Los medicamentos de última generación han supuesto una auténtica revolución.
Ozempic, Wegovy o Mounjaro son los ejemplos más conocidos dentro de una gama de medicamentos, los
GLP-1, a los que se encuentran posibles efectos adversos y nuevos usos a partes iguales. Ahora, una revisión sistemática presentada en la reunión de la
Endocrine Society en Chicago revela un prometedor
impacto positivo en la fertilidad masculina.
El trabajo, del que se hace eco la revista
Nature, revela que los fármacos basados en el mecanismo GLP-1 no solo ayudan a perder peso, sino que
aumentan o estabilizan los niveles de testosterona y mejoran la calidad del esperma en hombres con
obesidad. De confirmarse este hallazgo, aún preliminar, estos tratamientos se situarían como una alternativa a la terapia hormonal, el estándar actual.
El estudio, liderado por la endocrinóloga
Pratibha Natesh de la Escuela de Medicina de Warwick (Reino Unido), analizó los ensayos clínicos disponibles hasta la fecha para medir este impacto. El resultado apunta a que, en pacientes que sufrían de obesidad e hipogonadismo (baja producción de testosterona), los niveles de esta hormona esencial se elevaron tras un curso de tratamiento con
agonistas de GLP-1.
El doble de espermatozoides perfectos
La gran ventaja de este hallazgo radica en la comparación con la
terapia de reemplazo de testosterona (TRT), el tratamiento estándar actual. La TRT suele provocar un desplome en el recuento y la calidad de los espermatozoides. Sin embargo, los fármacos para la obesidad demostraron el efecto contrario.
En uno de los ensayos clínicos analizados, tras 24 semanas de tratamiento, el grupo de hombres que recibió el fármaco contra la obesidad
duplicó el porcentaje de espermatozoides con tamaño y forma considerados perfectos para la concepción, pasando de un 2% al inicio del tratamiento a un 4% al final del mismo.
El resultado del análisis viene a respaldar una idea, la del impacto en la fertilidad masculina, cada vez más asentada. Dentro de esta corriente se encuadran investigaciones como la llevada a cabo por la
Clínica Mayo en Minnesota, que examinó los historiales de más de 1.600 hombres, detectó un
incremento de hasta el 30% en los niveles de testosterona tras el uso de estos tratamientos moduladores del apetito.
El vínculo entre grasa y testosterona
Este efecto secundario positivo tiene una explicación biológica lógica. El
tejido adiposo en exceso no es inerte: las células grasas contienen altas concentraciones de una enzima encargada de transformar la testosterona en estradiol, la principal hormona sexual femenina. Al reducir drásticamente la masa grasa a través de los fármacos GLP-1, se frena esta conversión,
disminuye la inflamación general del organismo y el cuerpo masculino recupera su capacidad natural de producir testosterona.
Ante este escenario, Natesh considera que los resultados deben ser “una revelación para todos los endocrinólogos” que tratan a varones con obesidad y síntomas de baja testosterona, especialmente si están
planeando tener hijos.
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