Eran las
5 de la madrugada. Helena llevaba toda su guardia de 24 horas sin parar de trabajar. Aún no había terminado. Su jornada no había acabado todavía. Ese día no pudo ni parar a lavarse los dientes.
A y media, un médico de Urgencias le dijo que no la volvería a llamar más en lo que quedaba de noche, que podía descansar un rato.
Ella estaba totalmente destrozada. Entró a la habitación reservada para el descanso de los facultativos, se sentó y llegó, una vez más,
otra llamada. Un paciente no respondía. Rápidamente, corrió hacia donde estaba y lo trasladaron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Su profesionalidad, en esos momentos, ganaba la batalla, como siempre, a su cansancio, después de más de 15 horas recorriendo el hospital.
Independientemente de su victoria, Helena no podía más. En cuanto pidió una analítica para el paciente, se sentó en el control de Enfermería y explotó. Algo que le costaba diez segundos de su tiempo en una situación normal, debido a la sobrecarga asistencial que había aguantado, le llevó más de diez minutos. Miró al techo y se puso a llorar. Se sintió sobrepasada.
Sintió que no tenía que estar ahí.
Ésta es una de las vivencias de
Helena González, especialista en Aparato Digestivo en el
Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en una guardia de 24 horas. Historias así, inundan cada uno de los puntos asistenciales de nuestro país. Y es que la eliminación de este tipo de jornadas es una de las grandes reivindicaciones de los facultativos. De hecho, es uno de los temas puestos encima de la mesa por los sindicatos en
la huelga médica intermitente que está teniendo lugar estos meses en nuestro país. Este lunes comienza un nuevo paro, que durará desde el 16 hasta el 20 de marzo. Será el segundo y, por lo pronto, serán indefinidos.
De la sobrecarga al cansancio acumulado
Acabar con ellas será todo un reto. Pero los médicos no pierden la esperanza. Testimonios como el de Helena muestran la realidad de esta 'prolongación laboral' continuada. Ella, cuando era residente, hacía cuatro o cinco de estas guardias al mes. Ahora, como adjunta, hace alrededor de dos. "Nosotros tenemos suerte porque somos bastantes.
Hay mucha más gente joven", explica a
Redacción Médica.En su región, además, se da la casualidad de que el HUCA es el
centro de referencia en Aparato Digestivo, lo que hace que su Servicio atienda a buena parte de los pacientes asturianos con patologías cuyo abordaje le corresponde a su equipo. Aunque el Principado no es una comunidad autónoma extremadamente grande, cuenta con una
población envejecida, lo que motiva la aparación de una gran demanda asistencial.
"Generalmente, por la mañana, un busca lo lleva el residente y el otro el adjunto. El MIR tiene sus 10 o 12 pacientes. Abarcamos mucha patología de pacientes de todas las edades y muchos se pueden poner graves en cuestión de segundos.
Solemos pasar de cero a cien", detalla.
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Helena: "Somos dos personas para planta, Urgencias y endoscopias"
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Pero es que al mismo tiempo, a Helena la llaman desde Urgencias también, aparte de hacerse cargo de su Servicio. "A veces, tienes que parar para atender a otros pacientes más graves, y así sucesivamente. Somos dos personas para planta, Urgencias y endoscopias, y ya por planta, de media, hay 50 pacientes ingresados", advierte. De hecho, a todo esto hay que añadir que la especialidad de Helena tiene su parte quirúrgica:
"También somos intervencionistas".
Por lo general, a las tres del mediodía suelen parar a comer, y por la tarde toca atender a todos los pacientes y realizar las operaciones que se han retrasado. Llega la noche y, aunque parezca que el descanso se aproxima, no suele ser así. "Algunas son mejores y otras peores. Por experiencia, en Digestivo con guardia presencial, las noches son malas.
Duermes una media de cuatro horas intermitentes. Te acuestas a la una pero igual te llaman a las dos y a las tres", subraya.
Un momento crucial de sus jornadas de 24 horas es
la hora de la cena, donde, "una vez te sientas, recapacitas sobre las horas que llevas ahí y el cansancio es enorme". De hecho, tienes que andar a correr si quieres cenar en la cafetería, ya que cierra pronto. "A mí me ha pasado de hacer una gastroscopia urgente con paciente sangrando, llegar a la cafetería y que no te den comida", apunta.
A partir de esa hora,
"el rendimiento es malo y te cuesta hacer todo". "Te encuentras enfadado. A veces incluso tienes ganas de vomitar y te duele la cabeza", señala. Al día siguiente, después de toda la noche, ella recapitula "todo lo hecho durante la guardia" y se pregunta si habrá cometido algún fallo. Así, después de cada guardia.
Lleva dos años siendo adjunta y a su círculo más cercano
todavía le cuesta entender esta dinámica laboral. "Todos asociamos a que es un turno de noche, pero realmente la sobrecarga es mucho mayor. Les cuesta entender esa sensación. Esa sensación de pasarte toda la semana agobiado porque justo te toca guardia cierto día", añade.
Una especialidad "comodín" en las interconsultas
Al otro lado del Mar Cantábrico,
Jaime González, cirujano general y del Aparato Digestivo, también hace guardias de 24 horas obligatorias. Él trabaja en el
Hospital de Urduliz, en Euskadi. Además, su especialidad tiene un hándicap.
"Es bastante amplia y tiene la coletilla de general", asume a este medio, lo que hace que sus pacientes se multipliquen. Según asegura, su departamento es "como un cajón desastre" o "el comodín para consultar".
