Fiebre hemorrágica de Crimea-Congo: síntomas y cómo se transmite

La principal vía de transmisión es por la picadura de una garrapata, pero también se puede contagiar entre humanos

La Fiebre Hemorrágica de Crimea-Congo se transmite a las personas principalmente por la picadura de garrapatas. / Europa Press


19 jun 2026. 11.50H
El pasado domingo 14 de junio, un varón de 68 años fue trasladado al Hospital Gómez Ulla de Madrid, al presentar un cuadro clínico compatible con Fiebre Hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC). El caso, ya confirmado por las autoridades, ha activado el protocolo de actuación y coordinación entre las entidades sanitarias del Ministerio de Sanidad y de la Comunidad de Castilla y León.

A su vez, la Sección de Epidemiología del Servicio Territorial de Sanidad de la Junta de Castilla y León en la provincia de Salamanca ha identificado a los contactos de la persona afectada para hacerles seguimiento y marcarles los pasos a seguir. De este modo, las personas registradas deberán vigilar de forma regular su temperatura corporal y comunicar cualquier cambio en su estado de salud.

Transmisión de la Fiebre Hemorrágica de Crimea-Congo


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Fiebre Hemorrágica de Crimea-Congo es una enfermedad muy extendida causada por un virus (Nairovirus) de la familia Bunyaviridae transmitido por garrapatas y el cual causa graves brotes de fiebre hemorrágica viral, con una tasa de letalidad del 10%-40%. Se trata de una patología endémica en África, los Balcanes, Oriente Medio y Asia, en los países situados por debajo de los 50° de latitud norte.

Se transmite a las personas principalmente por la picadura de garrapatas, en especial del género Hyalomma, aunque también puede contagiarse por contacto directo con sangre o tejidos de animales infectados durante el sacrificio o manipulación de ganado. El contagio entre humanos también existe, ya que, según la OMS, se puede transmitir si hay contacto estrecho con sangre, secreciones u otros fluidos corporales de alguien infectado, o a través de una infección nosocomial como consecuencia de la mala esterilización del equipo médico, la reutilización de agujas y la contaminación de los suministros médicos.

Los principales síntomas


El periodo de incubación varía según la vía de contagio: tras una picadura de garrapatas, suele oscilar entre uno y tres días, con un máximo de nueve. Si el contagio se produjo por contacto con sangre o tejidos infectados, el plazo se alarga algo más, normalmente entre cinco y seis días.

La enfermedad se presenta de forma brusca, con fiebre alta, dolores musculares, mareo, rigidez de cuello, dolor lumbar, cefalea y sensibilidad a la luz. En los primeros días pueden aparecer también náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal, seguidos de cambios de humor repentinos y confusión mental, tal y como señalan desde la OMS.

En los casos más graves, a partir del segundo o tercer día puede aparecer un cuadro de sangrado: manchas hemorrágicas en la piel y mucosas que pueden evolucionar a hemorragias más extensas, junto con signos de afectación hepática. Los pacientes más graves pueden sufrir un deterioro renal acelerado o fallo hepático y pulmonar a partir del quinto día de evolución.

Diagnóstico y tratamiento de la Fiebre Hemorrágica de Crimea-Congo


El diagnóstico se realiza en laboratorios con altas medidas de bioseguridad mediante pruebas como:
  • Prueba de inmunosorción enzimática (ELISA).
  • Detección de antígeno.
  • Seroneutralización.
  • Reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR).
  • Aislamiento del virus en cultivos celulares.

Sin embargo, la OMS detalla aquellos casos en los que la infección es mortal, en los cuales durante los primeros días de la enfermedad no se produce una respuesta de anticuerpos medibles, “de modo que en esos casos el diagnóstico se realiza mediante la detección del virus o de su ARN en muestras de sangre o tejidos”, detallan.

En cuanto al tratamiento, a día de hoy no existe ninguna vacuna aprobada para humanos ni para animales, y el tratamiento se basa principalmente en cuidados de soporte para controlar los síntomas. El antiviral ribavirina se ha empleado en algunos casos con resultados positivos, aunque no constituye una cura definitiva frente a la enfermedad.

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