Opinión de Félix Rubial Bernárdez, médico y gestor sanitario, en el marco de la iniciativa 'Reformar para preservar: Sistema Nacional de Salud', promovida por el Comité Editorial de Redacción Médica
Escocia y el arte de escoger en sanidad
Cuando hablamos del
NHS solemos referirnos al sistema sanitario inglés. Es una simplificación frecuente que deja fuera algunas de las experiencias más interesantes que se están desarrollando en otros territorios del Reino Unido.
Escocia, con poco más de cinco millones de habitantes y competencias sanitarias plenamente transferidas desde finales del siglo pasado, impulsa desde 2015 una iniciativa que merece una atención mucho mayor de la que habitualmente recibe fuera de sus fronteras.
Se llama
Realistic Medicine y constituye uno de los intentos más consistentes de replantear qué significa ofrecer una buena atención sanitaria en una época marcada por el
envejecimiento de la población, la creciente complejidad clínica, la innovación tecnológica y unos recursos que siempre serán limitados.
La reciente conferencia anual dedicada a la Medicina Realista ha servido para comprobar hasta qué punto esta filosofía sigue ocupando un lugar central en la manera en que Escocia piensa su sistema sanitario.
Su origen se encuentra en una constatación sencilla. La medicina moderna ha multiplicado nuestra capacidad para intervenir sobre la enfermedad, pero también ha hecho más compleja la tarea de decidir cuándo merece la pena hacerlo. La cuestión fundamental gira alrededor de la
capacidad para elegir bien.
Fue precisamente esa reflexión la que impulsó a
Catherine Calderwood, entonces chief medical officer del NHSScotland, a poner en marcha una iniciativa que pretendía modificar la forma en que profesionales y pacientes toman decisiones.
La idea base parece sencilla. El mejor tratamiento rara vez puede definirse únicamente por su intensidad, por su complejidad o por el volumen de tecnología que incorpora.
Su valor depende también de cuánto encaja con la vida, las prioridades y las expectativas de la persona que lo recibe. Visto desde esta perspectiva, la medicina deja de girar exclusivamente alrededor de la enfermedad para incorporar una pregunta adicional:
qué importa realmente a la persona que tenemos delante.
Mucho más que decisiones compartidas
Con frecuencia se identifica la Realistic Medicine con la
toma de decisiones compartida. Sin embargo, esa interpretación apenas muestra una parte de la propuesta.
La iniciativa escocesa se construye sobre varios principios que forman una visión coherente de la práctica clínica y de la organización sanitaria.
Promueve la
participación activa de los pacientes en las decisiones que afectan a su salud, impulsa una atención más personalizada, reduce intervenciones de escaso valor, aborda la variabilidad injustificada, mejora la gestión del riesgo y orienta la innovación hacia resultados y experiencias que importan a las personas. En conjunto, todos estos elementos persiguen un mismo objetivo:
desplazar el foco desde la actividad hacia el valor.
La diferencia puede parecer pequeña. Sin embargo, transforma la manera de entender la asistencia sanitaria. Durante décadas hemos medido consultas, ingresos, procedimientos o listas de espera. La Realistic Medicine incorpora otra pregunta: qué beneficio generan realmente todas esas actividades para las personas.
La traducción práctica de esta filosofía resulta especialmente interesante. En muchos entornos asistenciales escoceses se anima a los pacientes a plantear
cinco preguntas antes de aceptar una prueba diagnóstica o un tratamiento: si realmente necesitan esa intervención, qué beneficios pueden esperar, qué riesgos existen, qué alternativas están disponibles o qué ocurriría si decidieran esperar.
Más allá de las respuestas concretas, el verdadero valor de estas preguntas reside en que modifican la naturaleza de la relación clínica. El paciente deja de ocupar una posición pasiva y
participa activamente en la deliberación, incorporando a la decisión aspectos que trascienden la dimensión estrictamente biomédica.
Con el paso de los años, además, la iniciativa ha ampliado progresivamente su alcance. Lo que comenzó siendo una reflexión sobre la práctica clínica se ha convertido en una forma de interpretar los desafíos contemporáneos de la sanidad.