Tiene cirugías que van surgiendo sobre la marcha, pacientes ingresados a su cargo y atienden decenas de interconsultas al día. Tres situaciones que él aguanta durante 24 horas ciertos días del mes. "Son muchas horas. Entras a las 8 de la mañana de un día y sales a las 8 de la mañana del día siguiente", denuncia. Eso en los días que la suerte acompaña a Jaime, porque hay que contar con la hora posterior a las 8, en la que el turno que finaliza tiene que informar al que entra acerca de cómo ha ido la noche,
algo que "nunca se cuenta".
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Jaime: "Te vas organizando sobre la marcha. Simplemente, sacas el trabajo adelante y ya"
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"Hay días que son horrorosos", lamenta. Su teléfono suele no parar de sonar, tanto por el noche como por el día. "Al final, cuando vas a una jornada laboral de un trabajo organizado te puedes preparar. Sin embargo, aquí te vas organizando sobre la marcha.
Simplemente, sacas el trabajo adelante y ya. Decides sobre la marcha", confiesa.
Jaime, en 2025,
llegó a tener seis cirugías en un día. "Algunas pueden ser sencillas, pero en ese caso la mayoría fueron complejas", remarca. El problema, según él, es que "las guardias es algo que ya se tiene como aprendido". "Antes de la carrera tienes claro que hagas la especialidad que hagas prácticamente te va a tocar una guardia. En la residencia, de hecho, tú mismo te formas para aguantar eso. Te acostumbras", alerta.
Aparte de médico,
el facultativo es persona, y los días siguientes a las guardias no descansa. "No puedes dormir. Te cuesta conciliar. Tu cabeza sigue dando vueltas", afirma.
La dura realidad de que la responsabilidad caiga en ti
Lo mismo le ocurre a
Ángel López, especialista en Anestesiología, Reanimación y Unidad del Dolor del Complexo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO). El facultativo gallego tiene guardias de 24 horas cada seis días aproximadamente. "La asignación de las mismas es manual en función del jefe de Servicio o
incluso de la Dirección Médica", explica.
Su jornada prolongada empieza a las 8 de la mañana. Al principio, hay un pase de críticos y de relevo para ver los pacientes que hay, sobre todo en Reanimación. "
Nos dan el relevo los que salen de la guardia anterior, y eso suele durar una media hora o cuarenta minutos que no están remunerados", protesta.
A partir de ahí, empieza su guardia. "De lunes a viernes hay más gente, porque hay más pacientes programados, unos en quirófano, otros en la Unidad de Despertar, aparte de las cesáreas", detalla. Por la mañana, Ángel define la carga de trabajo como "normal". Sin embargo,
lo peor llega a partir de las tres de la tarde.
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Ángel: "En nuestro caso, hay 16 quirófanos funcionando todos los días, y siempre hay sobreprogramación"
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"En nuestro caso, hay 16 quirófanos funcionando todos los días, y
hay sobreprogramación. La mayoría de intervenciones se prolongan más allá del horario laboral. Muchas cosas se complican y llegan a ser asfixiantes, y
si yo me voy del quirófano, el paciente muere", cuenta.
Hablando con datos concretos, de 16 quirófanos "se prolongan 11". "
Somos cuatro personas más uno de guardia y hay que atender a todo el mundo, es imposible", denuncia. Para repartir bien el tiempo, los facultativos de su Servicio bajan a comer por turnos.
Luego, por la tarde, "tienes que atender a los pacientes que se tienen que despertar, a los críticos, los que salieron mal y los que tienes a tu cargo". "Todo se va dejando por la tarde.
No paras de trabajar hasta las cuatro de la mañana, y estás reventado", destaca.
Además, a él, lo llaman para todo.
"Tienes que tomar la decisión de si un paciente se opera o no en cuestión de minutos", añade. Un conjunto de situaciones que hacen que al día siguiente Ángel esté "reventado": "Esto te rompe el ritmo de sueño". Sumado a ello, la presión. "Todo el mundo espera que decidas de forma rápida y que sepas qué es lo mejor para el paciente en ese momento de urgencia", protesta.
Asimismo, "hay un problema legal". "Yo si me voy de fin de semana con mis amigos y mi jefe de Servicio me dice que mañana me toca hacer guardia, al estar notificado, te tienes que quedar y suspender todos los planes que has hecho, y no te puedes negar. Te rompe por todos los lados. No hay límites", argumenta.
En verano, de hecho, hace alrededor de "10 guardias al mes".
Misión 'Terminar con las guardias de 24 horas'
Helena, Jaime y Ángel son tres médicos que han escogido tres especialidades cuya carga asistencial en las guardias de 24 horas es elevada. La incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en ese rango de tiempo está presente en las cabezas de los facultativos. "Es un problema", añade el anestesiólogo. "Las tienes hasta interiorizadas y romantizadas", cuenta Helena.
Por todo ello,
quieren acabar con ellas. Ángel pone encima de la mesa la posibilidad de que una guardia de 24 horas cueste más a la Administración que contratar por turnos. Jaime asegura que se trata de un problema de plantilla. "Se trabaja más ahora y el sistema es el mismo", alarma. Por eso mismo, la solución pasa por "contratar a más profesionales". Así piensa Helena, que afirma que "hace falta más personal".
Y es que, al final,
lo que está en juego es la vida de la gente. "Pones en peligro la seguridad de los pacientes", asegura la asturiana. Por lo pronto, el último borrador del Estatuto Marco plantea guardias médicas de 17 horas. Puede ser un avance, pero "la profesión médica ha despertado". Ya no es suficiente.
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