Recientemente, el
corazón de un bebé nacido tras
un trasplante de útero procedente de una donante fallecida en el
Reino Unido empezó a latir. Entre los profesionales que aportaron su granito de arena para que este hito fuera una realidad por primera vez en el Reino Unido, se encuentra
Isabel Quiroga, jefa del programa nacional de trasplante de útero en el Reino Unido. Este gran paso adelante forma parte de un
ensayo clínico que busca desplegar en el
Sistema Nacional de Salud británico un programa sostenible y financiado públicamente, que permitiría que la gestación en un
útero trasplantado de donante fallecida sea posible en todo el territorio.
La jefa del Servicio de extracciones del
Hospital de Oxford, tras formar parte de este hito sanitario, asegura en
Redacción Médica que “es un gran honor y un privilegio liderar a un equipo tan excepcional y participar en un avance que hace posible algo tan maravilloso como ayudar a crear una nueva vida”.
A nivel personal, la profesional asegura sentirse “feliz de haber podido ayudar a todas estas
pacientes a cumplir su sueño y espera poder hacer lo mismo con muchas otras”. Como cirujana española, este logro tiene un significado especial para Quiroga, ya que
“España es un referente mundial en donación y trasplantes, y poder aportar esa tradición de excelencia en un contexto internacional es algo que me llena de orgullo”.
La relevancia de este
hito sanitario recae, en palabras de la especialista, en que “no todo el mundo tiene una hermana, una madre o una amiga que pueda donarle un útero. Sin embargo, contar con la posibilidad de
aumentar el número de donantes fallecidos permite incrementar las oportunidades de aquellas mujeres que no disponen de otra opción”.
Un programa sostenible en trasplantes, reto a la vista
Quiroga hace hincapié en que, pese a no ser el primer grupo que logra con éxito un
trasplante de útero de una donante fallecida, sí es la primera vez que “se busca establecer un
programa sostenible que pueda convertirse en una opción para muchas mujeres. Cada sistema nacional de salud se financia de forma diferente, pero el Reino Unido es parecido al español, ya que ofrece
cobertura al cien por cien de la población”. Para ello, el ensayo clínico busca recopilar los resultados de “un total de diez trasplantes. Hasta ahora se han realizado cuatro, por lo que, una vez finalice, se decidirá si se lleva a cabo el programa”.
En relación con los
retos quirúrgicos que fueron apareciendo durante el trasplante, Quiroga explica que “se trata de un órgano que tiene un flujo sanguíneo muy bajo por minuto. Presenta un riesgo de trombosis muy alto y puede resultar problemático, por lo que existe aproximadamente un 25 por ciento de probabilidades de que el órgano falle en los primeros días. Con donante vivo hay menos riesgo. Técnicamente, los vasos sanguíneos son pequeños y con poco flujo y, además, las intervenciones en este campo suelen ser largas”.
Una opción clínica que va ganando enteros
La especialista está convencida de que, en el futuro, el trasplante de útero llegará a convertirse en una
opción clínica relativamente habitual: “Siempre hay operaciones en este campo que son pioneras y técnicamente muy complejas. Sin embargo, pasan años hasta que el entorno médico asume que este camino es viable y se perfeccionan las técnicas quirúrgicas. Dentro de cinco años los porcentajes de riesgo se reducirán y ojalá el resto de los países se actualicen en este sentido”.
Para finalizar, Quiroga considera que, cuando esta opción sea mucho más común, “
la sociedad la aceptará mejor y querrá participar en las decisiones relacionadas con estos trasplantes. Será un debate que no estará liderado únicamente por científicos o médicos, sino también por las propias pacientes”.
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