Hay
pruebas, tratamientos y procedimientos médicos que
no siempre aportan beneficio al paciente. Algunos, incluso, pueden causar daño. Bajo esta premisa, la campaña
Choosing Wisely (impulsada por la Fundación ABIM y difundida en español como 'Cómo elegir sabiamente') plantea
una herramienta sencilla para que los pacientes participen de forma activa en la consulta: hacer cinco preguntas antes de aceptar cualquier prueba, tratamiento o procedimiento.
El objetivo
no es cuestionar la labor del médico, sino ayudar a decidir qué atención sanitaria es realmente necesaria y cuál puede evitarse. La propia infografía resume esta idea con una fórmula clara:
hablar con el profesional sobre qué pruebas, tratamientos y procedimientos se necesitan y cuáles no, para recibir una atención “ni demasiada, ni muy poca”.
Las 5 preguntas para hacer a tu médico
La primera pregunta es directa:
“¿Necesito realmente esta prueba o procedimiento?”. Según explica la campaña, las pruebas médicas sirven para que el paciente y el profesional sanitario decidan cómo abordar un problema, mientras que los procedimientos ayudan a tratarlo. La clave está en saber si esa actuación concreta es imprescindible en ese momento.
La segunda cuestión pone el foco en la seguridad:
“¿Cuáles son los riesgos?”. La Fundación ABIM anima a preguntar por posibles efectos secundarios, por la probabilidad de que los resultados no sean precisos y por si esa decisión puede llevar a más pruebas o a otro procedimiento. Es decir, si una intervención aparentemente sencilla puede abrir la puerta a una cadena de nuevas actuaciones clínicas.
La tercera pregunta busca alternativas:
“¿Existen opciones más sencillas y seguras?”. La campaña recuerda que, en ocasiones, no siempre es necesaria una prueba o un tratamiento más complejo, y que pueden bastar cambios en el estilo de vida, como comer de forma más saludable o hacer más ejercicio.
La cuarta cuestión introduce una opción que muchas veces no se plantea en consulta:
“¿Qué pasa si no hago nada?”. La recomendación es preguntar si el problema puede empeorar o mejorar en caso de no realizar la prueba o el procedimiento de inmediato. Con ello, se abre la puerta a valorar la espera vigilada o la evolución clínica antes de intervenir.
La quinta pregunta aborda el impacto económico:
“¿Cuánto cuesta?”. La infografía recomienda preguntar si existen pruebas, tratamientos o procedimientos menos costosos, qué podría cubrir el seguro y si hay medicamentos genéricos en lugar de fármacos de marca.
En definitiva, cinco preguntas para ganar tiempo clínico, reducir
intervenciones de bajo valor y orientar la consulta hacia lo que realmente necesita el paciente y, en cierto modo, el sistema sanitario.
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