Hoy la medicina realista habla de confianza, continuidad asistencial, accesibilidad, inclusión, prevención, bienestar profesional, inteligencia artificial y utilización responsable de los recursos. Habla, en definitiva, del
diseño de sistemas capaces de facilitar mejores decisiones.
Uno de los conceptos más sugerentes que han surgido durante esta evolución es el de
careful and kind care. La atención sanitaria consume presupuestos, infraestructuras y tiempo profesional, pero también consume tiempo, energía, atención, confianza y dignidad de quienes la reciben.
La medicina realista propone incorporar ambas dimensiones a la hora de valorar cualquier intervención. Una derivación innecesaria, una prueba redundante o un circuito mal coordinado generan
costes para la organización y también para la persona que debe recorrer ese itinerario.
La importancia de esta reflexión aumenta en un contexto donde la complejidad se ha convertido en la norma. La Realistic Medicine aporta una idea especialmente valiosa: la calidad de un sistema sanitario depende tanto de lo que hace como de su
capacidad para discernir qué merece realmente la pena hacer.
Lo que España podría aprender
España comparte con Escocia muchos de los desafíos que explican la aparición de esta filosofía. Precisamente por eso resulta interesante observar qué aprendizajes ofrece la experiencia escocesa.
El primero tiene que ver con la
confianza y con el tiempo. El modelo escocés considera que la confianza constituye uno de sus principales activos. Una confianza que depende de los profesionales, pero también de las organizaciones, de la continuidad asistencial, de la transparencia y de la capacidad del sistema para responder de manera coherente a las necesidades de la población.
La misma lógica se aplica al tiempo. Escuchar, explicar, deliberar y comprender requiere disponibilidad. La experiencia escocesa asume que
el tiempo constituye una herramienta clínica y que la personalización de la atención depende en buena medida de la posibilidad de utilizarlo adecuadamente.
La segunda enseñanza apunta hacia la
prevención y los determinantes sociales de la salud. La iniciativa escocesa insiste en que la salud se construye mucho antes de la aparición de la enfermedad.
Vivienda, empleo, educación, entorno social, cultura o condiciones económicas forman parte de la explicación de los resultados en salud tanto como los tratamientos o las intervenciones clínicas. La consecuencia resulta evidente: los sistemas sanitarios seguirán siendo esenciales, pero las mejoras más importantes en salud poblacional dependerán cada vez más de la
capacidad para actuar sobre esas condiciones que preceden a la enfermedad.
La tercera reflexión resulta especialmente pertinente en plena expansión de la inteligencia artificial. Escocia adopta una posición equilibrada. Reconoce las oportunidades que ofrecen los nuevos sistemas para mejorar diagnósticos, facilitar tareas administrativas o apoyar determinadas decisiones clínicas.
Al mismo tiempo recuerda que la interpretación, el juicio profesional y la responsabilidad continúan siendo exclusivamente humanos.
La tecnología aporta capacidad; el criterio sigue aportándolo la persona.
En España solemos prestar atención a experiencias sanitarias que se han convertido en referencias internacionales. Miramos hacia Kaiser Permanente, hacia los Países Bajos o hacia Singapur buscando respuestas a desafíos que también forman parte de nuestra realidad.
Durante ese mismo tiempo, Escocia ha desarrollado una reflexión propia sobre cómo
generar más valor para las personas en un sistema público de salud. Una reflexión construida alrededor de preguntas que cada vez resultan más relevantes para cualquier organización sanitaria occidental: qué aporta valor, qué importa realmente a las personas, cómo utilizar mejor unos recursos que siempre serán limitados o cómo preservar la confianza en tiempos de incertidumbre.
Probablemente la principal enseñanza de la Realistic Medicine resida precisamente ahí: en haber convertido esas preguntas en una forma habitual de pensar la sanidad. Copiar a Escocia probablemente carecería de sentido.
Formular las mismas preguntas puede resultar extraordinariamente útil.
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