La carrera contra el reloj de las CAR-T: cuando ganar días salva vidas

La planta de Kite Pharma en Ámsterdam prioriza garantizar su universalización por encima del descubrimiento científico

Las células CAR-T de cada paciente tienen su propio contenedor criogénico especializado para su seguro almacenaje.


19 jun 2026. 12.55H
Durante siglos, los neerlandeses desafiaron al mar para ganar terreno donde construir ciudades, impulsar el comercio y convertirse en una referencia mundial de la innovación. Hoy, esa capacidad para transformar lo imposible en realidad se expresa en un escenario muy distinto. En Ámsterdam, lejos de los canales que marcaron la historia de la ciudad, Kite Pharma, biofarmacéutica de Gilead, fabrica terapias CAR-T a partir de los propios linfocitos de pacientes de todos los rincones del mundo. Se trata de un proceso de alta complejidad que reprograma estas células inmunitarias para una única misión: reconocer y destruir el cáncer. Actualmente, las terapias CAR-T de la compañía cuentan con cinco indicaciones aprobadas y han llegado a más de 33.000 pacientes en todo el mundo. Sin embargo, el gran reto ya no pasa únicamente por seguir perfeccionando estas terapias, sino por garantizar que cualquier paciente que las necesite pueda acceder a ellas a tiempo.

Durante una reunión con diferentes expertos en esta terapia, Natasha Bolaños, representante de Lymphoma Coalition, explicó que actualmente cerca del 10 por ciento de los diagnósticos de cáncer corresponden a enfermedades hematológicas, como linfomas, leucemias o mielomas: “Se trata de tipos de cáncer agresivos en los que cada semana cuenta y en los que el tiempo puede marcar la diferencia en la evolución del paciente”.

Bolaños recordó que alrededor del 60 por ciento de los pacientes con estas enfermedades logran curarse con tratamientos de primera línea, pero advirtió de que el gran desafío se encuentra en el 40 por ciento restante: “En este escenario, las CAR-T marcan una diferencia enorme, aunque el acceso a la terapia sigue siendo una carrera contra el tiempo. Muchos países todavía necesitan realizar inversiones para incorporar estos tratamientos y los procesos pueden demorarse mientras la enfermedad continúa avanzando y aumentando su agresividad”.

James Flament, director de Manufactura de Gilead y Kite; Natasha Bolaños, representante de Lymphoma Coalition; y John Wahba, head of External Medical Engagement de Gilead y Kite.


Para la especialista, persisten numerosos obstáculos que impiden que muchos pacientes se beneficien de estos abordajes a tiempo: “Las terapias existen, pero el acceso sigue siendo desigual. En Europa todavía hay grandes inequidades asociadas a factores geográficos, socioeconómicos e incluso a la edad de los pacientes. Además, cerca del 30 por ciento de quienes podrían beneficiarse de una CAR-T nunca llegan a recibirla debido a los cuellos de botella existentes en muchos sistemas sanitarios”. En este sentido, Bolaños insistió en que “cualquier retraso supone perder una oportunidad, por lo que la siguiente frontera de las CAR-T no es únicamente el descubrimiento científico, sino garantizar el acceso”.

Nuevas plataformas CAR-T para ampliar el alcance de la terapia


En relación con el proceso de fabricación de esta terapia avanzada, John Wahba, head of External Medical Engagement de Gilead y Kite, comparó el trabajo detrás de una CAR-T con el funcionamiento de un equipo deportivo: “Participan numerosos profesionales con perfiles distintos, pero todos trabajan coordinados hacia un mismo objetivo. Se investigan diferentes tipos de cáncer hematológico y nuestra meta es conseguir que estas terapias lleguen al mayor número posible de pacientes”.

El siguiente paso que Wahba espera alcanzar a medio plazo es ampliar el alcance de estas terapias más allá de las indicaciones actuales: “Se están explorando nuevas áreas terapéuticas, como las enfermedades autoinmunes y los tumores sólidos. Además, se están desarrollando plataformas tecnológicas de nueva generación que permitirán perfeccionar y ampliar las capacidades de las CAR-T”.

