Los últimos resultados electorales en
Aragón y
Extremadura, la intención de voto en
Castilla y León y en
Andalucía, y las encuestas demoscópicas estatales reflejan un hecho: el
electorado en España se está decantando mayoritariamente por las propuestas de la derecha, representadas en diferentes graduaciones por
PP y
Vox, mientras que el
PSOE y los múltiples partidos a su izquierda no logran frenar en la mayoría de casos el éxodo de votantes.
La izquierda ha pasado por varios escenarios en los últimos años: negación de que la derecha les estuviera ganando el relato; agrupamiento en torno a
Yolanda Díaz y la coalición
Sumar; cierta autocomplacencia por entrar a formar prate del Gobierno en 2023 con apoyos poco afines como los de
PNV y
Junts; y ahora por fin ansiedad ante el panorama electoral que se presenta de aquí a unas Generales que se antojan para el segundo semestre de 2027, porque el presidente
Pedro Sánchez parece dispuesto a agotar la legislatura.
El panorama cierto es que en España la intención de voto sigue virando hacia posiciones llamadas conservadoras, y la evidente
fragmentación de la izquierda en múltiples propuestas contrasta con el bloque sólido que proponen PP y Vox al otro lado del arco ideológico. Conviven y compiten en ese espacio Sumar como marca general, con
Izquierda Unida,
Más Madrid,
Comunes,
Podemos,
EH Bildu,
Compromís,
Esquerda Republicana de Catalunya (ERC),
Bloque Nacionalista Galego (BNG),
Chunta Aragonesista (CHA)... y un considerable etcétera de siglas autonómicas más.
Ante esta realidad, en la izquierda llevan un tiempo rumiando si es posible reeditar un 'Sumar 2' (un '
Unidas Podemos 2' o un
'Izquierda Unida 3'); es decir, una coalición que aguante para presentarse juntos a las urnas y pare la sangría de representación parlamentaria que están viviendo.
La vicepresidenta
Yolanda Díaz y sus fieles de Sumar preparaban un nuevo pistoletazo de salida, pero el mediático
Gabriel Rufián, que posiblemente vive sus últimos meses en
Madrid representando a ERC, se ha adelantado haciendo un llamamiento a la unión que algunos han interpretado incluso como un SOS de propia
supervivencia política de Rufián, dispuesto a saltar a otro barco si fuera necesario. El aún líder independentista ha logrado poner de su lado en este primer debate público a otro con tirón dialéctico, como es
Emilio Delgado (Más Madrid), y está previsto que ambos debatan en un acto público el día 18. La respuesta de su partido, de Sumar, de la IU de
Antonio Maillo y los Comunes ha sido 'contraprogramar' con otro evento el 21 en el que posiblemente estarán figuras como la exalcaldesa de Barcelona
Ada Colau. Podemos se mantiene crítico con todos, y también
Compromís. Es decir, el comienzo refleja lo laborioso que está el acuerdo.
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"García tiene muchos ingredientes para ser esa protagonista de la izquierda, algunos muy ligados a su marca sanitaria propia y al equipo que ha formado en el Ministerio de Sanidad"
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Aunque hay voces que invitan a reflexionar acerca de quién ha contraprogramado a quién, el caso es que el debate se ha abierto ya en la opinión pública. El liderazgo de Yolanda Díaz parece erosionado para el electorado de izquierda, a pesar de que ha arañado avaces laborales significativos a la
patronal CEOE y a los sindicatos. Estos años a la sombra de Sánchez han hecho mella; ya se sabe el
influjo que los socialistas han tenido siempre respecto a las formaciones a su izquierda, como padecieron en su día
Julio Anguita,
Gaspar Llamazares y el propio
Pablo Iglesias Turrión. La discusión pues en torno a un hipotético nuevo o nueva líder está en las agrupaciones políticas y en la calle.
Y en esa quiniela está la
ministra de Sanidad, Mónica García. Ella no se ha postulado, desde luego, porque para muchos es sabido que quien quiera ganar una carrera de fondo como esta no debe ser favorito en el arranque. "Primero hay que construir la casa y luego poner el tejado", ha dicho en
Televisión Española al respecto este mismo jueves.
García tiene muchos ingredientes para ser esa
protagonista de la izquierda, algunos muy ligados a su marca sanitaria propia y al equipo que ha formado en el
Ministerio de Sanidad. También parte con inconvenientes lógicos de quien lleva tiempo en política y gestión.
