Innovación, precisión y equidad: así aborda Badajoz el cáncer de pulmón

Este hospital articula un modelo multidisciplinar con diagnóstico acelerado, medicina de precisión y técnicas avanzadas

Marta González Cordero, José Antonio Gutiérrez, Santiago García Barajas, Carlos Mayoral Guisado y Joaquín Cabrera Rodríguez.


30 ene 2026. 05.00H
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En Extremadura, donde la población presenta uno de los perfiles más envejecidos y dispersos del país, el cáncer de pulmón obliga a afinar cada decisión clínica para que la innovación no sea un eslogan, sino una herramienta real. En el Hospital Universitario de Badajoz, que forma parte del serial 'Diferenciales' de Redacción Médica con la colaboración de BeOne Medicines, ese objetivo se traduce en una forma de trabajar que combina circuito diagnóstico acelerado, comités multidisciplinares estables, medicina de precisión y técnicas terapéuticas avanzadas para evitar que el código postal marque el acceso a tratamientos.

El punto de partida es la concentración de casos complejos. Joaquín Cabrera Rodríguez, médico de Oncología Radioterápica, referente en cáncer de pulmón y presidente del Comité de Tumores Torácicos, explica que el volumen de pacientes derivados no solo incrementa la experiencia, sino que obliga a estructurar el proceso. “La experiencia principal que se consigue es elaborar unos protocolos más estrictos para tratar casos más complejos” y, con ello, “disminuir el número de fallos o incidencias” a lo largo de un recorrido asistencial que, por definición, es especialmente complejo.

Joaquín Cabrera Rodríguez, médico de Oncología Radioterápica.


Ese marco de calidad se apoya también en la estandarización externa. Cabrera defiende que la participación en ensayos clínicos permite incorporar innovación de forma segura y monitorizada, bajo controles éticos y de procedimiento. En su opinión, este acceso temprano a nuevos tratamientos “supone un beneficio inmenso para el avance de la medicina y de nuestra práctica habitual”, al tiempo que garantiza que cualquier novedad se aplique dentro de estándares internacionales.

En la práctica clínica, una de las apuestas más visibles es la planificación de la radioterapia del cáncer de pulmón con PET-TC. Cabrera subraya que este enfoque mejora la estadificación y la precisión del tratamiento: “Aproximadamente el 25% de los enfermos cambia el estadio tumoral” cuando se emplea PET-TC frente a estudios convencionales. Esta mayor exactitud permite diferenciar mejor el tumor de otras alteraciones pulmonares que pueden simularlo y ajustar los volúmenes de irradiación, con el objetivo de “disminuir efectos secundarios, toxicidades y aumentar el control”.

La adaptación al territorio se refleja de forma clara en la aplicación de radioterapia estereotáctica corporal (SBRT) en dosis única para tumores pulmonares seleccionados, una técnica que solo se realiza en este centro dentro de Extremadura. Cabrera contextualiza esta decisión en una comunidad con baja densidad de población y una elevada proporción de pacientes de edad avanzada con comorbilidades. “Administrar una dosis única implica un cambio sustancial a muchos niveles”, afirma, porque reduce desplazamientos de cientos de kilómetros y molestias tanto para los pacientes como para sus acompañantes. En ese escenario, “venir una sola vez a tratarse de un tumor de pulmón y tener una alta tasa de éxito, que supera el 90%, es un gran avance”.

La perspectiva de la Oncología Médica introduce una lectura epidemiológica que refuerza este enfoque integral. Marta González Cordero, jefa de Sección de Oncología Médica, defiende que para prevenir y tratar mejor es imprescindible conocer con mayor profundidad a la población extremeña. “Somos una comunidad autónoma con mucho índice tabáquico” y, además, “una de las comunidades autónomas con mayor exposición a radón”, recuerda. A su juicio, durante años se ha analizado sobre todo la relación entre tabaco y cáncer de pulmón, pero ahora empieza a cobrar peso la evidencia sobre la coexposición a ambos factores.

Marta González Cordero, jefa de Sección de Oncología Médica.


De ahí la implicación del hospital en proyectos de investigación orientados a caracterizar mejor ese perfil epidemiobiológico y a asegurar que Extremadura esté representada en estudios nacionales e internacionales. González Cordero lo resume con una idea clave: "Todo aquello que no nos preguntemos, que no conocemos y que no publiquemos, no va a poder conseguir impactar en mejoras terapéuticas".

La medicina de precisión ocupa un lugar central en este modelo, pero con una vocación claramente equitativa. El centro realiza más de 900 estudios de secuenciación masiva al año, una actividad que, según González Cordero, genera una enorme cantidad de información. “El reto es utilizarla bien”, afirma, lo que ha llevado a impulsar un comité molecular autonómico en el que participan expertos de distintas disciplinas. El objetivo es que “todo paciente, viva donde viva, pueda tener acceso a la información, a los avances y a interpretar bien qué alteraciones moleculares tiene su tumor”.

