La Inteligencia Artificial ya ha comenzado a abrirse paso en la
Medicina del sueño y promete transformar radicalmente la forma en que se diagnostican y tratan trastornos tan prevalentes como la apnea. Sin embargo, el cambio no llegará de la noche a la mañana ni estará exento de riesgos. Así lo ha expuesto Carlos Egea, coordinador del recién clausurado Año Separcoordinador del Año Separ y jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Vitoria, en el marco del
59º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (
Separ), donde ha asegurado que su potencial va mucho más allá de la automatización de tareas administrativas y alcanzará aspectos clave como
el diagnóstico, la selección de tratamientos o la gestión de la creciente demanda asistencial que afrontan las Unidades de sueño.
La primera revolución llegará en el manejo de la información. Según explicó el especialista, la IA permitirá agilizar la
elaboración de informes y extraer de forma más eficiente los datos realmente relevantes para la toma de decisiones clínicas.
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Carlos Egea, coordinador del Año Separ 2025-2026 y jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Vitoria.
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Pero el objetivo es más ambicioso. "Creemos que va a ser una herramienta de ayuda, no solamente para redactar informes, sino para
acompañar a los médicos, a las enfermeras y a los neumólogos que se dedican al sueño a decidir cuál es el mejor tratamiento", ha señalado.
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Entrevista completa a Carlos Egea, coordinador del Año Separ 2025-2026 y jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Vitoria.
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La principal diferencia respecto a la práctica actual es la capacidad de procesar
grandes volúmenes de información de manera simultánea. Mientras que los profesionales analizan cada caso de forma individual, la IA podría "identificar
patrones comunes entre miles de pacientes y ofrecer recomendaciones" basadas en una cantidad de datos imposible de manejar por una sola persona.
Acortar el camino del paciente
Uno de los ámbitos donde Egea prevé un mayor impacto es en el
diagnóstico precoz de la apnea del sueño, una enfermedad ampliamente infradiagnosticada. Según ha recordado, se estima que existen alrededor de mil millones de personas afectadas en el mundo, pero
solo una de cada cinco ha sido identificada: "Hay
un 80 por ciento de pacientes que no conocemos".
Muchos de ellos ni siquiera acuden al médico porque
no perciben la enfermedad como un problema de salud. Durante años, síntomas "como los ronquidos o la somnolencia diurna" se han interpretado como molestias cotidianas más que como señales de una patología con
consecuencias cardiovasculares, metabólicas y cognitivas.
En este contexto, la Inteligencia Artificial podría actuar como una primera
herramienta de cribado. Egea plantea un escenario en el que
los propios ciudadanos consulten sistemas inteligentes "capaces de detectar señales de alarma" y recomendar una evaluación médica especializada.
Además, estos algoritmos podrían ayudar a priorizar pacientes
según su nivel de riesgo. "Conductores profesionales,
personas con hipertensión arterial resistente al tratamiento o mujeres en la menopausia" son algunos de los perfiles que podrían beneficiarse de una identificación más rápida. "Es posible que nos ayude a discriminar a quién tenemos que hacer el estudio antes", ha afirmado.
El resultado sería una reducción de los tiempos diagnósticos y una mayor eficiencia en el
uso de los recursos sanitarios: "Si el camino del paciente desde que tiene un problema hasta que encuentra una solución es más corto, habremos dado un gran paso".
Un diagnóstico más accesible y democrático
Mirando al futuro, Egea imagina
una transformación profunda de los modelos asistenciales actuales. A medida que aumente la capacidad tecnológica de los dispositivos domésticos y de los sistemas de comunicación, buena parte de las pruebas podrían realizarse fuera del hospital: "
La foto y el diagnóstico te lo haces en tu casa con los sensores que tengas".
En su opinión, esta evolución contribuirá a "democratizar el
acceso al diagnóstico", eliminando barreras geográficas y facilitando que más personas puedan ser evaluadas sin necesidad de desplazarse a Unidades especializadas.
Aunque considera que todavía existe recorrido antes de alcanzar ese escenario, cree que el avance tecnológico es tan rápido que podría convertirse en una realidad en los próximos años. La llegada de "nuevas generaciones de conectividad y el crecimiento exponencial de la
capacidad de procesamiento de datos" serán factores determinantes en esa transformación.
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"Es posible que la IA nos ayude a discriminar a quién tenemos que hacer un estudio antes".
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Las alucinaciones y los sesgos, entre los principales riesgos
Sin embargo, el entusiasmo tecnológico no debe ocultar las limitaciones actuales. Egea ha recordado que los sistemas de Inteligencia Artificial continúan cometiendo errores y pueden generar
respuestas incorrectas o incluso inventar información: "Las alucinaciones de la IA son bastantes". Por ello, considera imprescindible que cualquier decisión relevante "sea supervisada por un profesional sanitario". La IA puede
orientar, sugerir o priorizar, pero "la validación final" debe seguir correspondiendo a un especialista.
El riesgo no se limita a
los fallos técnicos. También existe la posibilidad de que
los algoritmos reproduzcan sesgos presentes en los datos con los que han sido entrenados. El neumólogo ha puesto ejemplos extremos para ilustrar el problema como "sistemas que favorezcan determinados grupos poblacionales o que adopten criterios injustificados a la hora de recomendar tratamientos".
Así, afirma que existen "riesgos éticos y legales”, mencionando entre las cuestiones pendientes la "asignación de responsabilidades" cuando una decisión automatizada provoca un perjuicio al paciente y la necesidad de establecer "
marcos regulatorios claros" para el uso clínico de estas herramientas.
La batalla por los datos
La preocupación por la privacidad ha ocupado igualmente un lugar destacado en su reflexión. La Medicina del sueño genera una enorme cantidad de información relacionada con
hábitos, comportamientos y condiciones de salud, datos que poseen un elevado valor económico para numerosas compañías tecnológicas.
Egea alertó de que la sociedad todavía no es plenamente consciente de las implicaciones que puede tener la cesión masiva de información personal. “Debemos
preservar la intimidad y la legalidad de lo que hacemos”, ha defendido.
A su juicio, el desafío no consiste únicamente en
proteger los datos sanitarios frente a usos indebidos, sino también en evitar que esa información pueda influir en aspectos tan sensibles como la contratación laboral o el acceso a determinados seguros. Por ello, insiste en que la regulación debe avanzar "al mismo ritmo" que la innovación tecnológica.
Una transformación inevitable
Pese a las incertidumbres, el especialista no tiene dudas sobre el papel que la IA desempeñará en el futuro de la Medicina del sueño. De hecho,
ya existen aplicaciones prometedoras en ámbitos como "el tratamiento del insomnio mediante programas digitales de
terapia cognitivo-conductual" o el "seguimiento remoto de pacientes con enfermedades respiratorias crónicas".
Por lo tanto, "sí que hay posibilidades de
ayudarnos como herramienta", ha afirmado. La clave, insiste, estará en entender la IA como un complemento capaz de ampliar las capacidades de los profesionales, no como un sustituto de su criterio clínico.
Para Egea, la transformación es comparable a otros grandes cambios tecnológicos que han modificado la práctica médica en las últimas décadas. La diferencia es que ahora la
velocidad de la innovación es mucho mayor. “La Medicina que hacemos hoy no se parece en nada a la que yo hice en 1993", ha concluído.
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Un instante durante la entrevista.
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