Los especialistas que integran el
Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) han advertido, en vísperas a la celebración del Día Mundial Sin Tabaco, sobre el
auge del vapeo entre los más jóvenes en España. Tal y como han desgranado los oncólogos de la institución, el cigarrillo electrónico se ha consolidado como
una de las principales amenazas emergentes para la salud de los jóvenes en España. En la actualidad, España supera la media europea en vapeo adolescente.
"Mientras el
consumo de tabaco convencional continúa descendiendo entre adolescentes, el vapeo avanza con rapidez y sitúa a España por encima de la media europea en consumo juvenil de nicotina", ha destacado el doctor Bartomeu Massuti, secretario del GECP y jefe de Oncología del Hospital Doctor Balmis de Alicante. En concreto,
el 49,5 por ciento de los adolescentes españoles ha utilizado cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida y el 27,1 por ciento lo ha hecho en los últimos 30 días, frente al 44 y 22 por ciento de media en Europa.
Dimensión del vapeo en España
Además, los datos muestran una ligera
mayor prevalencia entre las chicas. En España, el uso de cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida es algo más frecuente entre las adolescentes que entre los chicos (50,5 por ciento frente a 48,5 por ciento). La misma tendencia se observa en Europa, donde la experimentación también es mayor entre las chicas que entre los chicos (46 por ciento frente a 41 por ciento).
"La diferencia refleja una evolución especialmente acelerada en España, donde el vapeo ha dejado de percibirse como una conducta minoritaria para convertirse en
un hábito cada vez más normalizado en entornos escolares, sociales y digitales", asegura el especialista del Grupo.
La dimensión del fenómeno preocupa especialmente a los especialistas porque el contacto con estos dispositivos comienza a edades muy tempranas. Según los datos analizados por el GECP, el 49,5 por ciento de los
estudiantes españoles de entre 14 y 18 años reconoce haber probado cigarrillos electrónicos alguna vez en su vida. Aunque esta cifra supone un ligero descenso respecto a 2023, la
tendencia general desde 2014 continúa siendo claramente ascendente.
Los expertos advierten de que el auge del vapeo juvenil coincide con la expansión de los
dispositivos desechables, la proliferación de sabores diseñados para atraer a menores y la enorme exposición al consumo en redes sociales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado de que
existen más de 16.000 sabores comercializados y de que gran parte de los contenidos sobre vapeo difundidos en plataformas digitales presentan estos productos de forma positiva, contribuyendo a reforzar la percepción de que se trata de una alternativa inocua al tabaco tradicional.
Daño pulmonar: una amenaza real
Los especialistas recuerdan que el vapeo
no es inocuo para el pulmón. La evidencia disponible muestra que puede producir daño pulmonar agudo grave incluso en personas jóvenes sin patologías previas y que afecta especialmente a la vía aérea pequeña, donde se inicia buena parte del daño pulmonar crónico.
Entre los efectos descritos se encuentran inflamación crónica, estrés oxidativo, disfunción epitelial, neumonitis aguda, daño alveolar difuso y un
mayor riesgo de infecciones respiratorias. También existen señales biológicas de que su uso podría favorecer procesos de fibrosis y remodelado pulmonar.
Puerta de entrada al consumo
Para la doctora Virginia Calvo, especialista en oncología médica en el Hospital Puerta de Hierro y miembro del GECP, "estamos ante una nueva puerta de entrada a la
adicción a la nicotina. La evidencia muestra que los adolescentes que vapean tienen hasta tres veces más probabilidades de convertirse en fumadores en el futuro. Por esto, y por la rapidez con la que se ha extendido este fenómeno, urge
una respuesta coordinada en prevención y regulación".
La especialista ha incidido en el cambio de patrón de consumo entre los jóvenes, señalando que "estamos observando una normalización del vapeo en
entornos sociales y digitales, especialmente entre adolescentes. El riesgo es doble: por un lado, la exposición temprana a la nicotina y, por otro, la
falsa percepción de seguridad frente al tabaco tradicional".
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