Oftalmología, la 'reina' de la cirugía ambulatoria que bordea el colapso

Patologías como las cataratas o el glaucoma, unidas a la burocracia, suponen un muro para la especialidad

Francisco José Muñoz Negrete, presidente de la Comisión Nacional de Oftalmología.


23 jun 2026. 05.00H
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La Oftalmología es una de las especialidades más eficientes del sistema sanitario. Gran parte de sus intervenciones se realizan de forma ambulatoria, sin necesidad de ingreso hospitalario, lo que permite operar a un elevado número de pacientes cada año y mantener una importante capacidad de resolución. Sin embargo, esta fortaleza no ha evitado que continúe acumulando listas de espera significativas ni que soporte una creciente presión asistencial.

Para Francisco Muñoz, presidente de la Comisión Nacional de la especialidad, la explicación está en que la actividad quirúrgica representa solo una parte de un proceso mucho más complejo. Aunque la cirugía ambulatoria "es una fortaleza del sistema, ya que permite una alta rotación de pacientes y una gran eficiencia quirúrgica", el funcionamiento de la especialidad genera una fuerte dependencia entre todos los niveles de atención. ¿El motivo? Consultas, pruebas diagnósticas, intervenciones y revisiones están estrechamente interrelacionadas.

Una especialidad que opera más que ninguna


La Oftalmología representa aproximadamente el 10 por ciento de las consultas hospitalarias y hasta el 25 por ciento de la actividad quirúrgica en muchos centros, lo que da idea de su peso dentro del sistema. A ello se suma el crecimiento exponencial de procedimientos como las inyecciones intravítreas, que pueden alcanzar cifras cercanas a las 20.000 anuales en hospitales de gran tamaño.

Así, Las patologías más directamente vinculadas a la edad -cataratas, degeneración macular asociada a la edad (DMAE) y glaucoma- son las que están experimentando un mayor incremento. A ellas se suma la retinopatía diabética, impulsada tanto por el envejecimiento como por el aumento de la diabetes en la población. “No solo crecen en número de casos, sino también en complejidad clínica, lo que implica un mayor consumo de recursos y un seguimiento más prolongado”, explica Muñoz.

Aunque este modelo ha permitido incrementar notablemente la actividad quirúrgica durante las últimas décadas y absorber una demanda cada vez mayor. Sin embargo, según Muñoz, analizar únicamente el número de operaciones puede ofrecer una imagen incompleta de la realidad asistencial. Este cambio ha alterado de forma significativa la estructura de la demanda asistencial. En opinión del especialista, la presión sobre el sistema no es coyuntural, sino estructural: "La demanda en Oftalmología está creciendo claramente por encima de la capacidad del sistema sanitario. Es un crecimiento sostenido y progresivamente acelerado por el envejecimiento y la mayor esperanza de vida".

El efecto dominó de la actividad quirúrgica


Una de las ideas centrales defendidas por el especialista es que no existe un único cuello de botella dentro de la especialidad. En lugar de ello, describe un sistema de “vasos comunicantes” donde cualquier incremento de actividad genera nuevas necesidades en otras áreas.

Cuando aumentan las consultas externas, crece el número de pacientes candidatos a cirugía. Cuando aumenta la actividad quirúrgica, también lo hace el volumen de controles postoperatorios. Además, muchos pacientes requieren pruebas diagnósticas adicionales y revisiones periódicas para garantizar una correcta evolución.

Por ello, incrementar exclusivamente los recursos destinados a quirófano no siempre se traduce en una reducción proporcional de las listas de espera. “No existe un único cuello de botella claramente identificable”, señala Muñoz, que asegura que "el problema afecta al conjunto del circuito asistencial".

Esta interdependencia obliga a planificar la actividad de manera global. De lo contrario, una mejora puntual en una fase del proceso puede acabar trasladando la presión a otra.

¿Por qué hay listas de espera si se opera tanto?


La pregunta aparece de forma recurrente en los servicios sanitarios. Si la Oftalmología es una de las especialidades más resolutivas y con mayor capacidad quirúrgica, ¿por qué continúan existiendo listas de espera que en algunos casos rondan los cien días? Muñoz considera que el problema no se debe a una falta de productividad. Al contrario, destaca que la actividad quirúrgica se mantiene en niveles muy elevados tanto en hospitales públicos como en centros privados.

“En la mayoría de hospitales públicos la actividad quirúrgica oftalmológica se desarrolla a un ritmo muy alto, con sesiones de mañana y tarde y un elevado número de intervenciones diarias”, explica. La dificultad radica en que la demanda crece constantemente y cada paciente genera múltiples contactos con el sistema sanitario.

Una intervención quirúrgica implica una valoración inicial, pruebas diagnósticas, la propia operación y varios controles posteriores. A ello se añaden los pacientes que requieren tratamientos continuados o revisiones periódicas. “Cada paciente no genera un único acto asistencial, sino múltiples consultas, pruebas y seguimientos”, subraya.

A este fenómeno se suma un factor organizativo: la disponibilidad de especialistas. “En términos absolutos no hay un número bajo de oftalmólogos. El problema es organizativo”, afirma. Y es que aunque el número de residentes ha aumentado ligeramente en los últimos años, Muñoz advierte de que este incremento no es suficiente para compensar ni la expansión de la demanda ni la salida de profesionales hacia el extranjero en busca de mejores condiciones laborales. El resultado es una presión asistencial creciente sin un refuerzo proporcional de recursos humanos.


Más recursos no siempre significan menos presión


La posibilidad de incrementar recursos humanos o quirúrgicos suele plantearse como una solución directa a las listas de espera. Sin embargo, Muñoz considera que el efecto sería más complejo. Por una parte, permitiría absorber una parte importante de la demanda acumulada. Por otra, facilitaría el acceso al sistema y la detección de nuevos casos que actualmente podrían estar pendientes de valoración.

“Al mejorar el acceso, se identificarían más pacientes y aumentaría la indicación de tratamientos”, explica. Lejos de considerarlo un problema, entiende que se trata de una consecuencia positiva derivada de una mejor capacidad diagnóstica y terapéutica.

La clave: reorganizar el circuito asistencial


Para el especialista, el futuro de la Oftalmología pasa por mejorar la eficiencia de todo el proceso asistencial y no únicamente por aumentar la actividad quirúrgica. Entre las medidas prioritarias destaca una mejor coordinación con Atención Primaria, el desarrollo de plataformas de telemedicina y el refuerzo de perfiles de apoyo como Enfermería y optometría.

También considera que numerosas pruebas diagnósticas pueden automatizarse o protocolizarse, permitiendo que el oftalmólogo concentre su tiempo en las tareas de mayor valor clínico. Finalmente, insiste en la necesidad de reducir la carga administrativa que soportan los especialistas. A su juicio, liberar tiempo clínico puede tener un impacto tan relevante como la incorporación de nuevos recursos.
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