El diseño de los hospitales puede marcar la diferencia en cómo se encuentran dentro de los mismos tanto pacientes como profesionales sanitarios. Esto es en general, pero
hay áreas en las que tener una visión concreta sobre cómo construir, priorizando los entornos en los que el bienestar es el eje, tiene aún más relevancia. Es el caso de las plantas de
Salud Mental, que no son homogéneas en todo el territorio español:
mientras que hay sitios en las que no tienen casi luz, ni ventanas, hay otras que van orientándose hacia los espacios abiertos, con naturaleza y la posibilidad de pasear en el entorno cercano.
“La Salud Mental es la gran olvidada de la arquitectura sanitaria y hospitalaria a día de hoy”, afirma a
Redacción Médica Patricio Martínez, socio fundador del estudio PMMT Arquitectura. “Hace 15 o 20 años teníamos grandes hospitales que eran máquinas perfectas para curar, con grandes resonancias magnéticas, quirófanos de laparoscopia… pero de alguna manera olvidamos el cuidar”, prosigue el arquitecto sanitario.
Martínez apunta a que
esta área tiene una complejidad especial, que hace que sea más difícil dar respuesta a sus necesidades: “En una sala de espera de
Salud Mental puede haber una persona con depresión, otra con anorexia y otra con esquizofrenia.
Estamos metiendo una cantidad de personas con necesidades absolutamente dispares en el mismo sitio y no somos capaces de vincular eso”. Es en este punto en el que la arquitectura hospitalaria empieza a potenciar lo que conciben como una “humanización de los espacios”, pero hay algo que suma dificultad a este cambio de mentalidad:
“Un mismo paciente necesita cosas diferentes dentro de los estadíos de su propia enfermedad”, indica Martínez. Se refiere a que, mientras que en unos momentos puede necesitar un espacio relajante, en otros necesita contención o soledad.
La contención como modelo predominante
Aunque las necesidades de los pacientes son cambiantes, el socio fundador del estudio PMMT Arquitectura explica que
normalmente se opta únicamente por la vía de la contención: “La poca respuesta que se está dando a la Salud Mental está siendo por la vía de contener, con la amonestación, barrotes, camas clavadas al suelo o ausencia de cables para poderte hacer daño”. Admite que hay algunas enfermedades que pueden requerir esto, pero no todas de manera unánime: “Cuando esto se externaliza al final
todo el mundo acaba metido en salas que son casi más celdas de cárcel que otra cosa”, lamenta.
Ahora, valora, se está empezando a ver otra forma de hacer las cosas sin eliminar la contención: “Nos encontramos centros de Salud Mental en los que tenemos jardines terapéuticos en los que
intentamos ocultar las protecciones que hacemos para seguridad propia y externa de los de los pacientes, pero aún no estamos entendiendo cuál es la manera de dar respuesta a esta gran mezcla de emociones y necesidades emocionales que tiene un paciente”.
Aunque el
diseño de las estancias es esencial, Martínez opina que
es solo el médico el que puede dar la “solución” a un paciente en lo que respecta a su diagnóstico y su tratamiento, pero la arquitectura puede tener su lugar también: “La arquitectura y los arquitectos no estamos preparados para ello, pero es verdad que pueden acompañar en ese cuidado”, estima.
El personal sanitario también cuenta
Para conseguir la
humanización de los centros sanitarios y, en concreto, de las áreas de Salud Mental, hay que ir más allá. “Cuando hablamos de humanización estamos pensando siempre en el paciente y se nos olvidan dos personas muy importantes:
¿quién cuida al cuidador y quién cuida al curador?”, plantea el arquitecto sanitario, que alega que el personal sanitario está sometido a mucha tensión por su trabajo del día a día.
Martínez opina que
hay que hacer cosas para proteger a los sanitarios, pero también darles herramientas. Recuerda la época del Covid-19, momento en el que trabajaron para el Servicio Catalán de Salud para dar respuesta a la pandemia por medio del diseño de hospitales:
“Nos pidieron una habitación para llorar en aquellos servicios de UCI porque nos decían que estaban sometidos a una tensión tan grande que necesitaban una habitación con unas vistas al exterior, con una ducha insonorizada”. El por qué necesitaban esto era un motivo de peso: “Cuando llevamos tantas horas aquí viendo lo que estamos viendo
necesitamos llorar, gritar, ducharnos, recargar las pilas, vestirnos de batalla otra vez y volver a salir fuera", comenta.
Aunque el ritmo sea lento, se van implementando estas medidas por necesidad:
“La sociedad se está poniendo las pilas. Está aumentando mucho la población mayor, que tienen enfermedades vinculadas a la motricidad y a la
senilidad, a la parte más mental. Con lo cual, o somos capaces de controlarlo o llegaremos a un momento en que no sabremos cómo resolver el problema”, concluye.
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.