En los últimos años, la
longevidad se ha convertido en uno de los términos más escuchados en el ámbito sanitario y científico. Son muchas las personalidades y figuras mediáticas que buscan la ‘vida eterna’ a partir de terapias y procedimientos de dudoso rigor científico, sin embargo, la M
edicina antienvejecimiento es una ciencia basada en la evidencia científica y se encuentra respaldada por organismos y entidades que velan por su correcta aplicación.
Uno de estos organismos es la
Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (Semal), con más de 25 años de experiencia y presidida por el médico especialista en Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética,
José Serres. El presidente de SEMAL cuenta con una dilatada experiencia en longevidad y Medicina antienvejecimiento, pues es experto universitario en Medicina Antienvejecimiento por la Universidad de Sevilla.
En su apretada agenda y ante los preparativos del
XXIV Congreso Internacional de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad que tendrá lugar en Madrid los días 2 y 3 de octubre, atiende a
Redacción Médica para hablar del origen de la sociedad, la evolución del concepto “anti-aging” hacia la M
edicina de la longevidad y la gerociencia, y los principios que distinguen esta disciplina de la Medicina preventiva convencional.
Origen de la Medicina de la longevidad
Pregunta: ¿Cómo surgió la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) y cómo ha evolucionado este campo desde entonces?
Respuesta: La primera sociedad de Medicina antienvejecimiento fue la
American Academy of Anti-Aging Medicine, fundada en Estados Unidos a principios de los años noventa, en torno a 1992. Aquel enfoque me interesó especialmente y comencé a asistir a congresos en Estados Unidos, donde el desarrollo de esta disciplina llevaba ya años de ventaja respecto a Europa.
En el año 2000 fundamos la sociedad en España, tras organizar un congreso internacional en el
Colegio de Médicos de Sevilla, sede que mantenemos desde entonces. Desde el principio incorporamos al nombre de la sociedad la transformación que ha vivido el concepto: de la “Anti-Aging Medicine” a la “Longevity Medicine”, y de ahí a lo que hoy se conoce como
gerociencia, el estudio de la longevidad desde una perspectiva más rigurosa y científica.
El término “anti-aging” ha perdido peso porque numerosas marcas del sector estético lo han popularizado hasta banalizarlo: hoy existen miles de cremas y productos que se anuncian como “anti-aging”. Por eso, aunque la sociedad mantiene ese nombre fundacional, nuestro enfoque se ha alejado de esa
connotación puramente estética. Actualmente vamos por el 24.º congreso en España y hemos celebrado ya cinco congresos intercontinentales, en Estados Unidos, Panamá, Colombia y otros países.
El verdadero objetivo: 'health span'
P: ¿Cuál es entonces el verdadero objetivo de la Medicina antienvejecimiento?
R: Hoy el objetivo no es vivir más años, sino que los años que vivamos tengan
mayor calidad de vida. De poco sirve llegar a los 80 años si es en una silla de ruedas y dependiendo de otras personas para todo. El objetivo es llegar a esa edad
sin fragilidad.
A esto lo llamamos
“health span”: vivir los años de mayor edad con salud. No se trata de alcanzar los 100 años y llegar en mal estado a los 80 para pasar las dos últimas décadas con mala calidad de vida. La idea es hacer Medicina preventiva para que esos años adicionales se vivan con calidad, y ese es, en definitiva, el propósito de la sociedad y de la Medicina de la longevidad.
P: ¿Cuál es la principal diferencia entre la Medicina preventiva tradicional y la Medicina antienvejecimiento?
R: La medicina que se practica hoy en nuestro sistema de salud, tanto público como privado, no es realmente preventiva en la mayoría de los casos, aunque existen excepciones. Los cribados de cáncer de mama o de colon sí son un ejemplo real de prevención, pero ese enfoque debería extenderse a otras enfermedades y no limitarse a unas pocas. Sería necesario un
cribado continuo de la población frente a enfermedades cardiovasculares, problemas renales o diabetes, una de las causas más frecuentes de las complicaciones asociadas al
síndrome metabólico.
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Pareja caminando (Envato)
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Edad biológica frente a edad cronológica
P: SEMAL distingue entre “edad biológica” y “edad cronológica”. ¿Qué papel juegan la genética y el estilo de vida en esa edad biológica?