Es una figura reconocida por el electorado, y eso es un punto inicial importante, porque no hay que 'presentarla' en sociedad. En la
Comunidad de Madrid marcó el hito de situar a
Más Madrid por encima del PSM de
Juan Lobato como oposición al PP de
Isabel Díaz Ayuso, a quien se puede considerar su némesis política y personal. Sus enfrentamientos han ido más allá de la
Asamblea de Madrid, y como ministra confronta con la presidenta regional en asuntos como la
privatización de servicios sanitarios públicos, en el estatuto propio de los médicos, en la formación de más médicos especialistas para evitar el déficit en determinadas especialidades, o en el registro de médicos objetores al aborto. Carga política, social y electoral por todos los lados en el choque de estas dos personalidades.
Conoce además bien otro de los actores decisivos en una posible alianza, como lo es el Podemos de
Irene Montero. La propia García comenzó su andadura política en la formación morada cuando trascendió a sus roles de
médica anestesista y sindicalista en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. Así fue elegida diputada autonómica tras aquel 15-M y las
mareas sanitarias, aunque luego tomara otra vía más posibilista de la mano del hoy cancelado
Iñigo Errejón y Más Madrid - Más País.
Precisamente el 'fantasma' político de Errejón como mentor le puede pesar, porque sabemos que cuando estás muy cerca de los focos mediáticos principales hay quien siempre rebusca en las miserias. También las
huelgas médicas que se están derivando de la negociación del
Estatuto Marco cuentan negativamente, aunque este sector facultativo no suele ser caladero de votos de la izquierda tradicionalmente. El mensaje progresista en sanidad lo suelen adoptar mejor perfiles como el de
enfermería.
Un 'think tank' dentro del Ministerio de Sanidad
Sin duda, la tribuna del
Ministerio de Sanidad está siendo y será un gran 'púlpito' para
Mónica García como líder política. Temas como el aborto, cómo afectan los determinantes sociales en la salud, la
privatización de la sanidad pública, la
salud mental, o incluso la influencia en el sistema sanitario de la
regularización de la inmigración pasan por sus manos y ella sabe manejarlos bien de cara a la corriente de pensamiento a la que representa. Son asuntos que 'venden' bien a su electorado además, por lo que pocos balcones políticos hay mejores para arengar a los potenciales votantes progresistas con temas que les interesan y movilizan.
Además, por su formación y por su preparación,
es una mujer que sabe transmitir, segura en su mensaje, algo fundamental cuando alguien quiere aspirar a un puesto de responsabilidad como el de ministra o el de líder de una coalición de tal dimensión y complejidad interna.
Desde su rol de ministra además, como hemos dicho, tiene muy a mano confrontar con los líderes de la derecha. Lo hace desde hace años con Díaz Ayuso, pero también con el resto de
Comunidades Autónomas a quien tiene la potestad de sentar cada poco en el
Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS). Un ejemplo reciente fue el registro de médicos objetores, un cumplimiento por ley que requirió no solo a Madrid, también a comunidades socialistas como
Asturias. Ahora con el esbozo legislativo para que no haya gestión privada en la pública señala también a otras como
Comunidad Valenciana. No parece que la deteriorada relación con los 11 consejeros de Sanidad del PP y el del PSOE de
Castilla-La Mancha le pase factura, ella apunta más alto.
Además, en el
Ministerio de Sanidad y su entorno cuenta también con un equipo con una fuerte carga política progresista, que pueden conformar un gran 'think tank' de apoyo a García en su camino a este nuevo liderazgo.
Los dos hombres de confianza, su jefe de Gabinete
José Manuel López Rodrigo, y el secretario de Estado
Javier Padilla proceden igualmente de los comienzos de Podemos y se manejan muy bien en los temas sociales, dándoles Padilla además un tinte técnico propio de su formación médica.
El director general
Pedro Gullón es especialista en esa influencia de los determinantes sociales en la salud, un tema que parece de fondo así descrito, pero que es de relevancia en la salud pública, en el día a día de los ciudadanos.
En su círculo también está la enfermera (y ahora diputada)
Alda Recas, líder en su momento en las mareas, o el reciente nombrado responsable de Ordenación Profesional,
Miguel Ángel Máñez, un perfil técnico, pero con llegada a un público objetivo en redes sociales, donde su presencia fue una de las pioneras en el sector de la salud como tal.
El asesor ministerial y activista contra el cambio climático
Héctor Tejero, las psiquiatras
Marta Carmona (diputada autonómica de Más Madrid) y
Belén González (comisionada ministerial para Salud Mental), así como la politóloga
Paola Cannata (experta en Comunicación y jefa de Gabinete de Padilla) son nombres muy válidos como grupo de expertos para acompañar a García hacia ese liderazgo global de la izquierda española.
Los mimbres están en torno a García, pero primero se tienen que dar las condiciones para crear ese
espacio común; y luego - o casi al tiempo- poner la guinda del liderazgo. La ministra de Sanidad tiene el perfil, los temas y el equipo para ser esa
nueva líder.
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