Preparar el MIR con un embarazo de por medio: "Fue muy difícil físicamente"

María José relata cómo preparó el examen estando embarazada hasta conseguir su plaza en Medicina Familiar y Comunitaria

María José, residente de primer año de Medicina Familiar y Comunitaria.


07 jul 2026. 06.00H
Preparar el examen MIR ya es, de por sí, un reto exigente. En el caso de María José, ese proceso coincidió con un embarazo y, meses después, con la crianza de un recién nacido. Las náuseas, el cansancio constante y las noches de estudio marcaron una etapa en la que apenas había espacio para otra cosa. "Mi vida era el bebé, la casa y el estudio", resume a Redacción Médica. Hoy, el esfuerzo ha tenido su recompensa y es residente de primer año de Medicina Familiar y Comunitaria


Siempre vinculada a la Medicina 


A los 16 años, María José descubrió que quería estudiar Medicina. "Recuerdo que en una visita a una universidad pública de mi país nos enseñaron las instalaciones del área de salud, incluida la morgue. Toda aquella experiencia me impactó mucho", relata.

Además, creció vinculada al ámbito sanitario gracias al trabajo de su madre, secretaria de un médico, y, con el apoyo de ella, pudo cursar la carrera en una universidad privada. 

En marzo de 2024, la futura especialista se trasladó a España con el objetivo de reunirse con su madre, que hacía tiempo que vivía en Murcia. "Preparé toda la documentación y vine directamente para iniciar el proceso de homologación", señala. María José cuenta que su objetivo siempre fue venir, homologar su título de Medicina y preparar el examen para ser residente médico.

"Preparé toda la documentación y vine directamente para iniciar el proceso de homologación" 



Estudiar el MIR embarazada 



Pero María José se quedó embarazada y, de repente, el camino para aprobar el examen se convirtió en un desafío aún mayor. "Compaginar ambas cosas fue muy difícil físicamente, ya que los síntomas los tuve desde el quinto mes", recuerda. No podía tolerar la mayor parte de la comida y, como consecuencia, solía tener muchas naúseas.

La residente se matriculó en una academia, con clases una vez a la semana y un cronograma de estudio diario estricto que debía cumplir."Fue un cansancio mental muy grande. Muchas veces pensé en desistir, no presentarme ese año, y postergarlo para la convocatoria de 2027 o 2028", reconoce.

Incluso, había días en los que el sueño y el cansancio constante pesaban más que las ganas de esforzarse. "Cogía los manuales y ni siquiera podía terminar un capítulo", explica la médica, que tuvo que adaptar la rutina y disminuir el ritmo. Solo los test, que realizaba al final del día, le ayudaban a concentrarse.

"Muchas veces pensé en desistir, no presentarme ese año, y postergarlo para 2027 0 2028" 


El postparto y el día del examen 


Sin embargo, el momento más duro llegó tras el parto, a finales de abril, y apenas en junio comenzó el intensivo de la academia. "Con un bebé tan pequeño tuve que adaptarme completamente a sus horarios para aprovechar sus siestas para estudiar y hacer las tareas de la casa", explica. Sentía que los días se le quedaban cortos y su vida giraba en torno a su bebé, la casa y el estudio. 

El día del examen lo recuerda con muchos nervios, sola y emocionalmente abatida. "Mi esposo y mi madre se quedaron con el bebé. Vi que casi todos estaban acompañados por sus familias y amigos, y eso me afectó un poco", recuerda.

Fueron esos mismos nervios los que marcarían el inicio de la prueba: "Al principio sentía que no entendía nada; después de aproximadamente una hora empecé a coger el ritmo". Pero María José admite que nunca logró concentrarse por completo. "Constantemente pensaba en qué estaría haciendo mi bebé", afirma la residente, que consiguió acabarlo, aunque tras "una montaña rusa de emociones".

"Ví que casi todos estaban acompañados de sus familias y amigos, y eso me afectó un poco"



La vida como residente y madre 


Actualmente, María José vive una etapa nueva de su vida en la que busca el equilibrio entre lo familiar y su formación como residente médica en el Centro de Salud Oeste de Cieza, en Murcia. 

Ya ha realizado su primera guardia, una experiencia que recuerda con muchos nervios. "Ejercer tu profesión en otro país, con protocolos y normas diferentes…", rememora al volver a aquel momento.

Tras jornadas de trabajo de ocho horas y guardias de 24, la médica regresa a casa para compartir tiempo con su marido y su hijo, a los que describe como su pilar fundamental de motivación. "Elegí Medicina de Familia porque quería calidad de vida y flexibilidad", destaca María José, que también subraya que cada vez disfruta más del aprendizaje diario. 
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