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El 90% de médicos de Familia asocia el ictus con sus factores de riesgo

Una encuesta de la SEMG y la FEI muestra los conocimientos y actitudes de Primaria ante esta patología


28 oct 2021. 11.15H
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El ictus es un grave problema sociosanitario en cuya detección y control de factores de riesgo, así como en la prevención de recurrencias, tienen un papel clave los médicos de Atención Primaria. Por ello, la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) llevó a cabo, en colaboración con la Federación Española de Ictus (FEI), un estudio sobre los conocimientos y actitudes acerca del ictus que tienen los profesionales que desempeñan su labor en el primer nivel asistencial, cuyos resultados se han dado a conocer con motivo del Día Mundial de Ictus (29 de octubre).

Los médicos de Atención Primaria tienen un buen nivel de conocimientos sobre prevención primaria y secundaria del ictus, según se desprende de la encuesta creada por el Grupo de Trabajo Cardiovascular de la SEMG y contestada por 916 médicos en el último trimestre de 2019. Los factores de riesgo más comunes de padecer ictus son bien conocidos y se realiza despistaje de los mismos desde el primer nivel; sin embargo, otros menos habituales no se tienen en cuenta.

En concreto, más del 90 por ciento reconocían “asociación fuerte” del ictus con factores de riesgo como la hipertensión arterial (HTA), tabaco, diabetes, fibrilación auricular, dislipemia, estenosis carótida, hipercoagulabilidad e ictus previo. Sin embargo, desconocían como factores de riesgo la anemia falciforme (57,5 por ciento); terapia hormonal (52,3 por ciento); alcohol (48,3 por ciento); HVI (47,8 por ciento); estados inflamatorios (45,4 por ciento) y migraña (42,7 por ciento).

Del mismo modo, el 45,7 por ciento de los médicos encuestados desconocía que el factor de riesgo modificable con mayor asociación con el ictus, tanto isquémico como hemorrágico, es la HTA; y el 49,1 por ciento de los participantes antiagregarían en el caso de ictus cardioembólico por fibrilación auricular en mayores de 75 años.

Otras de las conclusiones que se desprenden del estudio llevado a cabo por el Grupo de Cardiovascular de la SEMG y la Federación Española de Ictus es que los médicos de Atención Primaria manejan de forma adecuada la fase aguda del ictus. La mayoría (96,8 por ciento) disponen de código ictus en su comunidad autónoma y el 86,9 por ciento conoce los criterios para activarlo. Sin embargo, más de un tercio de los encuestados no reconocen algunos síntomas/signos definitorios de ictus, como son la pérdida de visión y de equilibrio, cefalea intensa o disfagia. El tratamiento extrahospitalario se realiza correctamente, aunque algunas medidas generan más dudas entre los médicos del primer nivel.

Actuaciones tras el ictus


En cuanto a las actuaciones tras el ictus, la mayoría de los médicos de Familia encuestados admiten tener carencias formativas en los cuidados y tratamientos de los pacientes con ictus tras el alta hospitalaria. Casi la mitad (49,3 por ciento) considera que no existe una adecuada continuidad de cuidados y sólo el 30,8 por ciento disponen de un protocolo o plan de continuidad asistencial en la atención al ictus en sus ámbitos de trabajo (26,1 por ciento lo desconocen). A pesar de ello, un elevado porcentaje de los médicos de Atención Primaria indaga sobre los problemas y secuelas secundarios al ictus, sobre todo, aquellos que trabajan en consulta y los que tienen mayor experiencia profesional.

Como dato positivo, destaca que el 99,6 por ciento considera que la rehabilitación precoz tras sufrir un ictus puede mejorar los resultados y el 73,6 por ciento revisa si el paciente tiene pautado tratamiento rehabilitador al alta hospitalaria.

Más "coordinación" ante los cuidados posteriores al Ictus 


Como conclusión, los datos arrojados por este trabajo han puesto de manifiesto un nivel de conocimientos sobre ictus por parte de los médicos de familia “bastante adecuado”; sin embargo, “siempre se pueden establecer puntos de mejora, sobre todo en la atención posterior al ictus, y para ello es necesario facilitar la coordinación entre los profesionales implicados con planes de actuación y fomentar la formación continuada al respecto”, según los autores del Grupo Cardiovascular de la SEMG.

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