El Ministerio de Sanidad ha publicado el informe sobre la utilización de fármacos crónicos en personas polimedicadas de 65 y más años, basado en datos de la
Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (Bdcap) correspondientes a 2023. El análisis pone de relieve la elevada
prevalencia de polimedicación en edades avanzadas y su estrecha relación con la
presencia de múltiples patologías crónicas.
En este contexto, se considera persona polimedicada a aquella que mantiene tratamiento crónico
con cinco o más principios activos distintos durante un mismo año, entendiendo por medicamento crónico aquel cuya dispensación anual equivale al menos a
180 dosis diarias definidas (DDD), lo que representa una administración sostenida
durante seis meses o más.
Desglose por edad y sexo
El 29,7 por ciento de las personas mayores de 65 años en España presenta polimedicación. Este porcentaje aumenta con la edad: del 20,5 por ciento en el grupo de 65 a 74 años; al 36,8 por ciento entre los 75 y 84 años; y al 44,7 por ciento entre los 85 y 94 años. En el grupo de 95 años o más, la prevalencia desciende al 30,8 por ciento.
Por sexos,
las mujeres presentan una mayor prevalencia de polimedicación (30,9 por ciento) frente a los hombres (28,3 por ciento), una diferencia especialmente
acusada en los tramos de edad más avanzada.
Entre los fármacos de uso más frecuente destacan los antiulcerosos (más del 70% en todos los grupos), los antihipertensivos tipo IECA/ARA-II (entre el 55 y el 70 por ciento según edad) y los modificadores de lípidos (estatinas), aunque su uso disminuye significativamente a partir de los 95 años.
Enfermedades crónicas en personas polimedicadas
También se observa una relación directa entre edad y consumo de ciertos medicamentos: los fármacos antidemencia se utilizan hasta 4,5 veces más en los mayores de 95 años que en el grupo de 65 a 74. Lo mismo ocurre con los diuréticos, antianémicos y anticoagulantes. Por el contrario, el uso de Medicamentos Antiinflamatorios No Esteroides (Aines), insulinas y estatinas disminuye marcadamente con la edad.
Por último, el informe constata
importantes diferencias según el sexo: las mujeres consumen más medicamentos para salud ósea, tiroides, salud mental y dolor crónico; mientras que los hombres
predominan en el uso de fármacos urológicos,
cardiovasculares y antidiabéticos.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de avanzar en estrategias de uso racional del medicamento en personas mayores, integrando el enfoque de género y edad. La identificación de patrones de prescripción no justificados por la morbilidad real permite planificar intervenciones más eficaces, centradas en la seguridad del paciente, la prevención de interacciones y la mejora de la calidad de vida en las etapas más avanzadas.
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