Esa filosofía se traslada también al funcionamiento del Comité de Tumores Torácicos. González Cordero reconoce que la multidisciplinaridad es un ideal difícil de sostener en un contexto de elevada carga asistencial, pero considera que el comité del Hospital Universitario de Badajoz ha logrado algo diferencial: “Un espíritu crítico constructivo” y la capacidad de “poner al paciente en el centro” para ofrecer lo mejor de cada especialidad. Además, subraya que este conocimiento especializado se pone al servicio de otros hospitales de la región para asesorar y acompañar cuando es necesario.

La rapidez diagnóstica es otro de los ejes del abordaje. José Antonio Gutiérrez, médico del Servicio de Neumología, sitúa la introducción del CRIO-EBUS como un avance decisivo. “Obtenemos muestras de un tamaño mucho mayor”, explica, lo que permite realizar estudios moleculares más completos y una estadificación más precisa. Además, destaca que son muestras “menos artefactadas”, lo que reduce la necesidad de repetir procedimientos y acorta los tiempos hasta la decisión terapéutica.

José Antonio Gutiérrez, médico del Servicio de Neumología.


Desde Neumología, el hospital aborda también situaciones de urgencia funcional. En casos de obstrucción de la vía aérea central, Gutiérrez detalla el uso de distintas técnicas endoscópicas con un objetivo prioritario: “El alivio de la disnea”, que permite estabilizar al paciente y facilitar posteriormente la administración de tratamientos oncológicos en condiciones adecuadas.

La organización del proceso comienza en una consulta de alta resolución que canaliza de forma rápida las pruebas necesarias. “Intentamos un diagnóstico y una estadificación lo más rápido posible”, explica Gutiérrez, para que cada caso llegue al comité multidisciplinar con toda la información necesaria y se pueda decidir el tratamiento más efectivo.

Cuando la muestra llega al laboratorio, el tiempo vuelve a ser determinante. Carlos Mayoral Guisado, médico de Anatomía Patológica y referente del área de pulmón, describe un circuito acelerado que asigna la máxima prioridad a las muestras con sospecha de cáncer de pulmón de células no pequeñas. “Esto permite la menor demora posible”, afirma, y se acompaña de medidas para evitar reentradas innecesarias y activar de forma inmediata el estudio de biomarcadores. “Una muestra mal fijada está abocada al fracaso molecular”, advierte, subrayando la importancia de controlar los factores preanalíticos.

Carlos Mayoral Guisado, médico de Anatomía Patológica y referente del área de pulmón.


La implantación de la criobiopsia ha supuesto, en su experiencia, un punto de inflexión. “Ha cambiado el panorama completamente”, asegura, al reducir de forma significativa las muestras insuficientes. Además de preservar la arquitectura tumoral, aporta tejido valioso para ensayos clínicos y mejora la capacidad diagnóstica y pronóstica del servicio.

El círculo asistencial se completa con la cirugía. Santiago García Barajas, jefe de Servicio de Cirugía Torácica, explica que la aportación quirúrgica en los comités consiste en trasladar la información de las pruebas de imagen al campo operatorio. “Cuando estamos viendo un TAC, no estamos viendo un TAC, estamos viendo un campo quirúrgico”, señala, una perspectiva que resulta clave para decidir si un tumor es resecable o si conviene optar por otras estrategias.

Santiago García Barajas, jefe de Servicio de Cirugía Torácica.


La experiencia en tratamientos neoadyuvantes ha evolucionado de forma notable. García Barajas recuerda que el objetivo es “reducir tamaño tumoral” para facilitar la cirugía o rescatar pacientes inicialmente no operables. Tras años de experiencia con quimioterapia y radioterapia, la combinación de quimioterapia e inmunoterapia abre una nueva etapa. “Estamos obteniendo resultados muy importantes y muy esperanzadores”, afirma, con pacientes ya intervenidos y una evolución favorable.

El hospital es también centro de referencia para cirugía oncológica compleja gracias a la disponibilidad de todas las especialidades quirúrgicas implicadas. Y en el terreno de la mínima invasión, la unidad acumula una trayectoria consolidada. García Barajas destaca que hoy realizan entre 80 y 100 resecciones anatómicas anuales por cáncer de pulmón mediante VATS o cirugía robótica. Las ventajas son claras: “Menos dolor posoperatorio”, menos complicaciones y altas más precoces. En el caso del sistema robótico, añade, la visión tridimensional y el aumento permiten una linfadenectomía más precisa, un elemento clave en el control oncológico.

En conjunto, el abordaje del cáncer de pulmón en el Hospital Universitario de Badajoz se construye como una cadena asistencial sin eslabones sueltos, en la que cada decisión busca ganar tiempo, precisión y equidad. Y, como resume Marta González Cordero, el impacto final no se mide solo en técnicas, sino en acompañamiento: que el paciente “esté confiado” y “se sienta acompañado” en cada etapa de un camino especialmente duro.

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