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Indemnizaciones récord en Ginecología: "El seguro no condiciona la praxis"

Una experta defiende que el sistema de seguros actúa como una red de protección institucional sin impacto clínico

Teresa Cobo, ginecóloga.


14 jun 2026. 14.00H
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El caso del Hospital de Sagunto, que ha terminado con una condena de 13,3 millones de euros por las graves secuelas neurológicas sufridas por un recién nacido tras un parto, se ha convertido en uno de los episodios judiciales más relevantes de la sanidad española reciente. Más allá de la cifra récord, el fallo vuelve a poner sobre la mesa la dimensión económica y jurídica de la responsabilidad médica en Obstetricia, donde intervienen no solo los protocolos clínicos, sino también el sistema de aseguramiento que cubre a los profesionales ante este tipo de indemnizaciones.

Y es que este tipo de incidentes se ha visto repetido en la sanidad privada. De hecho, las tres mayores condenas por negligencias médicas relacionadas con partos han recaído sobre centros privados y sus compañías aseguradoras, que han tenido que asumir compensaciones millonarias por daños neurológicos permanentes en recién nacidos. Esta tendencia ha convertido a la Obstetricia en una de las áreas con mayor presión aseguradora y ha reabierto el debate sobre la cobertura de riesgos, los costes de las pólizas y la gestión de la responsabilidad profesional en este ámbito.

En este contexto, Teresa Cobo, ginecóloga, subraya en Redacciónn Médica que la atención obstétrica en España está profundamente regulada y estandarizada. Así, todos los especialistas adquieren las "competencias necesarias" para afrontar situaciones críticas. Sin embargo, a veces ocurren complicaciones imprevisibles durante el parto que, pese a una correcta actuación clínica y a la existencia de protocolos establecidos, pueden derivar en resultados adversos graves.

Así, la sentencia judicial de este caso describe un escenario en el que el feto sufrió falta de oxígeno durante el parto, lo que provocó una parálisis cerebral severa, epilepsia y discapacidad permanente. El fallo atribuye el daño a una cadena de errores: interpretación incorrecta del monitor fetal, retraso en la cesárea y uso inadecuado de instrumental como la ventosa.

Las aseguradoras sin embargo, pese a ser preguntadas por este diario, no han querido pronunciarse sobre el tema. 

El papel de las aseguradoras en la responsabilidad médica


Cobo señala que todos los ginecólogos en España están obligados a contar con un seguro de responsabilidad civil, que supone uno de los costes más elevados dentro de las especialidades médicas. "Obstetricia está entre las áreas con seguros más caros, junto con Cirugía Plástica", subraya.

Este seguro, sin embargo, no influye en la práctica clínica diaria. "No condiciona cómo tomamos decisiones durante un parto. No hay incentivos ni penalizaciones por intervenir más o menos", afirma con rotundidad.

En la mayoría de casos de indemnizaciones elevadas, como el de Sagunto, la responsabilidad económica recae sobre el hospital o la administración sanitaria, más que sobre el profesional individual. Los médicos, además, cuentan con el respaldo de los servicios jurídicos de sus centros y de los colegios profesionales. "Nosotros no pagamos directamente a una aseguradora concreta. La cuota se gestiona a través del Colegio de Médicos. Hay una estructura detrás, pero el profesional no interactúa con ella en su práctica diaria", explica.

Así, Cobo subraya también que este sistema no modifica decisiones clínicas ni introduce sesgos en la toma de decisiones médicas. "No nos pagan más por hacer más cesáreas ni por cambiar la forma de actuar. La atención es independiente de eso", sostiene. En su visión, el sistema de responsabilidad civil funciona más como una red institucional de protección que como un factor que condicione la Medicina cotidiana. Una estructura invisible para el paciente, pero presente en el trasfondo de cada decisión clínica.

El punto crítico: la interpretación del monitor fetal


Uno de los elementos centrales del caso es la interpretación del registro cardiotocográfico, la principal herramienta para monitorizar el bienestar fetal durante el parto. Este dispositivo registra la frecuencia cardíaca del bebé y permite detectar signos indirectos de sufrimiento fetal.

Para la ginecóloga, aquí reside una de las principales dificultades del sistema: la herramienta existe, pero su interpretación no siempre es concluyente. "El monitor no es el estándar de oro. Da señales de alarma, pero no siempre se traduce en una hipoxia real", explica. De hecho, señala que "en torno a un 40 por ciento" de los registros considerados patológicos pueden terminar con recién nacidos completamente sanos.

