La
piedra artificial, un material que revolucionó el diseño de cocinas y baños en los años 90 por sus ventajas estéticas y de costes, está provocando un problema de salud pública de dimensiones internacionales. La
American Thoracic Society ha publicado
el primer informe oficial de consenso sobre
esta patología, alertando de que nos encontramos ante
una "epidemia mundial de silicosis por piedra artificial, pese a tratarse de una enfermedad prevenible".
En la
elaboración de este documento ha participado el español Alfredo Menéndez Navarro, catedrático de Historia de la Ciencia de la
Universidad de Granada (UGR). Menéndez, experto en la reemergencia de esta patología y coautor de un informe previo para el Ministerio de Sanidad, advierte en una entrevista con
Redacción Médica, que
el perfil de los afectados ha cambiado drásticamente en comparación con la silicosis minera tradicional, de evolución lenta. "Estamos hablando de un tipo de problema que afecta a personas muy jóvenes, que se desarrolla con muy poco tiempo y con una intensidad y gravedad muy superior", detalla el investigador, refiriéndose a
trabajadores de entre 30 y 35 años que sufren una evolución rápida y grave de la enfermedad, incluso tras abandonar la exposición al polvo. Además, el informe asocia el material a otros problemas graves como las enfermedades autoinmunes.
España, en el epicentro de la crisis
El papel de España en esta crisis es desgraciadamente protagonista.
Los primeros casos mundiales vinculados a la piedra artificial se identificaron en Almería en el año 2002. Debido al boom de la construcción y a la masiva sustitución de materiales naturales como el mármol o el granito, España se sitúa hoy entre los países con mayor carga documentada de la enfermedad en todo el mundo, junto a Australia, China, Israel y Estados Unidos.
A pesar de la gravedad de la situación, el catedrático denuncia la inacción de las instituciones. Los datos de la base de datos de partes de enfermedad profesional (Cepros) siguen en aumento, y "
este último año, 2025, las cifras han sido las más altas de la serie histórica". Según Menéndez Navarro, "se está haciendo muy poco y muy tarde", calificando de "sorprendente" que el Ministerio de Sanidad presentara un informe de emergencia en abril del año pasado y el Grupo de Trabajo de Sílice Cristalina no haya tomado medidas contundentes desde entonces.
¿Por qué es tan letal la piedra artificial?
Para comprender la magnitud de esta crisis sanitaria hay que analizar la composición del material que ha desplazado al mercado tradicional. A diferencia de las piedras naturales como el mármol (que apenas contiene entre un 3 por ciento y un 5 por ciento de sílice cristalina) o el granito (que oscila entre el 20 por ciento y el 30 por ciento),
los aglomerados de piedra artificial de cuarzo pueden llegar a alcanzar concentraciones de sílice de hasta el 90 por ciento.
La agresividad clínica que describe el catedrático Menéndez Navarro reside en la "
masiva concentración de sílice encapsulada en los pulmones", que desencadena una respuesta inflamatoria y fibrótica "extremadamente rápida". Mientras que la silicosis clásica del sector minero tardaba décadas en manifestarse, la exposición al polvo de piedra artificial está provocando formas aceleradas y agudas de la enfermedad. En cuestión de pocos años, destruye el tejido pulmonar sano de los operarios, compromete de forma severa su capacidad respiratoria y multiplica el riesgo de padecer cáncer de pulmón o
patologías del sistema inmune, dejando como última alternativa terapéutica el trasplante pulmonar en pacientes que apenas superan la treintena.
El fallo de la prevención y la vía de la prohibición
Uno de los puntos más críticos del informe científico es que
desmonta el argumento de los fabricantes, quienes culpaban exclusivamente a las malas condiciones de trabajo de los talleres o marmolerías. La investigación concluye que las medidas tradicionales (corte húmedo, aspiración o cortinas de agua) no son suficientes. "Las condiciones de trabajo no son un laboratorio". "No hay una garantía de un uso seguro", argumenta el experto.
Dado que la sílice cristalina es un cancerígeno tipo 1 y que la normativa de la Unión Europea exige la sustitución de estos elementos cuando el riesgo no se puede evitar,
el informe plantea abiertamente la eliminación del material. Países como Australia ya han prohibido su uso, y California ha comenzado a aplicar severas restricciones. Para España, Menéndez Navarro insiste en la urgencia de reactivar programas específicos de detección y afloramiento de casos para que dejen de guardarse "debajo de la alfombra", así como de "abrir el debate de la necesidad de evitar un producto que es sustituible".
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