La profesión Médica está feminizada. Los últimos datos de la Organización Médica Colegial (OMC) apuntan a que el 59,3 por ciento de los profesionales de la Medicina en activo son ya mujeres. Esta cifra, que supera el 52 por ciento registrado en 2017, no solo evidencia el presente, sino que augura un
futuro aún más feminizado. Aún así, cuando se trata de llegar a puestos directivos o de gestión, las cifras disminuyen considerablemente.
Pilar Argente, vicepresidenta primera de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (
Sedar) y jefa Servicio de Anestesiología, Reanimación y Dolor del Hospital Universitari i Politècnic La Fe, Valencia, es una de esas mujeres que se encuentra a cargo de un equipo. Pero reconoce que no es la norma. “Aunque la feminización de la Medicina en general es una realidad desde hace muchos años, los
puestos de gestión en este momento siguen reflejando toda una inercia estructural”, afirma a
Redacción Médica.
En su ámbito, el de la Anestesiología, el 63,35 por ciento de los facultativos son mujeres, pero las jefaturas de sección, en el caso femenino, están relegadas a aquellas mujeres a partir de los 45 años. Para Argente hay muchos factores que influyen en que las médicas no puedan acceder a puestos de responsabilidad antes, lo que considera una “trayectoria profesional interrumpida”. “Es debido a que somos mamás, y la
edad reproductiva es un factor clave. Muchas médicas han rechazado puestos de alta responsabilidad porque prima lo que es el cuidado familiar y el cuidado de sus hijos”, expone la especialista. Esto le lleva a plantearse una pregunta fundamental: “¿Cuántos hombres, en relación con las mujeres, han renunciado a un
cargo de gestión importante por cuidado de hijos?”.
Un “desfase temporal”
La jefa de Servicio de Anestesiología piensa que otro de los problemas que hay en este ámbito es que muchos de los actuales cargos directivos pertenecen a generaciones en las que el acceso femenino era mucho menor, lo que genera una especie de “desfase temporal”. “Existen y persisten los sesgos, y a veces en los procesos de selección y de promoción, se penalizan perfiles con posibles interrupciones o con
mayor necesidad de conciliación. Y ahí estamos nosotras, las mujeres”, admite Argente. Para la anestesióloga no es suficiente con diagnosticar la
brecha de género, “hacen falta mentorías, patrocinios y reglas explícitas, porque yo creo que la equidad en el liderazgo no es un tema social; es una palanca que va a generar tanto talento como calidad en la asistencia”, estima.
Una forma de impulsar a las mujeres dentro de los cargos de autoridad, según la médica, tienen que ver con facilitar la conciliación, por ejemplo, con medidas de discriminación positiva: “En el contexto en el que estamos existen desigualdades estructurales y creo que estas pueden ser herramientas transitorias útiles”, especifica. En concreto se refiere a que el objetivo debe ser llegar a asegurar que “los puestos de responsabilidad estén ocupados por el profesional, sin importar su género, sino simplemente que tenga el
mérito y la capacidad”. Argente estima que no se trata de favorecer perfiles menos cualificados, “sino en corregir aquellos sesgos y, sobre todo, garantizar la
igualdad real de oportunidades”, concluye.
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