Como puerta de entrada al sistema de salud,
Atención Primaria se consolida como uno de los principales 'filtros' en la prevención y detección temprana de un buen número de patologías. Un
papel 'centinela' que corroboraba un nuevo estudio internacional, liderado por nuestro país, ante la "altísima" concordancia demostrada entre los diagnósticos de cáncer realizados por los
centros de salud españoles, los datos hospitalarios y los registros nacionales de Oncología.
La investigación, coordinada por el Instituto de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol (IdiapJgol), destaca la alta sensabilidad demostrada por las bases de datos de este primer nivel asistencial en los diagnósticos de cáncer, tal y como revela el cruce de los datos obtenidos por el Sistema d'Informació per al desenvolupament de la Investigació en Atenció Primària (Sidiap) con los del Hospital Universitario Virgen de la Macarena (Sevilla) y los procedentes del Institut Municipal d'Assistència Sanitària Information System del Hospital del Mar.
Diabetes y EPOC como señales de alerta
No solo eso. Al analizar los resultados, se observó que tanto la anemia como las pérdidas de peso registeadas por los médicos de Familia en el Sistema Nacional de Salud servían como potentes
predictores en cáncer colorrectal y gástrico. También se detectó una prevalencia significativa de
enfermedad hepática crónica y
enfermedad renal en pacientes con
cáncer de estómago y pulmón, lo cual podría ser un factor de mejora a la hora de ajustar los tratamientos oncológicos y evitar toxicidades.
Al igual que en España, la anemia también figuró como síntoma frecuente antes del diagnóstico de los cánceres gastrointestinales en los países analizados (
Estonia, Finlandia, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suiza y Reino Unido) una vez evaluados los datos de 1,7 millones de personas diagnosticadas de
8 tipos de cáncer en Europa. Lo mismo ocurrió con la
Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y las neumonías, como señales de alerta en los pacientes con cáncer de pulmón; y la
diabetes y las enfermedades hepáticas crónicas, en los cánceres de páncreas y de hígado.
Una información, clave, concluyen los investigadores, a la hora de
comprender mejor el proceso diagnóstico, detectar posibles señales de alerta temprana y
diseñar estrategias de prevención y detección más eficientes.
Alta prescripción de antiinflamatorios
Además de la identificación de potenciales pródromos, también se detectó, en el caso de España, una alta prescripción de ciertos fármacos. Más de la mitad de los pacientes tomaron tratamientos para el
ácido (53 por ciento) y
antiinflamatorios (51 por ciento) el año anterior al diagnóstico, cifras significativamente superiores a las de otros países como
Finlandia o Estonia. Esto sugiere que muchos pacientes acuden primero a Primaria con
síntomas inespecíficos que son tratados de forma sintomática
antes de descubrirse la neoplasia. Además, tal y como se desprende del estudio, las
enfermedades crónicas, tales como
hipertensión, diabetes o EPOC, estaráin mejor documentadas en las historias clínicas de este nivel que en los registros de cáncer.
España, líder en supervivencia de cáncer de mama
Otra de las conclusiones más reseñables de la investigación son las
grandes diferencias en las supervivencia según el tipo de tumor. Los casos de cáncer de mama y próstata presentan las tasas de supervivencia más elevadas, con una supervivencia a cinco años situada aproximadamente entre el 75 y el 85 por ciento. Por otro lado, el cáncer de páncreas continúa teniendo el peor pronóstico, con una supervivencia a cinco años que en algunos países no alcanza el 5 por ciento.
Geográficamente, l
as bases de datos españolas mostraron sistemáticamente curvas de supervivencia más altas para la mayoría de los cánceres analizados. Por ejemplo, en el cáncer de mama, la supervivencia a los 5 años mostrada en el Hospital del Mar fue del 85 por ciento, la más alta entre los centros reportados, mientras que en Escocia, amén de los datos recopilados por el Centro de Datos del Sudeste (ECi), fue del 76 por ciento.
Lo cierto es que el examen de las historias clínicas de estos casi 2 millones de pacientes europeos, sitúa a España como el país con las tasas de incidencia y mortalidad por cáncer más bajas de la Unión Europea, aunque, destaca, una gran variabilidad interna entre las diferentes comunidades autónomas. De hecho, los investigadores reconocen que las fuentes consultadas para realizar la comparativa europea corresponden a las regiones con menor tasa de mortalidad oncológica en el mapa nacional.
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