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"Las formas de gestión son buenas o malas según sus resultados en salud"

El presidente de Sedisa mantiene su apuesta por estas estructuras, así como por la profesionalización de la gestión

Joaquín Estévez, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa).

23 ene 2017. 11.20H
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POR JOSÉ A. PUGLISI
Grandes retos para la gestión clínica durante 2017. La implementación de las unidades de gestión clínica, la profesionalización en la designación de gerentes y la humanización de los servicios serán los principales frentes. Aunque la hoja de ruta parece establecida, aún quedan ciertas incertidumbres sobre una posible privatización oculta en la sanidad o las dificultades para erradicar la ‘elección a dedo’ de los directivos. Unos miedos que, en la opinión de Joaquín Estévez, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), carecen de sentido.

¿Es la creación de las unidades de gestión clínica una forma de privatización de la sanidad?

No por definición. Como en otros casos, una forma u otra de gestionar no es buena o mala por sí misma, sino los resultados en salud y eficiencia que proporciona al sistema.

¿A qué atribuye la difusión de esta afirmación dentro del sector sanitario?

A no conocer realmente lo que es la gestión clínica, a no haberlo transmitido de forma correcta y a usar el modelo sanitario y las formas de gestión como arma arrojadiza entre partidos políticos.

¿Qué diría a quienes mantienen la postura de que las unidades de gestión clínica son contraproducentes?

Que no lo son siempre. Como quedará demostrado cuando aporten resultados, no solo económicos, sino también en salud.

¿Quiénes se oponen a la profesionalización en la designación de gerentes?

En la actualidad, la mayor parte de los directivos de la salud tienen una gran calidad en formación, capacidades y experiencia pero no es suficiente. Es necesario que, además de la profesionalización de la función directiva, se profesionalice también el sistema de nombramientos y ceses de los directivos y que dejemos de hablar de nombramientos y ceses para hablar de contrataciones y despidos por no cumplir los objetivos marcados previamente.

La oposición a la profesionalización, normalmente, no es algo que se trate de un partido político u otro sino del político en cuestión que lidera la sanidad y/o el propio partido político en el gobierno y que prefiere contar con políticos de partido que con directivos profesionales de la gestión sanitaria. Muchas veces por amiguismo y otras por una visión muy cortoplacista de la gestión.

¿Cuándo considera que España contará libre de la ‘elección a dedo’ de los directivos?

Cuando contemos con un sistema profesionalizado de nombramientos y ceses basado en la acreditación oficial de experiencia y formación y en la evaluación por objetivos.

¿Cómo avanza la propuesta realizada por Sedisa a Sanidad para un diploma de acreditación para directivos de la sanidad?, ¿ve viable que el proyecto sea retomado?

Estamos en camino de dar un paso más: la profesionalización de la gestión sanitaria y del directivo de la salud debe formar parte de la planificación estratégica del sistema y solo así, junto con el compromiso político con la despolitización de los directivos de la salud, conseguiremos la profesionalización de verdad.

En este sentido, los diplomas de acreditación tienen el inconveniente de que es una solución parcial, dado que no se exige ser o estar en posesión de un título profesional sanitario para acceder a determinados puestos directivos: ni para las gerencias, ni para las direcciones de gestión, ni para las de Recursos Humanos.

¿El signo político de los gerentes afecta la calidad de la gerencia hospitalaria o los cambios no generan fluctuaciones en los resultados?

Los directivos, como cualquier otra persona, tienen sus ideas políticas, pero su profesionalidad debe estar por encima de éstas. Trabajar por objetivos y con resultados en términos de eficiencia y en salud.

Otra cosa distinta es que el cambio de signo político provoque cambios sin justificar en los directivos, lo que puede conllevar modificaciones en la línea o modelo de gestión que, a su vez, podría repercutir en peores resultados.

La inestabilidad política podría poner en juego la sanidad. ¿Cómo se debe afrontar la gestión de la salud y de la sanidad desde el punto de vista gubernamental y político?

El sector necesita un gran pacto político que garantice la sostenibilidad, a través de la eficiencia, la implantación de la innovación como un concepto global y una forma de gestionar, la planificación de los recursos, la evaluación de la solvencia y dirija el modelo sanitario hacia la atención a la cronicidad. Bajo este pacto, los políticos y gobiernos deben dejar gestionar el sistema a los profesionales de la gestión.


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