El concepto de "
dieta de la longevidad" se ha instalado en redes sociales, portadas de revistas y estanterías de suplementos con la promesa de añadir años a la vida a golpe de superalimento. Sin embargo, la
evidencia científica disponible dibuja un panorama mucho más equilibrado, alejado de fórmulas mágicas y mucho más cercano a los patrones de alimentación sostenidos en el tiempo.
“No existe un alimento que alargue la vida por sí solo, pero sí
patrones dietéticos capaces de reducir de forma significativa el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2, infarto, ictus o algunos tipos de cáncer, que son precisamente las principales causas de mortalidad en nuestro entorno”, afirma
Antelm Pujol, endocrinólogo y experto en salud hormonal, metabólica y rendimiento deportivo, en su entrevista con
Redacción Médica.
Para Pujol, la alimentación es "probablemente una de las herramientas más potentes que tenemos para aumentar los años de vida con buena salud", aunque aclara que vivir más tiempo no equivale automáticamente a vivir mejor. Igualmente, el especialista explica que desde la endocrinología, se sabe que “lo que comemos influye directamente sobre procesos clave del envejecimiento como la
resistencia a la insulina, la inflamación crónica de bajo grado, el estrés oxidativo, la composición corporal o la
salud cardiovascular”.
Es por ello que la alimentación es uno de los pilares sobre los que se sustenta la longevidad, sin embargo, no solo puede aumentar los años de vida, sino que también “modifica ”cómo llegamos a esas últimas décadas de vida", resume Pujol.
El concepto de longevidad y la dieta mediterránea
Hablar de “dieta de la longevidad” como un concepto médico es algo que está aceptado, sin embargo, cuenta con “muchos matices”. "Hoy no podemos hablar de una dieta única que garantice vivir más años", advierte el endocrinólogo, pero sí existe una “
amplia evidencia que identifica características comunes en los patrones dietéticos asociados a mayor esperanza de vida”, afirma.
En este sentido, lo correcto sería hablar más que de una dieta concreta, “de un
patrón de alimentación basado en alimentos mínimamente procesados, abundantes vegetales, proteínas de calidad, grasas saludables y un adecuado equilibrio energético”, cuenta Pujol a este medio. El problema surge cuando este concepto "se convierte en marketing y se vende como una fórmula milagrosa", señala. Pues la longevidad depende también de otros factores como el ejercicio físico, el sueño, la salud mental y la genética.
No obstante, en el caso de la alimentación, la
dieta mediterránea es "probablemente el patrón alimentario con mayor respaldo científico del mundo" en términos de longevidad. De hecho, se encuentra avalada por grandes ensayos clínicos como el
estudio PREDIMED, que demostró “reducciones cercanas al 30% en eventos cardiovasculares mayores en personas con alto riesgo”, revela el experto.
A ello se suman numerosos estudios observacionales que relacionan una mayor adherencia a este patrón con menor mortalidad, menor deterioro cognitivo y menor incidencia de diabetes tipo 2. En este sentido, la dieta mediterránea se ha relacionado en ocasiones con las llamadas
‘zonas azules’. Estas son regiones geográficas del mundo donde las personas viven vidas más largas y saludables.
Estos lugares son "muy interesantes desde un punto de vista epidemiológico", pero resulta “difícil atribuir la longevidad de esas poblaciones únicamente a la alimentación”, detalla. Esto se debe a que en ellas también se dan más actividad física cotidiana, fuertes vínculos sociales y menor estrés. "No existe un alimento mágico de las zonas azules. Lo realmente interesante es el
conjunto de hábitos", señala Pujol.
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Alimentos de la dieta mediterránea (Envato)
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Ayuno intermitente y restricción calórica
Una de las corrientes alimenticias que está más de moda es la
restricción calórica y el
ayuno intermitente como estrategias para vivir más años. De hecho, ”en animales, especialmente en modelos como ratones, la restricción calórica ha demostrado aumentar la esperanza de vida”, cuenta el experto. No obstante, trasladar esos resultados a humanos es "mucho más complejo". Tanto es así, que Pujol subraya que "no existe evidencia sólida de que el ayuno intermitente o la restricción calórica prolonguen la vida en personas".
Lo que sí reconoce el especialista es que ambas estrategias pueden mejorar el
control glucémico, favorecer la pérdida de peso y mejorar algunos marcadores metabólicos, especialmente cuando ayudan a reducir la ingesta calórica total. Su recomendación va más allá de cualquier moda concreta: "El mejor patrón alimentario es aquel que una persona puede mantener durante años sin deteriorar su
masa muscular, su calidad de vida ni su relación con la comida".
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