El gran cuello de botella en la IA vacunal está en el proceso de producción

La industria farmacéutica sitúa el mayor potencial de esta tecnología en la aceleración del desarrollo del sector

Vacuna testada en laboratorio. Imagen de Envato.


11 jul 2026. 16.10H
La inteligencia artificial (IA) está llamada a transformar el desarrollo de vacunas, pero su mayor impacto podría no estar donde tradicionalmente se pone el foco. Aunque la capacidad de estas herramientas para identificar nuevas dianas terapéuticas, analizar grandes volúmenes de datos o acelerar el diseño de candidatos vacunales abre un nuevo paradigma para la vacunología, desde la industria advierten de que el principal reto sigue estando en la producción propiamente dicha, como una fase mucho más tangible.


Vacunas personalizadas con IA


Solo unos días después de que diversos estudios científicos apuntaran al potencial de la IA para revolucionar el diseño de vacunas, China ha anunciado la puesta en marcha de la primera planta del mundo dedicada al desarrollo de vacunas personalizadas contra el cáncer mediante inteligencia artificial. El proyecto combina algoritmos capaces de analizar el perfil molecular de cada paciente con plataformas de producción individualizada para diseñar inmunoterapias adaptadas a cada tumor, un ejemplo de cómo la IA comienza a trascender el laboratorio para integrarse en la práctica clínica.

Este avance pone de relieve la distancia que existe entre acelerar el diseño de una vacuna y lograr que llegue antes al paciente. Precisamente así lo explican expertos del sector farmacéutico consultado por Redacción Médica, quien consideran que la IA tendrá un papel determinante en las etapas iniciales de la investigación, especialmente en la identificación de los componentes de un microorganismo capaces de inducir una respuesta inmunitaria protectora. "Toda esa parte previa se va a facilitar con la inteligencia artificial. Probablemente será ahí donde más se recorten los tiempos", señalan.

"El gran cuello de botella en la disponibilidad de una vacuna es el proceso de producción", afirman, justificando un dato que ilustra la magnitud del reto: "El 70 por ciento del tiempo de producción de una vacuna se emplea en controles de calidad; no en fabricarla, sino en comprobar en cada paso que el proceso reproduce exactamente las condiciones con las que fue autorizada".

La explicación reside en la propia naturaleza biológica de las vacunas. A diferencia de un medicamento de síntesis química, cuya materia prima presenta una gran homogeneidad, "la fabricación de vacunas parte de organismos vivos o de componentes biológicos con una variabilidad inherente". Cada lote debe demostrar que mantiene unos parámetros equivalentes a los del lote utilizado para obtener la autorización regulatoria, lo que obliga a realizar un exhaustivo proceso de verificación.

Precisamente ahí es donde los expertos consideran que la inteligencia artificial también puede aportar valor. "Hay una variabilidad biológica importante y la IA tiene mucho que decir para gestionar esa variabilidad y optimizar todo el proceso de producción", sostienen.


El reto de producir millones de dosis con garantías


Más allá de la fabricación, otra de las grandes aportaciones de la IA será la gestión de la evidencia clínica y de seguridad. La capacidad para procesar millones de registros permitirá distinguir con mayor precisión qué acontecimientos adversos están realmente relacionados con una vacuna y cuáles responden al azar o a otras causas. "Vamos a poder manejar una cantidad de datos muy grande y eso facilitará identificar qué efectos adversos son realmente imputables a la vacunación", explican.

Fuentes de la industria de vacunas coinciden en que la principal fortaleza de la IA reside en su capacidad para interpretar volúmenes crecientes de información sanitaria y convertirlos en conocimiento útil para acelerar la innovación. Según trasladan las fuentes a este medio, "la proliferación de datos sanitarios, unida a la capacidad de la IA para interpretar conjuntos de datos cada vez más amplios, ofrece el potencial de desarrollar medicamentos y vacunas más rápidamente, con mayor precisión y con una mayor probabilidad de éxito".

"La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta fundamental en la industria farmacéutica, transformando la manera en que las compañías avanzamos", señalan desde la compañía biofarmacéutica. No obstante, remarcan que esta evolución debe producirse siempre priorizando a las personas "en el centro de las decisiones y de los objetivos para los que la empleamos. Debe ser una herramienta al servicio de los profesionales sanitarios, nunca un sustituto".

Por último, respecto a las aplicaciones más disruptivas de la IA, los expertos consideran que las vacunas personalizadas tendrán mayor recorrido en ámbitos como la oncología, impulsadas por tecnologías como el ARN mensajero, que en los programas clásicos de vacunación poblacional. Al final , la industria identifica un potencial mucho más inmediato en la optimización de los procesos industriales, el análisis masivo de datos clínicos y el desarrollo de métodos alternativos que reduzcan la dependencia de modelos animales en investigación.

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