Por su parte, James Flament, director de Manufactura de Gilead y Kite, recordó que la fabricación de una terapia CAR-T difiere radicalmente de la producción convencional de medicamentos: “Cada tratamiento es individual y está destinado a un único paciente. Además, dependiendo de las características de la enfermedad y de las células obtenidas, cada proceso puede evolucionar de forma diferente”.

Reducir los tiempos de fabricación y administración sigue siendo uno de los grandes retos de estas terapias. En este sentido, Flament destacó que “se  ha logrado reducir todo el proceso, desde la recepción de las células hasta la liberación del tratamiento, a 17 días. Seguimos optimizando cada etapa, por lo que la coordinación entre profesionales y la mejora continua de los procesos son fundamentales”.

Las células T del paciente se congelan a 80 grados bajo cero para mantenerlas en condiciones óptimas.


Viaje al centro de las CAR-T


Una vez se cruzan las puertas de la planta de Kite Pharma, la percepción del tiempo cambia por completo. Profesionales de 53 nacionalidades distintas trabajan de manera sincronizada para que cada minuto cuente. Su misión es iniciar el proceso de fabricación de terapias CAR-T a partir de los linfocitos T enviados desde hospitales de toda Europa, modificándolos genéticamente para que sean capaces de identificar y atacar las células tumorales.

Congeladores con temperaturas de hasta 180 grados bajo cero mantienen las células en condiciones óptimas durante las distintas fases del proceso. La actividad no se detiene ningún día del año debido a la elevada demanda de pacientes que esperan recibir este tratamiento. Una vez completada la fabricación, cada terapia se almacena en contenedores criogénicos especializados, conocidos como shippers, y emprende el viaje de regreso al hospital de origen por carretera o vía aérea. El destino final siempre es el mismo: el brazo del paciente del que partieron esas células semanas antes.

La limpieza constituye otra de las señas de identidad de la planta. Mantener un entorno libre de contaminación resulta esencial tanto para garantizar la seguridad de cada terapia como para proteger a los trabajadores que manipulan productos como el etanol. Durante horas, los profesionales trabajan equipados con guantes, gafas y trajes de protección, siguiendo protocolos extremadamente estrictos. Caminar con movimientos controlados para minimizar la dispersión de partículas, evitar cualquier contacto innecesario con el entorno y permanecer en las salas limpias hasta las pausas programadas forman parte de una rutina donde cada detalle cuenta.

Un gong situado junto a la entrada del edificio espera pacientemente ser utilizado para celebrar cada hito relacionado con las terapias CAR-T. Sonó cuando la planta inició su actividad y volvió a hacerlo cuando se logró reducir el tiempo de fabricación a 17 días. Entre bromas, uno de los trabajadores lanza ahora un nuevo desafío: que vuelva a resonar cuando el proceso se acorte un día más.

Si la Compañía de las Indias Occidentales convirtió a los Países Bajos en un centro neurálgico del comercio global, la planta de Kite Pharma en Ámsterdam aspira a desempeñar un papel similar en la medicina avanzada del siglo XXI. Desde sus instalaciones no salen especias, tejidos o mercancías, sino terapias celulares personalizadas que recorren miles de kilómetros para llegar a hospitales de Europa, Asia y América del Sur. La compañía suministra actualmente más de 300 tratamientos en 24 países y ha contribuido a la fabricación de terapias CAR-T para unos 33.000 pacientes, además de participar en numerosos ensayos clínicos destinados a ampliar el alcance de esta estrategia terapéutica. Porque, para quienes trabajan en estas instalaciones, el próximo gran avance no consiste únicamente en desarrollar mejores terapias, sino en lograr que lleguen antes y a más pacientes. En el mundo de las CAR-T, ganar tiempo sigue siendo una de las formas más directas de salvar vidas.

La planta de Kite Pharma en Ámsterdam.

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