Con
40 años, dos
hijos y una trayectoria consolidada como
bombero,
Aurelio Egea dejó su zona de confort para embarcarse en la
carrera de Medicina. "
Había sido mi sueño desde niño, pero siempre me había considerado un estudiante 'del montón'", asegura a
Redacción Médica. La idea acabó calando en él hasta tal punto que terminó creyéndose que aquel sueño estaba lejos de su alcance. Pero su exmujer le instó a matricularse y su vida, en sus propias palabras, "cambió por completo".
Actualmente, su día a día laboral oscila entre ambos mundos, lo que, según destaca, le da una clara ventaja. Aunque el camino no ha sido nada fácil, Aurelio reconoce que descubrió cómo
muchas veces las limitaciones no son realmente nuestras. "Son el resultado de lo que
hemos escuchado durante años", afirma decidido.
Aurelio siempre soñó con hacer Medicina
Todo comenzó con una sencilla pregunta. "Un día,
mi exmujer me preguntó que era lo que realmente quería hacer", recuerda Aurelio, que por aquel entonces tenía un trabajo estable como bombero y una vida cómoda. Su sueño siempre había sido enfundarse la bata blanca, pero la escasa confianza que tenía en sí mismo, unido al hecho de haber repitido algún curso en el pasado, le habían hecho descartar por completo la idea. "Me dijo que podía conseguirlo.
Fue la primera persona que creyó en mí cuando yo todavía no era capaz de creerlo", relata. Sin embargo, decidirse fue solo el primer paso. Después llegó una de las etapas más exigentes de su vida.
Mientras otros podían dedicar sus horas libres al descanso o al ocio, él las empleaba en estudiar. También relata momentos en los que volvió a dudar de sí mismo, especialmente cuando los resultados no llegaban como esperaba. "La gente suele admirar el resultado, pero
pocas veces ve el proceso que hay detrás. No hay atajos", asegura. La
perseverancia, según apunta, le hizo superar los momentos más difíciles.
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"La gente no suele admirar el resultado, pero pocas veces ve el proceso que hay detrás. No hay atajos"
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De apagar incendios a acompañar pacientes
Para Aurelio, convertirse en médico
nunca significó dejar atrás su identidad como bombero. Al contrario, entendió la Medicina como una extensión de una misma vocación de servicio. "Como bombero ayudas en situaciones muy concretas, muchas veces críticas. En cambio, la
Medicina me permite estar al lado del paciente en su día a día, escucharlo, comprender qué le ocurre e intentar mejorar su calidad de vida", afirma.
Después de más de veinte años enfrentándose a emergencias, descubrió que la consulta le ofrecía algo que antes echaba en falta:
acompañar al paciente más allá del momento crítico. "Muchas veces interveníamos en un accidente, ayudábamos a una persona y después no sabíamos qué había sido de ella. No sabíamos si había sobrevivido o cómo había evolucionado", añade. Ahora, en cambio, puede formar parte de todo ese proceso.
Ese seguimiento es, precisamente, uno de los aspectos que más disfruta de su trabajo. "
Me gusta que quien entra en mi consulta sienta que delante no solo tiene un médico, sino una persona que intenta comprenderle de verdad". Además, destaca el
reto intelectual que supone una profesión en la que "siempre hay algo nuevo que estudiar, investigar o mejorar".
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"Me gusta que quien entra a mi consulta sienta que delante no solo tiene a un médico"
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¿Se vive igual una guardia de bombero que de médico?
Su experiencia como bombero también ha moldeado su forma de afrontar su día a día como sanitario. "Me enseñó mucho más que apagar incendios o rescatar personas. Me
enseñó el valor del compañerismo, de formar parte de una familia en la que nadie se queda atrás y de ayudar sin esperar nada a cambio", resume. A eso suma una habilidad que hoy considera fundamental en la consulta:
mantener la calma cuando cada segundo cuenta.
Sin embargo, tiene claro que
el desgaste de ambas profesiones es muy diferente. Mientras que en una guardia de bomberos los momentos de calma se dedican a revisar el material, entrenar y convivir con los compañeros, una alarma puede dar paso, en cuestión de segundos, a algunas de las situaciones más duras que existen. "Son experiencias que dejan una huella emocional muy difícil de borrar", asegura.
Para Aurelio, esa es la gran diferencia con la Medicina. "La
Medicina supone un desgaste físico, mental e intelectual enorme, mientras que ser
bombero implica convivir con un impacto emocional muy difícil de explicar", detalla. Aun así, él encuentra un punto en común en ambas: ayudar a las personas en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas.
¿Cómo son las condiciones laborales?
Aurelio
nunca ha entendido ser bombero y ser médico como
dos caminos enfrentados. De hecho, está convencido de que
nunca habría cumplido su sueño sin el primero. "
Convertirme en bombero me dio la estabilidad económica y personal que necesitaba", relata el sanitario, quien dedicaba prácticamente todo su tiempo libre a estudiar Medicina.
Aunque reconoce que las condiciones laborales son muy distintas, no cambiaría ninguna de las dos experiencias. "La
profesión de bombero ofrece una gran estabilidad, una excelente conciliación y un fuerte compañerismo", asegura.
La
Medicina, por el contrario, requiere
formación continua, una enorme responsabilidad y, especialmente al principio, "una gran incertidumbre laboral". Aun así, Aurelio no quiso dejar atrás ninguna de las dos profesiones y con el tiempo encontró la manera de integrarlas en su vida.
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"La profesión de bombero ofrece una gran estabilidad, una excelente conciliación y un fuerte compañerismo"
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Una carrera entre el dolor crónico, cirugía capilar y ser bombero
Al terminar la carrera, Aurelio pensaba trabajar en Urgencias, el área que mejor encajaba con su trayectoria como bombero. Sin embargo, de la mano del doctor Javier Hidalgo Tallón descubrió el tratamiento del dolor crónico y una nueva vocación. "Me di cuenta de que podía ayudar a personas que sufrían mucho y mejorar su calidad de vida", explica. Hoy compagina esta actividad en una clínica privada con su labor como bombero.
Con el tiempo también amplió su formación con un Máster en tricología y cirugía capilar, una disciplina quirúrgica que siempre le había atraído y que reconoce que, si hubiera estudiado Medicina con 20 años, "probablemente habría elegido una especialidad quirúrgica".
Mirando atrás, Aurelio siente que cada etapa tuvo su sentido. "La vida no siempre te lleva por el camino que imaginabas, pero a veces acaba llevándote a uno incluso mejor". Y, para quienes todavía dudan de perseguir sus sueños, deja una última reflexión: "La verdadera derrota es no intentarlo".
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.