La industria reclama en el Congreso políticas en innovación disruptiva

Cotec, BIST, AseBio, Aesemi y Farmaindustria trasladan una visión compartida sobre el papel de las tecnologías DeepTech

Alfonso Gabarrón (Aesemi), Eduard Vallory (BIST), Fina Lladós (Farmaindustria), Jorge Barrero (Cotec) y Ion Arocena (AseBio).


19 may 2026. 18.10H
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Cinco organizaciones que representan al ecosistema de innovación y de la nueva industria tecnológica española: COTEC, el Barcelona Institute of Science and Technology (BIST), la Asociación Española de Bioempresas (AseBio), la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (Aesemi) y Farmaindustria han comparecido hoy conjuntamente ante los portavoces de las Comisiones de Ciencia e Innovación y de Industria del Congreso de los Diputados para reclamar una política de Estado en innovación disruptiva y que ésta se convierta en un elemento central de la estrategia económica e industrial de España.

En una sesión conjunta y abierta de carácter inusual que refleja la naturaleza transversal del desafío al que se enfrenta España en materia de innovación disruptiva, los máximos representantes de las cinco organizaciones, Ion Arocena (AseBio), Alfonso Gabarrón (AESEMI), Eduard Vallory (BIST), Fina Lladós (Farmaindustria) y Jorge Barrero (COTEC), han trasladado un diagnóstico compartido: España dispone de capacidades científicas, tecnológicas e industriales suficientes para aspirar a un papel mucho más relevante en la nueva ola tecnológica internacional, pero sigue teniendo dificultades para transformar ese conocimiento en empresas competitivas, propiedad intelectual, capacidad industrial y empleo cualificado.

Las cinco organizaciones han defendido que la innovación disruptiva (sustentada en tecnologías como la inteligencia artificial, la biotecnología, los semiconductores, la computación cuántica o los materiales avanzados) no puede seguir tratándose como una cuestión exclusivamente científica o sectorial. En palabras de Ion Arocena, director general de AseBio: “La innovación disruptiva debe asumirse como una política de Estado, sostenida y coherente. Debemos construir las condiciones necesarias para que el conocimiento generado en nuestro país pueda transformarse aquí en empresas competitivas, propiedad intelectual, capacidad industrial y empleo cualificado”. En este contexto, Arocena ha subrayado que España cuenta con activos estratégicos —talento científico, centros de excelencia, hospitales innovadores y capacidades industriales relevantes—, pero sigue enfrentándose al reto de convertir ese potencial en liderazgo tecnológico e industrial.

Los comparecientes han advertido además de la necesidad de no repetir los errores de la revolución digital de los años noventa, cuando Europa generó conocimiento e investigación de enorme calidad, pero no logró consolidar las plataformas tecnológicas e industriales derivadas de esa transformación. “Hoy nos enfrentamos a una nueva oportunidad histórica y también a un riesgo evidente”, ha señalado Arocena. “La pregunta ya no es únicamente dónde se produce la investigación científica; la pregunta es dónde se crearán las industrias del futuro”. En este sentido, ha defendido que tecnologías como la biotecnología deben situarse en el centro de una nueva política industrial orientada a reforzar la competitividad, la autonomía estratégica y la soberanía tecnológica de España y Europa.


Instrumentos distintos para tecnologías distintas


Alfonso Gabarrón, gerente de Aesemi, ha destacado que la innovación disruptiva opera en contextos de incertidumbre tecnológica elevada, con largos periodos de maduración y riesgos financieros que no pueden abordarse mediante mecanismos convencionales. “Una tecnología emergente no puede evaluarse con los mismos criterios que una empresa consolidada”, ha señalado. “La innovación disruptiva ocupa un espacio intermedio que no encaja plenamente ni en la política científica tradicional ni en la política industrial convencional”.

A modo de ejemplo, Gabarrón ha recordado que los semiconductores se han convertido en una pieza crítica para toda la economía (automoción, telecomunicaciones, defensa, energía, salud, inteligencia artificial), lo que ha llevado a la UE y a España a movilizar recursos extraordinarios para impulsar el sector. “Estados Unidos y China llevan años desplegando políticas agresivas para consolidar liderazgo tecnológico en ámbitos críticos. Europa tiene las capacidades para responder con ambición comparable si quiere preservar su autonomía estratégica”.


