Si todavía quedaban dudas de que un
estilo de vida saludable se traduce en una mayor
esperanza de vida, un estudio que ha sido publicado en la revista
Circulation cuantifica esa esperanza de vida: hasta
15 años adicionales.
Los investigadores midieron el impacto de cinco factores de
estilo de vida saludable:
dieta sana, media hora de
ejercicio diario de moderado a intenso,
no fumar, no beber
alcohol y alejarse de la
obesidad y el
sobrepeso (es decir, un IMC de 18,5 a 24,9 kg/m2).
Hicieron un seguimiento de los datos de más de 100.000 personas incluidas en dos bases de datos (Nurses Health Study y Health Professionals Follow Up Study), hasta un máximo de 34 años, al cabo de los cuales contabilizaron 42.167 muertes.
Esperanza de vida
El estudio arroja unos resultados claros: la esperanza de vida a los 50 años de aquellos que no siguieron ninguno de los cinco hábitos saludables fue de
29 años adicionales para las mujeres y 25,5 años para los hombres.
Adoptar un solo hábito saludable ya implica un aumento en la esperanza de vida de dos años
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Sin embargo, para aquellos que siguieron estos cinco hábitos alcanzaban los 43,1 años en mujeres y 37,6 años para hombres. Es decir,
14 y 12 años más, respectivamente.
Estilo de vida saludable
La esperanza de vida se incrementa a medida que las personas adquieren más buenos hábitos en salud. En mujeres,
adoptar uno solo de estos factores –llamados de ‘riesgo cero’– supone un incremento de año y medio. Con dos hábitos, la esperanza de vida crece cinco años, a los que se añaden 2,7 y 4,9 años si se adoptan tres y cuatro de estos hábitos.
En los hombres, la adopción de uno solo de estos hábitos ya implica un aumento de la esperanza de vida media en algo más de dos años. Con dos, se llega a cinco años más; con tres, siete; y con cuatro, 10 años.
La prevención, prioridad
El estudio ha sido realizado en Estados Unidos,
un país desarrollado pero cuya esperanza de vida es inferior a la de otros de su entorno. “Los americanos pueden reducir la brecha entre la esperanza de vida de EEUU y de otros países industrializados adoptando un estilo de vida más saludable”, apuntan los autores.
Además, subrayan que “la prevención debería ser la mayor
prioridad de las políticas de salud, y la atención preventiva debe ser una parte indispensable del sistema sanitario de Estados Unidos”.
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