La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) reclama una mejora en la atención de la
enfermedad arterial periférica (EAP), una patología de elevada prevalencia que afecta a una de cada cinco personas mayores de 80 años y que continúa presentando un
importante infradiagnóstico. Diversas series internacionales sitúan este infradiagnóstico entre el 20 por ciento y el 60 por ciento de los casos.
Con el objetivo de contribuir a mejorar esta situación, el Grupo de Riesgo Vascular de la SEMI ha presentado el 'Documento de consenso de manejo clínico de la enfermedad arterial periférica', en el marco de la
XXII Reunión de Riesgo Vascular, celebrada en Madrid.
“A pesar del esfuerzo que está realizando la comunidad médica, la EAP continúa siendo una
enfermedad infradiagnosticada e infratratada y se necesita un impulso para mejorar la calidad asistencial de esta patología. El documento de Consenso de SEMI, que se centra en mejorar el diagnóstico y tratamiento de esta patología, va en esta dirección”, explica Dolores López Carmona, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Regional Universitario de Málaga, y ponente de la 'Enfermedad Arterial Periférica en Medicina Interna: claves del nuevo consenso SEMI' en la reunión.
La EAP es una disminución del flujo sanguíneo causada por la
obstrucción de arterias periféricas, principalmente en las extremidades inferiores, aunque también puede afectar a la aorta y a arterias viscerales. La EAP es una manifestación frecuente de la aterosclerosis sistémica y un marcador de
muy alto riesgo vascular. En España, su prevalencia estimada es de alrededor del 8 por ciento en la población mayor de 45 años y puede alcanzar el 20 por ciento en las personas mayores de 80 años.
Su presentación es heterogénea, ya que puede permanecer asintomática o manifestarse con diferentes grados de severidad clínica. Entre sus complicaciones más relevantes se encuentra la
isquemia crónica amenazante de la extremidad (ICAE), que se asocia a un elevado riesgo de pérdida de la extremidad, así como la aparición de
eventos cardiovasculares mayores (MACE), incluyendo infarto agudo de miocardio, ictus y muerte de causa cardiovascular.
Objetivos fundamentales del nuevo consenso
Tras la publicación en 2024 de las nuevas guías europeas y estadounidenses sobre EAP, surgió la necesidad de disponer de un
documento integrador y de consulta ágil que facilitara la aplicación de sus recomendaciones en la práctica clínica diaria. Con este objetivo, especialistas con amplia experiencia en el manejo de esta patología elaboraron un consenso orientado a
trasladar las recomendaciones internacionales a la realidad asistencial de nuestro entorno, con un enfoque eminentemente práctico y centrado en la atención integral del paciente.
En muchos casos, los pacientes con EAP son derivados desde atención primaria (AP) en fases avanzadas de la enfermedad. Este retraso se debe, en gran medida, a un diagnóstico tardío, favorecido por la frecuente ausencia de síntomas típicos y por la infrautilización de herramientas diagnósticas sencillas como el
índice tobillo-brazo. Como consecuencia, no es infrecuente que la valoración por el especialista se produzca cuando ya es necesario plantear
procedimientos de revascularización endovascular o quirúrgica. Ante esta realidad, el grupo de Riesgo Vascular de la SEMI ha impulsado la elaboración de un consenso orientado a favorecer el diagnóstico precoz y optimizar el manejo clínico integral de la EAP.
“Aún hay
poca concienciación, incluso entre la comunidad médica, sobre la relevancia de la EAP. La atención se ha focalizado durante años en valorar la necesidad o no de revascularización, cuando la evolución de la enfermedad es larga, y ofrece
muchas oportunidades para ser diagnosticada a tiempo, dentro y fuera del hospital”, denuncia López Carmona.
La EAP es especialmente frecuente entre los pacientes atendidos en los
servicios de Medicina Interna, debido a su avanzada edad, la elevada carga de comorbilidades y la frecuente coexistencia de enfermedad aterosclerótica en otros territorios vasculares. En este contexto, el internista desempeña un papel fundamental en su
detección precoz y en el manejo integral del paciente, gracias a su visión global y a su experiencia en el abordaje de la pluripatología. Esta perspectiva permite integrar la prevención cardiovascular, la optimización del tratamiento médico y la coordinación con otras especialidades implicadas en su atención.
Las claves del documento
Este consenso nace con el objetivo de ofrecer un documento transversal, aplicable y útil para la
toma de decisiones clínicas, dirigido a los profesionales implicados en el manejo habitual de la EAP. Aunque está especialmente orientado a los especialistas en Medicina Interna, su contenido resulta de utilidad para cualquier clínico que atienda a estos pacientes y es aplicable en
distintos ámbitos asistenciales, como las consultas externas, el entorno hospitalario o los modelos de asistencia compartida.
La
detección precoz de la EAP es fundamental y puede realizarse mediante el índice tobillo-brazo, una prueba sencilla que compara la presión arterial sistólica en los brazos y en los tobillos para identificar alteraciones del flujo arterial en las extremidades inferiores. Un valor igual o inferior a 0,90 es diagnóstico de EAP. Se trata de una
técnica rápida, accesible y fácilmente implementable en la consulta incluso por personal de enfermería adecuadamente entrenado.
Se recomienda el
despistaje de la EAP de manera sistemática en personas mayores de 65 años, entre los 50 a 65 años en pacientes con factores de riesgo vascular o antes de los 50 años si existen antecedentes familiares de la enfermedad.
El abordaje de la enfermedad requiere el control de sus factores de riesgo mediante la aplicación de un
tratamiento médico optimizado (TMO) y un manejo integral en el que el médico internista puede desempeñar una importante función y donde la
Unidad de Riesgo Vascular constituye un punto de referencia.
Factores de riesgo
Entre los factores de riesgo de la EAP, el
tabaquismo -el de mayor impacto- y la
diabetes mellitus, que multiplica entre dos y cuatro veces el riesgo y se asocia a formas más graves de la enfermedad. También destacan la dislipemia, la hipertensión arterial, la edad avanzada, el sedentarismo y la enfermedad renal crónica como factores clásicos junto a otros factores emergentes, como la inflamación crónica, el estrés, los trastornos del sueño, la contaminación ambiental y determinados condicionantes socioeconómicos se han relacionado con un
mayor riesgo vascular. La brecha de género en EAP favorece un diagnóstico más tardío y una menor utilización de tratamientos basados en la evidencia en las mujeres.
El tratamiento de la EAP debe basarse en un control intensivo de todos los factores de riesgo vascular. Esto incluye el abandono del tabaquismo, el tratamiento hipolipemiante intensivo para alcanzar cifras de
colesterol LDL inferiores a 55 mg/dl, el control estricto de la presión arterial y de la diabetes mellitus, priorizando fármacos con
beneficio vascular demostrado. Junto con la terapia antitrombótica adecuada y la promoción del ejercicio y de hábitos de vida saludables, estas medidas constituyen la base para reducir el riesgo de eventos cardiovasculares y de complicaciones en las extremidades.
El consenso aspira a convertirse en una
herramienta de referencia para mejorar el diagnóstico precoz, la coordinación asistencial y la implementación del tratamiento médico óptimo en los pacientes con enfermedad arterial periférica.
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