El
grado de Medicina es uno de los más exigentes de toda institución universitaria, independientemente de la región y hasta del país en el que se curse. Como cualquier otra carrera, los
programas formativos de los futuros médicos se han adaptado poco a poco a los avances tecnológicos, incluidos los recursos de aprendizaje en línea. Sin embargo, los expertos advierten de que un exceso en el uso de este tipo de herramientas puede generar una
“carga cognitiva significativa” que condiciona su formación.
Para tratar de paliar esa situación, un grupo de investigadores de China, Países Bajos y Reino Unido han elaborado un estudio científico publicado recientemente en la revista
BMC Medical Education. Los expertos entrevistaron a
estudiantes británicos de Medicina de primer y segundo año. Lo primero que descubrieron fue que
los alumnos emplean de forma selectiva los recursos de aprendizaje online dependiendo de sus preferencias, que no son fijas, sino que están sujetas de diversas circunstancias. Según el estudio, no es lo mismo recurrir a estas herramientas antes o después de clase o antes de los exámenes: en ello
influyen los objetivos o los retos concretos de cada estudiante en cada momento.
Los recursos online mejor valorados en el grado de Medicina
El estudio reveló que
los recursos mejor valorados por los alumnos son los vídeos interactivos antes de clase, seguidos por las preguntas de práctica opcionales después de clase y de los exámenes simulados en línea antes de los exámenes. En todo caso, los científicos advierten de que los hábitos personales de estudio, el valor del contenido del propio recurso, el tiempo invertido en la formación y la forma en la que se facilitan las herramientas online son “factores cruciales” que influyen en estas preferencias.
“Comprender estos patrones puede ayudar a los educadores a alinear mejor el diseño y la implementación de los recursos de aprendizaje en línea con las necesidades percibidas por los estudiantes”, sentencian los investigadores, que recomiendan
proporcionar materiales “interactivos, atractivos y con una estructura clara” durante las primeras etapas del aprendizaje.
A partir de ahí, abogan por incorporar preguntas de práctica o recursos de autoevaluación después de las clases y antes de los exámenes, siempre adaptados a cada etapa del currículo académico. “Puede favorecer la preparación y la consolidación de los estudiantes”, explican.
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