Los
sistemas sanitarios se enfrentan a una larga lista de retos. El e
nvejecimiento de la población, las inequidades territoriales, la falta de estrategia o la insatisfacción profesional son solo algunos ejemplos. Además, en un contexto de profunda transformación y creciente complejidad en los
entornos asistenciales, la tecnología se vuelve cada vez más imprescindible. En este escenario, la presencia de ingenieros en el
Sistema Nacional de Salud (SNS) y la aprobación de la figura del Ingeniero Interno Residente (INIR) se presentan como una necesidad urgente.
En junio de 2025 nació la
Comisión Estratégica del Ingeniero Interno Residente (Ceinir) con un objetivo claro: promover la plena incorporación de la ingeniería al SNS y proponer la creación de un
programa de especialización. Casi diez meses después de su constitución, la Ceinir mantiene esta misma convicción. Así, ha compartido una reflexión sobre las
necesidades de ingeniería del sistema sanitario. En ella, una vez más, ha abogado por incoporar el progrma INIR al modelo de la
Formación Sanitaria Especializada (FSE).
Por qué un ingeniero sanitario especializado
La tendencia es clara. La ingeniería clínica ya es fundamental para
garantizar la seguridad del paciente, mejorar la calidad de la atención y aprovechar al máximo la tecnología en los hospitales. A nivel global, los sistemas sanitarios avanzados están incorporando cada vez más ingenieros con c
ompetencias clínicas para optimizar la organización y el funcionamiento de los centros. Estados Unidos, Japón y Canadá son los principales ejemplos. En Europa destacan los casos de Italia y Francia.
Sin embargo, en España la situación de los ingenieros en el SNS aún presenta importantes carencias. Una encuesta preliminar elaborada por la Ceinir en hospitales de diez comunidades autónomas ha revelado que muchos ingenieros no forman parte de la plantilla hospitalaria, sino que trabajan a través de fundaciones, becas, prácticas o empresas externas. Además, existe un
desequilibrio entre competencias y responsabilidades debido a la falta de estandarización, y su incorporación suele ser poco reglada, lo que dificulta la sostenibilidad y escalabilidad del modelo a largo plazo.
“Queremos
instituciones sanitarias seguras, sostenibles e innovadoras; necesitamos más ingenieros que cuenten con experiencia y competencias reales, capaces de liderar procesos interdisciplinares centrados en el paciente”, reflexionan desde la comisión. En este contexto, la figura del ingeniero sanitario se erige como un pilar esencial para la
transformación del sistema.
Propuesta de formación del Ingeniero Interno Residente
“A pesar de la clara necesidad de aumentar la presencia de
ingenieros en los hospitales españoles, existe una contradicción: el sistema educativo forma profesionales capaces de cubrir la demanda del SNS, pero muchos no terminan trabajando en centros sanitarios”, denuncian desde la Ceinir. La falta de formación práctica dificulta la integración de los
ingenieros en los hospitales, y su capacitación depende en gran medida de los recursos y la voluntad de cada centro, sin una regulación que garantice calidad y homogeneidad. Esta carencia resulta aún más evidente al compararla con la F
ormación Sanitaria Especializada de programas como MIR, EIR o FIR. En contra de estos ejemplos, los ingenieros sanitarios deben enfrentarse a retos complejos y cambiantes que requieren preparación continua y especializada.
Para dar respuesta a estas carencias, la Ceinir propone la aprobación de
l INIR (Ingeniero Interno Residente), un programa de formación práctico y estructurado para ingenieros que trabajarán en hospitales. Se centra en las funciones clave de la ingeniería en el SNS: infraestructuras tecnificadas y sostenibles,
electromedicina y dispositivos médicos, organización de centros complejos, tecnologías digitales y la
ingeniería asistencial junto a pacientes y profesionales.
El
INIR es híbrido y multiprofesional, diseñado para incorporar de manera segura y escalable nuevas tecnologías, incluida la
inteligencia artificial. Su currículo combina rotaciones planificadas, tutores acreditados y evaluaciones homogéneas, y se integra con másteres existentes, uniendo prácticas hospitalarias y trabajos fin de máster en áreas estratégicas.
La estandarización asegura seguridad, calidad y homogeneidad, optimiza recursos y
mejora resultados asistenciales, al tiempo que permite medir su retorno económico y sanitario. Para maximizar su impacto, su desarrollo debe coordinarse con el
Ministerio de Sanidad, las comunidades autónomas, sociedades científicas y hospitales, garantizando que responda a las
necesidades reales del SNS.
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