurológicos, genéticos, etc.), hay más de una opción de tratamiento. Debido a que la hipertrofia adenoamigdalar es la principal causa, la adenoamigdalectomía (la extirpación de las amígdalas y adenoides) es el tratamiento de elección: “Consigue la normalización del cuadro respiratorio nocturno, de la sintomatología diurna y la reversión, en muchos casos, de las complicaciones cardiovasculares, alteraciones neurocognitivas, retraso en el crecimiento y enuresis”, detalla la especialista de Neumomadrid. La eficacia de esta intervención, que suele ser ambulatoria, es de, aproximadamente, el 80 por ciento de los casos de SAHS infantil.

La presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) constituye la segunda línea de tratamiento del SAHS en la infancia. Generalmente, está indicada en niños con obesidad, alteraciones craneofaciales o enfermedades neuromusculares añadidas a la hipertrofia adenoamigdalar o sin hipertrofia adenoamigdalar. “En todo niño obeso, la dieta es una de las primeras medidas terapéuticas, aunque, al igual que en el adulto, la pérdida de peso y la terapia posicional son poco efectivas”, indica Troncoso.

Por último, el tratamiento ortodóntico puede ser útil en niños con anomalías craneofaciales que constituyan factores de riesgo del SAHS.

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