La
sostenibilidad se ha convertido en
uno de los objetivos clave de la Anestesiología en los últimos años. “El anestesiólogo es un profesional que está comprometido con el medio ambiente, porque realiza procesos que tienen importancia ya no solo en el hospital, si no también en reducir la huella de carbono”, afirma
Marina Varela, secretaria general de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (
Sedar) y jefa de Servicio de Anestesiología del Complejo Hospitalario Universitario de Pontevedra. En el marco del
XXXVIII Congreso de la Sociedad, Varela ha puesto el foco en el cambio climático:
“Es una gran amenaza y es la crisis de salud más importante del siglo XXI. Nuestro objetivo como anestesiólogos y como sociedad científica debe ser frenarlo en la medida que cada uno pueda, frenar las emisiones de CO2 y con ello revertir la tendencia actual”, ha expresado.
Desde Sedar inciden en que
están concienciados en implementar medidas que puedan contribuir a la sostenibilidad medioambiental, pero también a reducir la huella de carbono generada en el bloque quirúrgico y las unidades de cuidados críticos. La secretaria general apunta a que la
sociedad científica ha colaborado junto a la Organización Médica Colegial en el Plan Nacional de Sostenibilidad en Salud. “Tenemos que colaborar con la industria farmacéutica para poder desarrollarnos y debemos tener alianzas con otras sociedades científicas porque no solo la anestesia es importante en sostenibilidad,
hay otras sociedades que pueden colaborar con nosotros para conseguir esos objetivos”, expone Varela.
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Marina Varela, jefa de Servicio de Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor del Área Sanitaria Pontevedra Salnés.
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Prevenir antes que prohibir
Siempre hay una posibilidad de revertir los efectos más contaminantes de la anestesia inhalada antes de prohibir un tipo concreto de esta.
Manuel de la Matta, anestesiólogo en el Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, es un fiel defensor de esta idea, algo que ha trabajado conjuntamente en el grupo de sostenibilidad de la Sedar. “Las medidas puntuales, simbólicas, alrededor del cambio climático en relación con fármacos, en concreto de anestesia, no tienen éxito o son inútiles cuando en realidad no se transforma el sistema.
Actuar sobre los símbolos probablemente es irrelevante”, expone el especialista.
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Manuel de la Matta Martín, anestesiólogo en el Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla.
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Se apoya en un editorial
Journal of Anaesthesia para introducir los elementos claves de este ámbito: reconsiderar las restricciones, educar al anestesiólogo en uso bajo flujo y en el trabajo con circuitos circulares e
incorporar de forma progresiva el sistema de captura de gas si es que estos demuestran que actúan con eficacia. De la Matta afirma que él añadiría dos elementos más: “Si estamos hablando de controlar nuestras emisiones lo primero que tendríamos que hacer es medirlas y saber si las medidas que estamos tomando son eficaces”. En segundo lugar, dice estar en consonancia con otros profesionales en que lo importante no es ahorrar en sí, porque posiblemente es más costoso y difícil para el sistema:
“Nos están transfiriendo a los anestesiólogos la responsabilidad cuando esta es de las administraciones, de los sistemas, de los proveedores de servicios sanitarios, no de nosotros”, apunta.
Para el especialista lo que hay que hacer está claro:
“Debemos hacer lo que hemos hecho siempre: trabajar por la eficacia, la efectividad y la seguridad. Con esto, basándonos en la
Medicina de la evidencia, es como seguramente y de forma absoluta lograremos reducir la emisión”.
El proyecto ‘Emisiones Cero’
En el contexto actual, se empiezan a ver iniciativas de profesionales de la Anestesiología, comprometidos con la lucha contra el
cambio climático. Es el caso del
proyecto Emisiones Cero del Hospital de Cruces de Barakaldo, lanzado en el 2020, basado en la captura y el reciclado de los gases anestésicos.
“Creíamos que podíamos hacer una anestesia más sostenible manteniendo la seguridad en nuestra práctica clínica. Para ello, queríamos conocer nuestro impacto de los gases anestésicos en las emisiones de CO2 del hospital y establecer medidas para minimizarlos”, explica
María Jesús Maroño, una de las integrantes del equipo en el que también trabajaba el actual consejero de Sanidad vasco, Alberto Martínez.
Lo primero que hicieron fue medir qué niveles de CO2 producían los gases anestésicos y plantearse cómo minimizarlos.
“Miramos en el mercado qué sistemas de captura de gases existen, cuáles cumplían con las normativas que había a nivel nacional y cuáles se adaptaban más a nuestros sistemas”, especifica Maroño.
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María Jesús Maroño Boedo, anestesióloga en el Hospital Universitario de Cruces, Barakaldo.
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En el 2020, de las más de 11.000 toneladas de CO2 que producía el hospital al año,
más de un 35 por ciento pertenecía al uso de gases anestésicos. Por eso establecieron el uso de uno de esos sistemas de captura con la colaboración de los ingenieros del centro sanitario, ya que hubo que adaptar los respiradores. “¿Qué resultados tuvimos? Pues habíamos conseguido disminuir las emisiones de CO2 de los gases anestésicos
de un 35 por ciento a un 5 por ciento”, destaca la anestesióloga.
Actualmente están extendiendo este sistema a áreas de fuera de
quirófano en las que se usa anestesia inhalatoria con frecuencia. “Estamos orgullosos porque fuimos de los primeros hospitales que instaló este programa de captura de gases. No hay futuro sin sostenibilidad y
para proteger la salud del planeta hay que proteger la salud de nuestros pacientes”, valora.
Sostenibilidad y anestesia pediátrica
De las distintas vertientes que tiene la anestesiología,
la pediátrica también tiene su sitio cuando se habla de sostenibilidad.
“Hay que mantener esa anestesia sostenible, pero siempre segura para el paciente. En nuestro hospital le hemos llamado a esta responsabilidad, a esta sensibilidad como algo suave y evocador:
Kiss Anaesthesia”, comenta
Francisco Reinoso, coordinador de la Unidad de Dolor Infantil del Servicio de Anestesiología-Reanimación Pediátrica del Hospital Universitario La Paz de Madrid.
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Francisco Reinoso Barbero, coordinador de la Unidad de Dolor Infantil del Servicio de Anestesiología-Reanimación Pediátrica del Hospital Universitario La Paz de Madrid.
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Este programa consiste en reducir, por ejemplo, las consultas presenciales si no son imprescindibles. “Simplemente con esto, además de evitar analíticas innecesarias evitando que los pacientes fuesen al hospital a extraerse la analítica, calculamos que al año evitábamos el equivalente a 60 toneladas de CO2”, recalca Reinoso sobre el proyecto que ha recibido el premio de la Fundación Avedis Donabedian, entre otros.
Una de las medidas ha sido eliminar el protóxido centralizado, cambiándolo por bombonas para casos esporádicos en los que se sigue utilizando: “Hemos evitado con eso el equivalente a 1.396 toneladas de CO2 al año”, señala. Además, han implantado en el hospital infantil, máquinas de anestesia que les permite hacer bajos flujos.
Para el especialista, hay una reflexión importante:
“Si tú no usas algo habitualmente no vas a saber cómo lo tienes que utilizar el día que realmente lo necesites. Luego creemos que es fundamental que en el armamentario terapéutico, por supuesto, no perdamos un gas que tiene sus ventajas y que además haya cursos de formación mantenido que nos permitan seguir utilizándolo”, opina.
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Un instante durante el Foro de debate: Presentación documento de Consenso Desflurane.
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