"La inteligencia artificial no viene a sustituirnos, sino a amplificar nuestra capacidad de prever e integrar mejor la información". Con estas palabras,
Pilar Argente, presidenta del comité científico del XXXVIII congreso de la SEDAR, presenta una cita imprescindible para la Anestesiología, la cual arranca este jueves en San Sebastián. Una cumbre médica que congregará a más de 1.800 especialistas. La doctora sitúa la tecnología como una aliada capaz de convertir datos masivos en conocimiento útil para anticipar crisis en el quirófano. Hecho que se verá reforzado en cada una de las mesas de debate que tendrá este congreso.
El congreso de San Sebastián arranca con un récord de asistencia en un momento de máxima transformación tecnológica. ¿Cómo se traslada este nuevo paradigma al día a día del especialista?
Hemos vuelto a batir récords. Ya lo hicimos en Santiago de Compostela y en Valencia, y ahora en Donosti superamos los 1.800 inscritos y las 1.600 comunicaciones científicas y pósters. Como anestesiólogos estamos viviendo un cambio de época muy estimulante.
La inteligencia artificial no viene a sustituirnos, sino a amplificar nuestra capacidad de prever, de ver antes de que suceda, de integrar mejor la información y de decidir con mucha más seguridad. En nuestros quirófanos y en las salas intervencionistas manejamos una enorme cantidad de datos de monitorización, como registros hemodinámicos y de ventilación.
La IA nos ayuda a convertir esos datos en conocimiento útil, anticipando inestabilidades clínicas y complicaciones mucho antes de que se manifiesten. La tecnología viene a sumar.
El juicio clínico y la responsabilidad sobre los pacientes siguen siendo un área de conocimiento de los profesionales. El reto ahora es validar estas herramientas y que se incorporen de forma ordenada a los flujos de trabajo, sin perder de vista que el centro es el paciente y el especialista en la toma de decisiones.
Su disciplina desborda hoy el espacio físico del quirófano para asumir un control transversal. ¿Qué retos clínicos presentan las unidades de reanimación frente a enfermos cada vez más frágiles?
Fundamentalmente, en estos momentos
somos médicos preoperatorios. Englobamos todo lo que va a rodear al paciente: el preoperatorio, el intraoperatorio y el posoperatorio. Abordamos al paciente desde la prehabilitación, optimizando comorbilidades complejas como la anemia o la hipertensión arterial, hasta la reanimación posquirúrgica y el manejo del paciente crítico o séptico. En las unidades de críticos nos enfrentamos a enfermos cada vez más ancianos, frágiles y complejos, donde se intervienen cirugías también mucho más complejas. Tenemos que identificar precozmente todas las alteraciones, comprender los fenotipos de sepsis y utilizar esos datos con recursos avanzados.
Debemos pasar de los protocolos rígidos que había anteriormente a estrategias verdaderamente personalizadas. El objetivo es que cada paciente reciba la atención que necesita según sus circunstancias precisas, y no una atención masiva, para que recupere su vida en las mejores condiciones y con la mayor calidad de salud posible.
El manejo del dolor resulta innegociable para la recuperación. ¿Hacia dónde se dirige el consenso de la SEDAR para minimizar estas secuelas posoperatorias?
La historia de la medicina avanza desde que podemos controlar el dolor; la anestesia es el paradigma que hace avanzar a todos.
Defendemos una visión integral del dolor que empieza ya antes de la cirugía y se prolonga mucho más allá del alta. En esta edición del congreso hemos querido ir un paso más allá analizando cómo prevenir el dolor crónico posquirúrgico y
revisando la implementación de los protocolos ERAS en cirugías mucho más exigentes, como la cirugía cardíaca o la hepática avanzada. El consenso pasa por combinar una buena selección de técnicas regionales con
un uso mucho más racional de los opioides, que ya sabes que están un poco en tela de juicio. A esto sumamos la incorporación prudente pero decidida de técnicas intervencionistas y regenerativas que lleven un respaldo científico, siempre bajo un enfoque multidisciplinar en combinación con cirujanos, enfermería y rehabilitadores. La meta es muy clara: cirugías más seguras con muchas menos complicaciones, estancias hospitalarias más cortas y reducir al máximo el impacto del dolor posoperatorio sobre la vida del paciente.
El déficit de especialistas tensiona las plantillas de múltiples hospitales. Como directora de un área quirúrgica, ¿qué modelo organizativo proponen para frenar esta fuga de talento?
Se oye mucho que faltan anestesistas, pero yo creo que no faltan; lo que falta es una reordenación de los especialistas. Hay muchos sitios donde hay un superávit y otros que sufren la realidad de la España vaciada. He visto cómo la presión asistencial se incrementaba fundamentalmente por las listas de espera y la dificultad para cubrir determinados centros. En el congreso esperamos extraer propuestas prácticas y modelos organizativos que hagan el área quirúrgica mucho más eficiente.
Necesitamos diseñar itinerarios profesionales atractivos que combinen asistencia, docencia e investigación para fidelizar a los médicos. Vivimos un boom durante la pandemia, pero la gente se olvida pronto de lo que ya no necesita o no se ve. Para que la especialidad siga siendo atractiva y sostenible,
los anestesiólogos tenemos que dar un paso al frente, abandonar el quirófano y estar presentes en los foros de toma de decisiones.
La formación médica exige nuevos entornos de simulación para liderar crisis. Con el nuevo Programa Oficial de la Especialidad sobre la mesa del Ministerio, ¿qué viabilidad tiene aprobar el quinto año de residencia?
El futuro está en los residentes y los adjuntos jóvenes, que son nuestro relevo generacional. Su formación no puede basarse solamente en la teoría; las cosas se aprenden tocándolas, de forma práctica.
Hemos apostado por talleres de simulación, escape rooms y escenarios de emergencias pediátricas o paradas intraoperatorias para entrenar habilidades técnicas y competencias no técnicas en un entorno seguro. Son experiencias intensas que transforman la forma de trabajar. Respecto al Programa Oficial de la Especialidad, llevamos desde 1996 con el mismo y estamos inmersos en su renovación. La Comisión Nacional ya ha hecho sus deberes y el texto está en manos de las comunidades autónomas.
La anestesiología de 1996 nada tiene que ver con la de 2026; necesitamos más tiempo, esos cinco años, para desarrollar competencias básicas y habilidades en simulación o manejo de crisis. No es una petición vana ni un capricho, es una necesidad. Un anestesista de trasplante cardíaco o pediátrico no se forma en un año. Desde la Comisión Nacional y la sociedad científica no vamos a dejar de luchar por lo que consideramos necesario para la seguridad de los pacientes.
Es fundamental que los residentes estén bien formados, como en el resto de Europa.
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