La irrupción de las
nuevas tecnologías no solo dibuja un horizonte prometedor en el
ámbito terapéutico, con nuevas opciones de tratamiento, sino que también se postula como instrumento a la hora de actualizar - y optimizar- los procesos clínicos de muchas áreas de la Medicina. Es el caso de la
Urología, donde procedimientos como el
tacto rectal se están viendo paulatinamente desplazados, en según qué escenarios, con el aterrizaje de
nuevas técnicas de imagen avanzada.
No obstante, el 'adiós' a este tipo de exploración no será ni definitvo ni generalizado, en opinión del urólogo Juan Gómez Rivas, cuya postura es una de las muchas que ha generado el posible descarte de esta técnica para la especialidad, sin un posicionamiento conjunto al respecto. El director de actividades científicas de la Asociación Española de Urología (AEU) considera que, pese al
papel "limitado" que juega el tacto rectal en el cribado inicial -"especialmente frente a herramientas como el
Antígeno Prostático Específico (PSA) - seguirá "siendo necesario como herramienta complementaria" de otras pruebas diagnósticas en pacientes con
sospecha clínica de cáncer de próstata.
De hecho, sigue formando parte de la
valoración clínica y, a día de hoy, no puede ser sustituido por la
resonancia magnética multiparamétrica (RMmp), explica el experto, que espera, sin embargo, que en un futuro se reduzca la inequidad existante entre comunidades autónomas ante una "mayor disponibilidad" de acceso a esta prueba, una "optimización de los
algoritmos diagnósticos y una reducción del
número de biopsias innecesarias".
Clasificación del cáncer de próstata
Lo que también mantendrá este método exploratorio será su
papel en el estadiaje local clínico sobre el que se basan los sistemas de clasificación del cáncer de próstata actualmente vigentes y por tanto, la
toma de decisiones.
Sea como sea, aclara, el tacto rectal "no va a desaparecer de forma brusca, sino que irá evolucionando progresivamente". Ya no solo por lo que supondría estandarizar un cambio en la práctica clínica de este tipo, sino también, porque a nivel logístico y presupuestario "no es viable
sustituir una técnica de coste prácticamente nulo por tecnologías de alto coste de forma generalizada", en nuestro sistema.
La sostenibilidad de estas herramientas, dependerá, advierte de medidas que permitan "disminuir los costes asociados a estas técnicas", así como "un uso racional e inteligente de los recursos, orientado a reducir el número de biopsias y de diagnósticos innecesarios" como "una estrategia de cribado inteligente que combine
resonancia magnética,
calculadoras de riesgo y criterios clínicos bien definidos".
Redefinición de su papel
Probablemente, aventura, "en los próximos
años dejará de ser considerado el gold standard de la exploración básica urológica, especialmente en el contexto del
cribado inicial, donde su rendimiento es limitado".
Por tanto, más que hablar de sustitución, "debemos entender este cambio como una
redefinición de su papel, dentro de un
modelo diagnóstico más moderno, personalizado y apoyado en la tecnología, pero sin perder la base clínica ni el
contacto directo con el paciente". De momento, ya hay estudios en marcha dentro de Reino Unido en los que se está evaluando el valor de este tipo de resonancias como "herramienta de cribado de forma independiente al PSA, al tacto rectal u otras pruebas".
Exploración física, clave
La
formación de los profesionales, por tanto, "debe adaptarse para reforzar el manejo de imagen avanzada, biomarcadores y herramientas digitales, pero sin relegar la exploración física, que sigue siendo clave para el
estadiaje clínico".
"Veremos qué nos depara el futuro", sostiene Gómez Rivas, sin esperar un cambio de paradigma a corto plazo dentro de su especialidad. Y es que, a pesar de aportar mayor resolución y optimizar la
biopsia dirigida, las nuevas tecnologías de imagen, como los micro-ultrasonidos "deben entenderse como un complemento a las herramientas" que ya se utilizan puesto que todavía no tienen el potencial como para sustituir a la resonancia magnética multiparamétrica, "y menos aún en el contexto de un programa de cribado".
Lo mismo ocurre con los
biocarmadores desde el prisma económico, puesto que, a pesar de mejorar la estratificación del riesgo y reducir biopsias innecesarias, "muchos de ellos no están cubiertos por el Sistema Nacional de Salud, lo que limita su uso". Además, añade, varios funcionan como "
calculadoras de riesgo que integran variables clínicas clásicas como la edad, el PSA o el tacto rectal, reforzando la importancia de la exploración clínica".
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