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La nueva guía de hipertensión enfatiza el medir bien la presión arterial

La polémica en torno a la definición de presión elevada ha hecho sombra a otros aspectos de importancia

Miguel Camafort y Javier Sobrino.

11 may 2018. 14.10H
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POR MARCOS DOMÍNGUEZ
Joana Huertas
Las nuevas guías de hipertensión del American College of Cardiology y la American Heart Association han levando una fuerte polémica en torno a la definición de la hipertensión arterial, situando la presión elevada en 120/80 mm Hg en lugar de 130/90 Hg.

Camafort y Sobrino ponen enfasis en los hábitos saludables y en la calidad de la medición de la presión arterial.

Esta novedad implica que, de repente, hay millones de personas que antes no entraban en la definción de hipertenso y que ahora sí lo harían. En España, por ejemplo, la cifra pasaría de 12 a 17 millones de personas, con el consiguiente aumento del consumo de fármacos para su tratamiento y un gasto sanitario que podría llegar a desbocarse.

Medición de la presión arterial

Sin embargo, en la XIV Reunión de Riesgo Vascular de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) se ha querido poner el foco en otro elemento de la guía, que la polémica levantada ha dejado en un segundo plano: la calidad de la medición de la presión arterial.

“Leedlo todo y retened lo bueno”, ha aconsejado Miguel Camafort, consultor de la Unidad de Riesgo Vascular del Hospital Clínic. ¿Y qué es lo bueno? “Las guías ponen énfasis en cómo medir la presión arterial: hablan de calidad de la medición”.

La guía de la ACC-AHA enfatiza realizar una medición de la presión arterial en reposo y absoluto silencio

Reposo y no hablar

Esto es: garantizar unas condiciones para que la medición no dé un resultado alto que no se corresponde con la presión arterial más frecuente. Es decir, que el paciente haya tenido un reposo antes de realizar la medición, hacerla en silencio, etc.

Si bien es verdad que la prevalencia con la nueva definición de hipertensión aumentaría del 32 al 46 por ciento en Estados Unidos (incremento homogéneo independientemente del sexo y del grupo étnico), 'afinar' el tiro permitiría reconocer mejor a aquellas personas con riesgo cardiovascular y poder tratarlas en consecuencia.

Sobre este manejo individualizado del paciente ha insistido Camafort: “Las guías son textos que debemos integrar en la práctica clínica”. “Son recomendaciones, no imposiciones, y el manejo de la presion arterial debe ser individualizado, basado en decisiones clínicas, preferencias de los pacientes y un balance adecuado del beneficio y del riesgo al establecer los diferentes objetivos e presión”.


De izquierda a derecha: Miguel Camafort, Luis Vigil (Hospital Universitario de Móstoles), María de los Ángeles Martínez (Infanta Sofía) y Javier Sobrino.


Ejercicio y dieta, clave en la hipertensión

Las medidas higiénico-dietéticas son lo primero que hay que tomar tras un diagnóstico de hipertensión. Y es que reducir el consumo de alcohol o realizar ejercicio son opciones positivas sin ninguna duda.

“Y cuanto más mejor: la curva [de reducción de riesgo vascular con respecto al ejercicio practicado]  no tiene límite”, ha apuntado Javier Sobrino, responsable de la Unidad de Hipertensión Arterial y Riesgo Vascular del Hospital L'Esperit Sant. Eso sí, “ejercicio fuera de la actividad diaria”, matiza.

Sobrino ha hecho un repaso a los tratamientos farmacológicos disponibles, explicando los beneficios de la terapia combinada, deteniéndose especialmente en las ventajas que ofrecen los ARA2 frente a los IECA, sobre todo en cuanto a efectos secundarios, haciendo hincapié en que la elección entre unos y otros, al menos en España, no debe basarse en una cuestión de precio.


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