La brecha entre ciencia e industria: el reto del 'valle de la muerte'


Fina Lladós, presidenta de Farmaindustria y directora general de Amgen Iberia, ha puesto el foco en las debilidades que persisten en las fases intermedias de la investigación: “Entre el descubrimiento científico y la consolidación de una tecnología industrial existe un recorrido largo y extremadamente complejo. España sigue sin contar con mecanismos suficientemente robustos para acompañar ese tránsito”. “En el ámbito biomédico esta realidad resulta especialmente evidente. El recorrido que separa un descubrimiento científico prometedor de un tratamiento disponible para los pacientes puede prolongarse durante más de una década y requiere sucesivas fases de validación, financiación y regulación”.  Las consecuencias económicas y estratégicas de esta situación son profundas, ha explicado “Porque cuando un país no logra transformar conocimiento científico en capacidades industriales propias, acaba financiando innovación que posteriormente otros territorios convierten en empresas, producción avanzada y liderazgo tecnológico”.

Lladós ha recordado que España es líder europeo en ensayos clínicos, con una industria que invierte 1.000 millones de euros anuales en investigación clínica, pero ha advertido que la falta de madurez de los proyectos impide que el país tenga en la investigación preclínica el protagonismo que ya tiene en la clínica. “El resultado es que el talento y la propiedad intelectual terminan desplazándose hacia ecosistemas más favorables”, ha lamentado.


Necesidad de estructuras intermedias ágiles y financiación paciente


Eduard Vallory, director general de BIST, ha aportado la perspectiva de la investigación de frontera. BIST agrupa siete centros de excelencia acreditados como Severo Ochoa (CRG, IBEC, ICFO, ICIQ, ICN2, IFAE e IRB Barcelona) y se encuentra en el 1% de la investigación puntera en Europa. Su comunidad ha generado más de cincuenta spin-offs activas, con 500 puestos de trabajo cualificados y más de 350 millones de euros de inversión captada.

Vallory ha apuntado que las instituciones de investigación son una pieza clave de la innovación disruptiva porque es en ellas donde se generan nuevos activos de conocimiento con potencial transformador. Por ello, resulta esencial crear las condiciones óptimas para que ese conocimiento aflore, madure, se valorice y pueda transferirse eficazmente hacia empresas existentes o nuevas iniciativas industriales.

En este sentido, ha propuesto explorar modelos inspirados en Cambridge Enterprise, Oxford Innovation o EMBL-EM para reforzar la capacidad de las instituciones públicas de investigación de gestionar activos de innovación con mayor agilidad. También ha abogado por la creación de entornos regulatorios de prueba —sandboxes— que permitan desarrollar estos modelos con marcos normativos más flexibles y adaptados a la innovación disruptiva, superando las limitaciones administrativas del sector público que hoy dificultan operar con la rapidez y capacidad de interacción con el mercado que requieren estas tecnologías.


Propuestas para una nueva política industrial y de autonomía estratégica


Jorge Barrero, director general de Cotec, cerró la intervención conjunta subrayando la necesidad de impulsar en nuestro país una política industrial efectiva ante los retos globales actuales que integre las tecnologías disruptivas como eje vertebrador de la soberanía tecnológica española y europea. Barrero señaló además que la aceleración y complejidad de estas tecnologías obliga a innovar también en las formas de gobernanza pública: «Desde Cotec llevamos años defendiendo la necesidad de nuevas fórmulas de gobernanza público-privada y de alto nivel institucional, como la propuesta que hemos hecho para impulsar la gobernanza de la cadena de valor de los semiconductores, que permitan diseñar, coordinar y acompañar estas políticas al ritmo y velocidad que exige la transformación tecnológica actual».

«La velocidad de la estrategia de competitividad de Estados Unidos y China es enormemente superior a la de Europa. No podemos permitirnos competir con instrumentos y marcos normativos de hace tres décadas», concluyó.

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