Esto plantea un dilema clínico constante: intervenir demasiado pronto puede derivar en cesáreas innecesarias, pero esperar demasiado puede tener consecuencias graves. "Es un equilibrio muy complejo", resume. En el caso de Sagunto, la sentencia apunta a que ya a media mañana se registraron alteraciones, pero no consta una actuación suficientemente clara por parte del equipo sanitario ni una escalada de decisiones clínicas.

¿Falla del sistema o fallo individual?


Otro de los debates más sensibles que deja el caso es si existe una diferencia real en la calidad asistencial entre hospitales grandes y pequeños. Cobo rechaza esta idea de forma tajante: "No creo que haya peores profesionales en hospitales pequeños". Según explica, "más del 60 por ciento de los hospitales en España atienden menos de 1.000 partos al año", por lo que cerrar estos centros sería estructuralmente "inviable".

La clave, defiende, no estaría en el tamaño del hospital, sino en la capacidad del sistema para identificar qué embarazos requieren un centro de alta complejidad: "La cuestión no es dónde se atiende el parto, sino si se ha identificado correctamente el riesgo". La ginecóloga insiste en que una complicación intraparto como la hipoxia fetal puede aparecer de forma súbita en cualquier entorno hospitalario, independientemente de su nivel. "Esto puede pasar en hospitales grandes y pequeños. No es algo exclusivo de un centro concreto", afirma.

Probablemente era una paciente de bajo riesgo. Era joven, primer embarazo, sin factores de alarma claros", reflexiona. Desde esa perspectiva, la elección del hospital no implica necesariamente una mala decisión clínica, ya que los partos de bajo riesgo pueden atenderse en centros de menor complejidad.

Además, defiende que "cualquier especialista ha pasado por una formación muy intensa en hospitales de nivel 3" A esto se suman programas de formación continuada, asegura, que incluyen "cursos de simulación de emergencias".

Estos entrenamientos buscan reproducir escenarios infrecuentes pero de alto riesgo -como una hipoxia fetal o una hemorragia intraparto- para mejorar la toma de decisiones en tiempo real. "Son situaciones muy poco frecuentes, pero cuando ocurren exigen respuestas inmediatas. Por eso la simulación es clave", apunta.

En su visión, lejos de ser un sistema estático, la Obstetricia española se encuentra en constante revisión. "Los protocolos se actualizan y se revisan de forma periódica. Existe un esfuerzo real por no quedarse obsoletos", señala. 


Formación frente a recursos: el verdadero debate


Aunque el caso ha reabierto críticas sobre posibles carencias del sistema, la especialista descarta que el problema sea la falta de recursos tecnológicos o humanos. "La monitorización básica ya es suficiente: constantes maternas, control clínico y registro cardiotocográfico", explica. En partos de bajo riesgo, incluso la vigilancia puede ser intermitente; solo en situaciones con oxitocina o riesgo añadido se requiere monitorización continua.

En su opinión, el problema no es la ausencia de tecnología, sino la interpretación de la información disponible. Y ahí, insiste, la solución pasa por la formación continuada. "Lo importante es seguir entrenando a los profesionales, hacer simulación, actualizar conocimientos. Eso es lo que realmente mejora los resultados", defiende.

La ginecóloga también introduce una reflexión más amplia: la Obstetricia no es una ciencia exacta. Incluso con monitorización adecuada y protocolos correctos, existen casos en los que el resultado no puede preverse ni evitarse: "No siempre un monitor alterado significa una hipoxia real, ni un monitor normal garantiza que todo vaya a ir bien". En su experiencia, la Medicina perinatal trabaja constantemente con incertidumbre.

Esta realidad, añade, obliga a aceptar que ciertos eventos adversos no son completamente evitables. "Hay situaciones que, por infrecuentes que sean, pueden ocurrir incluso con la mejor práctica médica", señala.

El caso de Sagunto no solo ha generado un debate jurídico sobre la responsabilidad sanitaria, sino también una discusión social sobre los límites de la Medicina moderna. Mientras la sentencia marca un precedente económico sin precedentes en España, voces como la de Cobo insisten en que la solución no pasa por reformas estructurales profundas, sino por reforzar la formación, la simulación clínica y la capacidad de los profesionales para interpretar correctamente situaciones complejas.

"Tenemos un sistema formado, con profesionales cualificados y protocolos actualizados. Lo que necesitamos es seguir entrenando para mejorar la toma de decisiones en escenarios que, aunque raros, siempre pueden ocurrir", concluye.
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Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.