Un MIR idea una regulación antiabusos: descansos, ratios y registro horario

La propuesta llega en pleno debate sobre el decreto que reforma las condiciones de la Formación Sanitaria Especializada

Francisco José Cebrián, R3 en Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital Universitario Doctor Peset, Centro de Salud de San Marcelino y PAS Campanar (Valencia).


30 jun 2026. 05.45H
El nuevo borrador planteado por el Ministerio de Sanidad para reformar el Real Decreto que regula las jornadas de los MIR y del resto de residentes de la Formación Sanitaria Especializada ha reabierto el debate sobre los abusos laborales durante la residencia. La propuesta ministerial limita las guardias, acota las jornadas continuadas y plantea nuevos mecanismos de control, pero para algunos residentes el problema va mucho más allá: la clave está en cómo se aplica la norma, en la supervisión real y en el uso del MIR como parte estructural de los servicios. 

Así lo argumenta Francisco José Cebrián, R3 en Medicina Familiar y Comunitaria, quien considera que el abuso al residente responde a un problema "multifactorial" y la solución no es simplemente limitar el número de guardias. A su juicio, hace falta una regulación estatal más amplia que blinde descansos, controle el límite de horas semanales implantando un registro horario, marque un mínimo de ratios de tres o cuatro residentes por adjunto y prohíba que los R1 estén solos en Urgencias

Superar el mínimo de guardias MIR

Uno de los puntos centrales de su propuesta es acabar con la idea de que el MIR pueda superar los límites de jornada mediante un consentimiento "voluntario", uno de los elementos más controvertidos del nuevo borrador de Sanidad. Cebrián considera que esa voluntariedad es difícil de sostener en una relación jerárquica en la que el residente depende del Servicio y de su evaluación formativa. "Ni con el consentimiento del médico se pueden rebasar las 48 horas a la semana", resume Cebrián, que recuerda que ese límite europeo protege la salud del profesional y, por tanto, no debería ser renunciable.

No obstante, hay residentes que igualan o incluso superan las siete guardias que fija como máximo el Real Decreto 1146/2006 y es que el máximo semanal puede alcanzarse facilmente con cinco guardias al mes si no se libran viernes y sábados, algo que "en la práctica no sucede en todas las comunidades autónomas".  

En esa línea, defiende que todo el tiempo de guardia compute íntegramente como jornada laboral, tal y como ya estableció la justicia europea. "Las horas de guardia se consideran complementarias", critica Cebrián y reclama reconocerlas como horas extraordinarias y que "todo lo que se tributa" también cotice. Así advierte de que muchos residentes trabajan por menos de 10 euros netos la hora y que, a partir de la quinta guardia, el efecto del IRPF reduce de forma notable el rendimiento económico de cada jornada adicional. Según expone, desde 2009 el poder adquisitivo de los MIR se ha reducido hasta un 30 por ciento.

Respecto a los descansos durante la guardia. Defiende que, "a reloj parado", debería garantizarse una hora para cada comida principal, la cobertura de necesidades básicas y un reparto equitativo de la noche para descansar, por ejemplo, en turnos de cuatro horas. Sin embargo, advierte de que no dormir, hacerlo de madrugada o comer en la propia consulta mientras se redactan informes se ha normalizado por la precariedad, el aumento de la demanda y la falta de crecimiento de las plantillas.

Registro horario en el MIR


Otro de los ejes de su idea es limitar los turnos a 12 horas para acabar con las guardias y con situaciones en las que se pueden llegar a hacer jornadas de 36 o incluso 48 horas al sumar guardia y consulta. Cebrián vincula esta situación a la falta de plantilla y la presión asistencial por lo que señala la necesidad de contratar más médicos para reforzar los Servicios.  

Esa presión asistencial impacta directamente en la seguridad del paciente y en la formación del residente. El MIR, especialmente durante la noche, constituye "buena parte, si no la mayoría" de la plantilla médica de Urgencias, lo que le empuja a asumir un volumen de pacientes que puede ser peligroso por la fatiga acumulada y por la desproporción entre las competencias exigibles y las realmente exigidas. A ello se suma, la falta de supervisión por parte del adjunto que impide aprender adecuadamente de la actividad asistencial.

A su vez, considera imprescindible implantar un registro horario que controle el número de horas que realiza cada médico residente y comprobar si se cumplen los descansos: 12 horas de descanso mínimo entre jornadas, 24 horas tras la guardia y al menos 36 horas de descanso semanal.

Plazas de díficil cobertura 


También reclama medidas específicas para las plazas de difícil cobertura y el medio rural. A su juicio, los incentivos actuales resultan insuficientes en algunos territorios y no compensan el coste de cubrir zonas que se despueblan. "Nuestra labor no sólo es salutogénica, es demográfica, es social y es económica", sostiene, antes de advertir de que muchos consultorios se han ido vaciando por decisiones administrativas que han privado a comarcas enteras de asistencia médica básica.

Para Cebrián, que estas medidas empiecen ahora a entrar en el debate normativo evidencia el retraso acumulado en la protección laboral de los residentes. "Que se celebre que estas medidas -ya vigentes en toda Europa- entren por fin en un borrador dice mucho de dónde partíamos, y más, si cabe, de cuánto camino nos queda por recorrer", concluye. 
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