Nerea estudió Medicina convencida de que no había otra carrera para ella que uniera de la misma forma el trato humano con el conocimiento científico. Su idea inicial era convertirse en cirujana, pero terminó la carrera enamorada de las
especialidades médicas, especialmente de Geriatría y Aparato Digestivo. Sin embargo, tras graduarse y ejercer brevemente en España, decidió hacer las maletas con un objetivo claro: ahorrar para poder
preparar el MIR. Sin embargo, lo que iba a ser una estancia de cinco meses se ha convertido en una etapa vital que ya supera el año y medio. "Merece la pena", asegura a
Redacción Médica.
"Me gradué un miércoles, y el lunes siguiente ya estaba colegiada y trabajando en una oficina haciendo tanto chequeos anuales y rutinarios, como valorando bajas laborales prolongadas e incapacidades", recuerda. Asegura que rebosaba ilusión al ponerse la bata y que fue una etapa en la que aprendió mucho gracias a sus compañeros, ya que siempre estaba bajo la tutela de un
especialista en Medicina Preventiva. Sin embargo, a pesar de haber compaginado sus estudios con diferentes trabajos y becas, al graduarse no tenía dinero suficiente para afrontar la
preparación del examen MIR. "Calculé que necesitaba
la friolera de unos 8.000 euros para poder pagarme la academia y sobre todo, el
alquiler, la comida y los gastos que traerían tantos meses dedicados al estudio", relata.
Así, decidió retrasar un año la prueba y probar suerte en Australia, ya que era un país que siempre le había llamado la atención. Su intención era regresar en junio para comenzar la
preparación intensiva. Pero no volvió. Y es que la
realidad laboral que ha encontrado en este país es muy diferente. Nerea no ha rechazado prácticamente ningún empleo. Ha sido peón de obra, repartidora de comida a domicilio en bicicleta, operaria de fábrica, camarera, barista, trabajadora en barra y organizadora de reservas. También se ha adentrado en un sector desconocido para ella: el campo.
"Trabajé en la temporada del grano, aislada cuatro semanas en el desierto australiano,
recibiendo cientos de camiones repletos de cebada. Mi última temporada fue la de los
arándanos, como recolectora, y ahora busco entrar en las famosísimas minas australianas como limpiadora", explica.
Ganar más por un trabajo no cualificado que como médica
"En España como médica general haciendo reconocimientos laborales ganaba 2.100 euros netos. En Australia el sueldo más común que he tenido ronda los 1.000 dólares semanales, unos 2.400 euros mensuales al cambio", detalla. Nerea subraya que se trata de
trabajos no cualificados y remunerados generalmente con un salario cercano al mínimo.
Aun así, matiza que la diferencia no está solo en el dinero, sino también en la forma de entender el
contrato laboral. "La mayor diferencia que he encontrado ha sido más que por los salarios, por un tipo de
contrato laboral desconocido para nosotros denominado 'casual':
sin compromiso ni por parte del empleador ni del empleado", señala.
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"Mi carrera como médico siempre me esperará en España, las experiencias que estoy viviendo en Australia son ahora o nunca"
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Preguntada por si merece la pena aceptar este tipo de trabajos frente a las
condiciones de una médica en España, Nerea evita generalizar. "Esta pregunta no tiene una respuesta universal. Solo puedo responder por mí misma y
para mí, sí, merece la pena", afirma.
La médica explica que su contexto personal influye en esa decisión. Tiene 28 años y la visa con la que está en Australia tiene una edad máxima para aplicar: 30 años. Además, no tiene hipoteca, hijos, cargas económicas ni responsabilidades. "
Mi carrera como médico siempre me esperará en España, las experiencias que estoy viviendo en Australia son ahora o nunca", sostiene.
"Mi etapa australiana no es de desarrollo profesional"
Aunque se ha informado sobre la posibilidad de
ejercer como médica en Australia, Nerea no contempla por ahora iniciar ese camino. Los requisitos, los trámites y las tasas necesarias para
homologar su título le hicieron descartar esa opción en su caso personal. "Rápidamente vi que no merecía la pena empezar el proceso", explica. Por eso, no define su estancia en Australia como una etapa profesional, sino vital. "No visualizo mi etapa australiana como una de
desarrollo profesional, sino como una de
crecimiento personal.
Estoy disfrutando mucho ser nómada, conocer distintas profesiones y tener que reinventarme continuamente", asegura.
También ha conocido de cerca algunas diferencias entre el
sistema sanitario australiano y el español. Y, pese a las críticas que puedan hacerse al sistema público en España, Nerea reivindica su valor. "Bien conocido es por todos la gran, aunque maltratada, joya que es nuestro
Sistema Público de Salud", afirma. De hecho, ya ha podido comprobar el
coste de algunas prestaciones sanitarias. "De primera mano he pagado
90 dólares por una consulta de 10 minutos con un médico general por una ITU, 250 dólares por una analítica de sangre y otros 50 por la correspondiente fosfomicina. No quiero ni imaginar el coste que tendría un ingreso en UCI, una cirugía compleja o un tratamiento oncológico", relata.
A pesar de todo, Nerea tiene claro que la Medicina sigue formando parte de su futuro, aunque todavía no sabe cuándo ni cómo. "Ojalá pudiera responderte, porque significaría que lo sé. Tengo claro que el
ejercicio de la medicina está en mi futuro. No sé cuándo, de qué manera, o en qué lugar se llevará a cabo", reconoce. Su objetivo, por ahora, es seguir tomando decisiones en función de lo que siente en cada momento. "Solo sé que voy a hacer lo que realmente me nazca, y que mi objetivo principal es desarrollarme y ser feliz, ya sea como
adjunta de Digestivo en un gran y prestigioso hospital, como
médica rural en pequeños pueblos españoles, como investigadora en Suiza, o como camarera en Australia", concluye.
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