R: La edad cronológica es la que figura en el DNI, la fecha de nacimiento. La
edad biológica es otra cosa: es la que sentimos y la que percibimos en las demás personas. Hay quienes con 60 años aparentan 80, y quienes con 80 aparentan 60. Eso depende en gran medida del estilo de vida, uno de los principales condicionantes. La
genética determina aproximadamente un 30 % de la longevidad, y el
70 % restante depende de factores como el tabaco, el alcohol, el ejercicio físico, la alimentación, el descanso y las relaciones sociales.
Se ha observado además un dato curioso: en la mayoría de la población, la esperanza de vida —en España, en torno a los 84 años de media, algo mayor en mujeres y algo menor en hombres— depende sobre todo del estilo de vida. Pero en el caso de los centenarios, un grupo cada vez más numeroso en el mundo, estudios recientes muestran que a partir de cierta edad interviene una
genética específica que permite superar los 100 años, en la que el estilo de vida pesa menos y el componente genético gana relevancia.
También existe una edad biológica diferenciada por órganos: la vista, el oído, el sistema cardiovascular, el sistema renal o el aparato digestivo no envejecen todos al mismo ritmo. Es posible tener una edad biológica general de 60 años con una edad cronológica de 70, y aun así no todos los órganos funcionarán igual de bien; algunos estarán más “jóvenes” y otros más envejecidos, en función del estilo de vida y también de la genética individual. Por ejemplo, alguien puede necesitar gafas desde joven por un problema de vista congénito, o desarrollar más adelante un
glaucoma que afecte seriamente a su visión.
Hábitos que marcan la diferencia en la longevidad
P: De los cinco pilares en los que se apoya la sociedad, ¿cuáles son los hábitos que realmente marcan la diferencia en la longevidad?
R: La longevidad no depende de “los años que te quedan”, sino del estilo de vida que se lleve. Si una persona bebe en exceso, fuma, duerme mal y tiene obesidad, su longevidad será mucho peor que la de quien decide beber con moderación, seguir una
dieta saludable sin ultraprocesados ni azúcares constantes, dormir un mínimo de horas, hacer ejercicio, socializar y controlar el estrés.
Esto es aplicable desde los 25 o 30 años. En la juventud, el cuerpo tolera excesos —comer de cualquier manera, trasnochar— sin apenas consecuencias aparentes, pero a partir de los 30-35 años empiezan a notarse los efectos, porque con el paso del tiempo
cambian las hormonas y los parámetros vitales del organismo. Un buen ejemplo son los futbolistas: la mayoría deja de competir al máximo nivel entre los 30 y los 40 años, y es raro encontrar a uno compitiendo con los más jóvenes pasada esa edad.
Por eso hablamos de “antienvejecimiento”: el objetivo es
prevenir el envejecimiento prematuro, tanto en personas mayores como en jóvenes, con la mayor calidad de vida posible. Quien cumple con la dieta, el ejercicio, el sueño y el control del estrés no está igual a los 40, 50 o 60 años que quien no lo hace.
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Hombre corriendo por el parque (Envato)
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El papel del reemplazo hormonal supervisado
P: Uno de esos pilares es el reemplazo hormonal. ¿En qué consiste y qué riesgos existen si se hace de forma incorrecta?
R: El sistema hormonal experimenta un decaimiento progresivo. El pico hormonal máximo se sitúa entre los 20 y los 22 años, y a partir de ahí las principales hormonas —testosterona, Menosestrógenos en el caso de las mujeres, hormona de crecimiento en ambos sexos— van descendiendo lentamente. En las mujeres, ese descenso desemboca en la
menopausia, un cambio hormonal brusco que aumenta el riesgo cardiovascular y de osteoporosis, entre otros problemas; en los hombres ocurre algo similar con la
andropausia.
Si un análisis muestra que la testosterona de un hombre está baja, no tiene por qué asumir como inevitable vivir con los síntomas de la andropausia: puede suplementarse esa hormona hasta alcanzar valores normales para su edad. Pero esto debe hacerlo un
especialista capacitado, tras un análisis clínico previo, ajustando la dosis exacta que corresponde a cada paciente. Un exceso de suplementación provoca efectos secundarios, incluso tratándose de hormonas bioidénticas y naturales.
Esto no debe confundirse con lo que ocurre en algunos gimnasios, donde se recurre a hormona de crecimiento o a
anabolizantes sintéticos sin ningún control médico. La testosterona bioidéntica es la misma hormona que produce el cuerpo; los anabolizantes son sustancias sintéticas que no tienen nada que ver con una
terapia de reposición hormonal supervisada, como la que se aplica en la pre-menopausia, la menopausia, la andropausia o la pre-andropausia.
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