Las paredes de los hospitales acogen largas horas de espera. En muchos casos, parecen haber aprendido a detener el tiempo. Para los pacientes, el hospital es siempre un lugar extraño, incluso incómodo. Por ello, hay quienes trabajan para hacer de la
asistencia sanitaria un mundo más apacible. La arquitecta
Marta Parra, socia fundadora de Virai Arquitectura y colaboradora de la Fundación Humans, es una de ellas. “Los hospitales son los lugares a los que las personas acudimos para buscar salud y la
arquitectura es su contenedor”, explica durante una entrevista con
Redacción Médica.
Añade que la arquitectura tiene la capacidad de condicionar el modo en el que nos sentimos, tanto a nivel físico como mental y emocional. Así, insiste en la importancia de
invertir en espacios que ayuden a curar. Y para ello hay algo clave:
la humanización de estos lugares. “Nos estamos refiriendo a tomar decisiones de diseño que pongan al usuario final en el centro de esas decisiones”, afirma. La conversación se centra en un área muy concreta de los espacios asistenciales: las plantas de
Pediatría. “Estamos hablando de generar un entorno en el que los niños y las niñas se sientan seguros, se sientan bien, lo reconozcan como lugares amables, confortables e incluso de cierta pertenencia”, reitera.
La importancia de cuidar la arquitectura de las plantas pediátricas
Humanizar una planta de
Pediatría o un hospital pediátrico pasa por intentar que los menores se sientan lo mejor posible. Y para ello hay que hacer uso de diferentes recursos. Por un lado, de medios de iluminación, pero también de recursos acústicos que permitan a los niños y a las niñas descansar mejor. “
Se puede jugar con la arquitectura”, asegura.
Parra propone hacer uso de la escala de los niños más pequeños, adaptar el mobiliario, las puertas y los elementos decorativos. También llama a utilizar decoración visual que funcione
para la distracción y el entretenimiento. “Es decir, que el niño y la niña se puedan quedar mirando e incluso jugando con patrones visuales en paredes y techos. Al final va a estar tumbado durante horas y hay que buscar que pueda evadirse de distintas formas”, matiza. En este punto, lo ideal es utilizar patrones con
niveles de abstracción diferentes para no hacer un área de Pediatría demasiado infantilizada. “Hay usuarios de hasta 18 años”, recuerda. No obstante, es importante no hacerla demasiado abstracta, ya que un niño pequeño puede no encontrar esa conexión.
Por otro lado, también insta a incorporar un espacio diseñado para que el padre o la madre puedan estar 24 horas junto al niño o a la niña. “Esto significa incorporar equipamiento que permita que ese acompañante esté lo mejor posible. Incluso con su armario o con una sala para padres y madres que cuente con un espacio para pequeños microondas o casilleros”, afirma. “Son importantes los
lugares de descanso en los que los padres y las madres puedan encontrar un
oasis de tranquilidad durante todas esas horas y esos días de ingreso de sus hijos”, agrega. Sobre esto, apunta a que esta es quizá la principal carencia de las plantas de Pediatría en España. “Es un tema de priorización de esa humanización y es algo por lo que las comunidades llevan años apostando”, afirma. Sin embargo, matiza que los
espacios de acompañamiento son algo en lo que hay que seguir trabajando.
Qué hay que tener en cuenta en el diseño
A la hora de planificar el diseño de un nuevo
hospital pediátrico hay que tener en mente una serie de indispensables. Para empezar, el
factor intimidad. “Esto puede ser desde la propia ubicación del área de pediatría a las habitaciones interiores. Hay que valorar qué es lo que se ve cuando se abre la puerta y cómo podemos proteger esa intimidad, tanto del niño como de sus acompañantes”, afirma. El
factor seguridad es también una prioridad, lo que implica revisar la distancia que hay entre las habitaciones de hospitalización y la UCI, y la relación que puede tener con esas y otras áreas.
Además, le siguen los
factores de belleza, acompañamiento, socialización y
espacios exteriores. “Por supuesto, destaca la luz natural y los espacios exteriores en los que se pueda salir, jugar, tomar el sol y respirar”, añade. Por otra parte, Parra recuerda que los
pacientes pediátricos son un grupo especialmente vulnerable, por lo que también hay que tratar ciertos detalles relacionados con otros espacios del hospital.
“Siempre se procura
preservar su intimidad y evitar que puedan moverse y circular por otras áreas más críticas, que no tienen que ver con ese universo pediátrico que estamos tratando de generar a través de formas, colores, motivos y espacios de relación”, describe. Los
hospitales materno-infantiles fueron un gran avance en este sentido, a mitad del siglo pasado. “Se generaba un universo independiente desde el embarazo hasta la hospitalización pediátrica, incluso hospitales de día pediátricos. Esto ha favorecido la posibilidad de que, desde la arquitectura, también se proteja ese universo vulnerable del que participan niñas y niños enfermos”, defiende.
Sobre esto, incide en la necesidad de seguir apostando por el desarrollo de la
humanización en estas áreas. “Un espacio humanizado va a funcionar bien para todas las personas, no solo para pacientes, sino también para trabajadores y acompañantes. Por tanto, invertir en la humanización de los espacios hospitalarios es invertir en salud”, concluye.
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