Profesionales > Medicina

Así impacta el cambio de hora al médico: "Menos precisos y empáticos"

Tres profesionales analizan su impacto en la práctica clínica y en la relación médico paciente

Carmen Bellido, jefa del servicio de prevención del hospital de Castellón; Lorenzo Armenteros, portavoz de la SEMG y Eusebi Chiner, neumólogo e integrante del equipo del Año Separ 2025/26.


27 mar 2026. 13.20H
SE LEE EN 7 minutos
“A las dos serán las tres”. Este es el mantra que se va a repetir a lo largo de todo el fin de semana. España, al igual que el resto de la Unión Europea, cambiará al horario de verano en la noche del sábado al domingo. Empieza así la temporada de días más largos, pero lo hará con las secuelas de haber dormido una hora menos y con los desequilibrios derivados del reajuste. El Consejo Europeo quiso fijar 2026 como el año de la erradicación del cambio de hora estacional, pero el covid-19 y el posterior estallido de la guerra de Ucrania paralizaron este propósito. Ahora, a falta de un proyecto de acuerdo, los expertos vuelven a alertar del impacto en la salud de este cambio horario. Además, varios profesionales explican a este periódico que el daño puede condicionar tanto la práctica clínica como la relación médico-paciente.

El impacto del horario de verano en la salud


“Nosotros tenemos lo que es un marcapasos biológico, el hipotálamo. Es el núcleo supraquiasmático y funciona como una especie de ‘reloj interno’. Se regula principalmente por la luz del sol y ayuda a controlar cuándo estamos despiertos y cuándo dormimos”, explica el neumólogo e integrante del equipo del Año Separ 2025/26 de los Trastornos Respiratorios del Sueño, Eusebi Chiner, a Redacción Médica. En este marco, incide en que, al cambiar de hora, se produce una desincronización que puede provocar efectos fisiológicos. “Como la secreción de hormonas, como la melatonina, el cortisol, las hormonas que regulan el hambre o la hormona del crecimiento, que se produce durante el sueño profundo, por ejemplo. También el eje hipotálamo-hipofisario, que controla el sistema simpático, directamente relacionado con la tensión arterial y la frecuencia cardíaca”, explica.

Entre los posibles efectos, cita el déficit de rendimiento, el aumento del riesgo de sufrir una cardiopatía isquémica y de accidentes isquémicos transitorios. “Se ha visto que puede aumentar hasta un 6 por ciento los accidentes de tráfico secundarios a la falta de atención y al aumento del tiempo de reacción. Hay efectos constatables, además de que, en los días siguientes a ese cambio, donde habremos dormido una hora menos, hay cierta astenia, cansancio y disminución de la actividad diurna o de la capacidad de reacción”.

Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y representante en la Alianza por el Sueño, es uno de los profesionales que trata esta realidad en consulta y señala que los pacientes enfrentan dificultades para conciliar el sueño y, en ocasiones, un descanso con más despertares nocturnos. Esto puede provocar mayor fatiga durante el día y un peor rendimiento laboral o escolar. Sin embargo, al preguntarle por el impacto en su labor profesional, responde que los médicos son “una población que vive con cambios de horario y ritmos alterados. Convivimos de forma habitual con una especie de jet lag constante”. Así, asegura que apenas nota los efectos.

No obstante, sus compañeros insisten en que esto es, precisamente, un riesgo añadido. El cambio de hora estacional puede conllevar incluso riesgos laborales para la propia persona o para el paciente. “Puede afectar a la toma de decisiones, aumentar el tiempo de reacción y reducir la precisión motora fina. Esto es especialmente relevante en tareas como la cirugía o técnicas manuales en Medicina y Enfermería. Además, se ha relacionado con más errores en la prescripción y administración de medicamentos, fallos en el triaje de urgencias y un mayor riesgo de pinchazos accidentales con agujas, sobre todo al final de los turnos”, incide Chiner.

¿Cómo afecta el cambio de hora a la labor sanitaria?


Carmen Bellido, jefa del servicio de prevención del hospital de Castellón e integrante de la Alianza por el Sueño, añade que “si ya somos un colectivo que dormimos peor que el resto, el cambio de horario nos va a terminar afectando más. El cambio de hora puede agravar una situación de privación de sueño ya crónica en el personal sanitario con guardias y turnos prolongados, amplificando sus efectos acumulativos sobre la salud”.

Las guardias, especialmente las de 24 horas, se asocian a deuda de sueño y cronodisrupción, con impacto en la salud mental, cardiovascular y metabólica, el sueño, la función cognitiva y el equilibrio hormonal. En este contexto, afirma que “el cambio de hora actúa como un factor desestabilizador adicional, dificultando aún más la recuperación y potenciando estos efectos acumulativos sobre la salud física y mental de nuestros sanitarios”. Así, resume el impacto de la siguiente forma: “Nos hace menos precisos, menos empáticos y menos capaces de anticipar riesgos”.

Cita además un estudio en sanitarios en EE. UU. que evidenció cómo los incidentes de seguridad atribuibles a error humano aumentaron un 18–19 por ciento en la semana posterior al cambio a horario de verano. Pero recalca que el impacto no es solo técnico. “La fatiga por falta de sueño reduce la atención, la empatía y la regulación emocional, lo que puede traducirse en comunicación menos clara, mayor irritabilidad y dificultad para captar las necesidades de los pacientes”, explica. Además, apunta que los profesionales fatigados tienden a solicitar más pruebas o exploraciones innecesarias como forma de compensar la inseguridad o el menor juicio clínico, afectando la calidad del trato y la seguridad del paciente. “La pérdida de sueño de calidad no solo afecta a la técnica, también a la relación, que es la base del cuidado”, sentencia.

¿La estandarización horaria ayudaría en la organización médica?


Bellido afirma que los efectos del cambio de hora son “un recordatorio más de que el personal sanitario necesita condiciones que permitan descansar y recuperarse adecuadamente”. Así, los tres profesionales coinciden en que la estandarización de un horario único ayudaría a mejorar los problemas del sueño.

“Mantener un mismo horario es una de las recomendaciones básicas para dormir mejor, ya que favorece la estabilidad. Cuantos menos cambios haya, mayor será esa estabilidad en todos los aspectos”, defiende Armenteros. Bellido es más contundente: “La medida más efectiva para todos, no solo los sanitarios, sería eliminar el cambio horario”. No obstante, tanto ella como Chiner insisten en que, mientras eso no ocurra, hay estrategias basadas en evidencia que reducen el impacto en los profesionales sanitarios.

En primer lugar, destacan la necesidad de limitar la duración y carga horaria. Esto implica evitar turnos de 24 horas y semanas de más de 48–55 horas. Bellido destaca también la “necesidad de respetar descansos mínimos entre turnos y reducir situaciones de ‘short rest’”.

Sobre esto, apunta que un diseño ergonómico de turnos, con rotaciones rápidas en sentido horario, pocas noches consecutivas, límite de guardias nocturnas y modelos de “night float”, ayuda a proteger el sueño, especialmente el REM. Además, recomienda hacer descansos tras guardias largas, pausas efectivas, contar con salas para dormir brevemente, relevos estructurados, apoyo entre compañeros y, siempre que sea posible, evitar conducir tras la guardia. “Se trata de algo muy sencillo: cuidar al que cuida, porque sin profesionales descansados, el sistema entero se resiente”, concluye.
REGÍSTRATE GRATIS
PARA SEGUIR LEYENDO
¿Ya eres premium? Inicia sesión

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.