Tuberculosis en un bar de alterne: "Los sistemas de vigilancia funcionan"

Dos expertos analizan su riesgo de transmisión tras detectarse un caso por contacto sexual

Sarai Quirós, responsable de la Unidad de Tuberculosis de alta complejidad del Hospital Universitario Basurto, y Antonio Ramos, miembro de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).


23 jun 2026. 12.00H
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La detección de un caso de tuberculosis en una trabajadora de un club de alterne de Bizkaia ha generado dudas sobre el riesgo de contagio en este tipo de establecimientos. Sin embargo, el factor determinante no es la naturaleza del local, sino las condiciones en las que se produce la exposición. Espacios cerrados, escasa ventilación y contactos prolongados son los elementos que realmente favorecen la transmisión de la enfermedad. Por lo tanto, ni un club de alterne es, por sí mismo, un entorno de mayor riesgo para transmitir tuberculosis ni toda exposición a una persona enferma acaba en contagio. Así lo explican en Redacción Médica Sarai Quirós, responsable de la Unidad de Tuberculosis de alta complejidad del Hospital Universitario Basurto y miembro del grupo de trabajo de esta patología de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), y Antonio Ramos, miembro de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

De hecho, Ramos apunta que "la detección de un caso aislado es precisamente un indicador de que los sistemas de vigilancia funcionan correctamente". Además, el especialista recuerda además que muchos diagnósticos no responden a contagios recientes, sino a la reactivación de infecciones adquiridas años o incluso décadas atrás.

Condiciones de la exposición


Y es que uno de los aspectos que más interés ha despertado tras conocerse el caso es si un club de alterne presenta características que favorezcan especialmente la transmisión de enfermedades respiratorias. Para Quirós, que es la facultativa encargada de llevar este caso, la respuesta debe matizarse. "Estos establecimientos en sí no tienen una característica especial con respecto a otros locales cerrados", señala, añadiendo que "el riesgo es similar al que puede existir en un bar, un centro de trabajo o cualquier otro espacio interior donde haya personas compartiendo un mismo ambiente".

La especialista explica que la tuberculosis se transmite por vía aérea y que el riesgo de contagio depende fundamentalmente de tres factores: las características del paciente infectado, las condiciones de exposición y la vulnerabilidad de la persona que entra en contacto con la bacteria.

En primer lugar, influye la capacidad de contagio del caso índice. "Lo más importante es que se trate de una tuberculosis pulmonar, ya que no todas las formas de tuberculosis son contagiosas", explica. Además, cuanto mayor sea la afectación pulmonar y la carga bacteriana, mayor será la posibilidad de transmisión. También resultan relevantes los síntomas. Un paciente con tos intensa expulsará más partículas respiratorias y tendrá una mayor capacidad para dispersar la bacteria que otro con escasa sintomatología.

El contacto prolongado sigue siendo clave


Los expertos coinciden en que la duración de la exposición es uno de los elementos más determinantes. Según Ramos, la adquisición de la infección suele requerir contactos estrechos y prolongados, especialmente entre convivientes que comparten vivienda. Aunque un contacto ocasional no puede considerarse de riesgo cero, la mayoría de las transmisiones se producen tras exposiciones repetidas en espacios cerrados.

Quirós insiste en esta idea. "No es lo mismo coincidir unos minutos con una persona que estar durante varias horas en un espacio cerrado, durante varios días consecutivos", explica. Por ello, la ventilación y el tiempo compartido adquieren un papel fundamental. El riesgo puede aumentar en cualquier entorno cerrado, independientemente de que se trate de un club de alterne, un avión, una oficina o una residencia.

Cómo actúan los servicios de salud


En el caso de Bizkaia, los servicios sanitarios han activado el mismo protocolo que se aplica cuando aparece un caso de tuberculosis en una residencia, un colegio, una universidad o cualquier otro entorno con posibles exposiciones colectivas. Según explica Quirós, una vez confirmado el diagnóstico, el paciente es aislado e inicia tratamiento antibiótico, mientras que el caso se comunica obligatoriamente a Salud Pública para poner en marcha el estudio de contactos.

Justamente, la principal dificultad en este episodio no radica en la enfermedad en sí, sino en la identificación de las personas expuestas debido a las características del establecimiento. Por ello, Osakidetza y Salud Pública y Epidemiología del País Vasco se han reunido junto a los profesionales clínicos responsables del caso y la enfermera gestora de tuberculosis para coordinar un protocolo de rastreo y tratamiento.

El objetivo es localizar a los posibles contactos, realizarles radiografías de tórax y pruebas de detección de infección tuberculosa y, en caso necesario, iniciar tratamientos preventivos o terapéuticos. "La diferencia respecto a otros escenarios está en la complejidad para identificar a los contactos, no en el protocolo sanitario", subraya la especialista.

Si se detecta enfermedad activa, los pacientes son aislados y tratados; si únicamente presentan infección latente, reciben tratamiento preventivo para reducir el riesgo de desarrollar tuberculosis en el futuro. "La diferencia respecto a otros escenarios está en la complejidad para identificar a los contactos, no en el protocolo sanitario, que es exactamente el mismo", subraya la especialista.

¿Qué ocurre si no se localiza a todos los contactos?


Según explica Ramos, los estudios realizados en contactos de pacientes con tuberculosis infecciosa muestran que aproximadamente un 1 por ciento desarrollará enfermedad activa durante los meses posteriores, mientras que cerca del 23 por ciento presentará infección tuberculosa. 

No obstante, ambos especialistas insisten en que la exposición no implica necesariamente infección. La tuberculosis presenta una particularidad que la diferencia de otras enfermedades respiratorias: muchas personas pueden infectarse sin desarrollar síntomas. "La bacteria puede permanecer inactiva durante años dentro del organismo", explica Quirós.

Así, se estima que entre una cuarta parte y un tercio de la población mundial ha estado infectada en algún momento. Sin embargo, únicamente "entre un 5 y un 10 por ciento" de las personas infectadas desarrollarán enfermedad activa a lo largo de su vida. La mitad de esos casos aparecerán durante los primeros años tras la infección y el resto podrá manifestarse décadas después, especialmente cuando surgen problemas que debilitan el sistema inmunitario.

Factores que aumentan el riesgo


Los especialistas señalan que la susceptibilidad individual también desempeña un papel importante. Las personas inmunodeprimidas, los pacientes con VIH, quienes reciben tratamientos inmunosupresores, las personas con diabetes o los menores de cinco años presentan un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad tras la exposición.

Quirós añade otros factores relacionados con la vulnerabilidad social y sanitaria, como el alcoholismo crónico, el consumo de drogas por vía parenteral, el tabaquismo o la desnutrición. "De hecho, la desnutrición sigue siendo uno de los factores de riesgo más importantes para todas las enfermedades infecciosas, incluida la tuberculosis", destaca

Más allá de la tuberculosis, Ramos advierte como conclusión que cualquier entorno que combine hacinamiento, espacios cerrados, contacto físico estrecho y una elevada rotación de personas puede favorecer la propagación de enfermedades infecciosas
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