No basta con medir la dificultad; hay que auditar la justicia del
examen MIR 2026. José Curbelo, médico internista y docente, ha sometido el
MIR 2026 a un análisis psicométrico crítico. Sus datos revelan que, en al menos cinco preguntas, la tasa de acierto no correlaciona con el conocimiento médico, sino con la aleatoriedad o la destreza en la
"técnica de test", un fallo estructural que penaliza a los opositores mejor preparados.
La calidad de una pregunta de examen reside en su capacidad de discriminación. Curbelo explica que un ítem bien diseñado dibuja una línea ascendente: a mayor nota global en el examen MIR, mayor probabilidad de acertar esa pregunta específica, como ocurrió con la número 15 de este año. Sin embargo, el docente alerta sobre la existencia de gráficas
"totalmente planas o descendentes" en otros puntos de la prueba.
Esto señala una anomalía estadística: los aspirantes que más demostraron saber en el resto del examen fallaron aquí, mientras que perfiles con menor puntuación acertaron. El internista atribuye esto a
enunciados mal planteados o a un nivel de especialización tan obtuso que convierte la respuesta en una lotería.
El análisis identifica cinco "puntos negros" en el cuestionario. En el quinto lugar, Curbelo señala una pregunta de Cirugía Plástica —
ya propuesta para anulación por varias academias— cuya resolución resultó "prácticamente aleatoria". Le siguen en el ranking cuestiones sobre glucemias en el embarazo y Farmacología. Aunque la información científica de base pueda ser correcta, el experto argumenta que estos ítems no cumplen la función del examen:
"No diferencian al que más sabe del que menos sabe".
El factor suerte del examen MIR
La distorsión es más evidente en la parte alta de esta clasificación negativa, elaborada a partir de los datos recopilados en la plataforma
Escuelamedica.com. El segundo puesto lo ocupa una pregunta de Infecciosas, tan compleja que penalizó a los mejores expedientes. Pero el caso más paradigmático es la pregunta sobre complicaciones quirúrgicas de páncreas, situada como la menos discriminativa de todas. Curbelo admite haberla acertado "sin tener ni idea", valiéndose únicamente de estrategias de descarte. "No es el objetivo que la gente acierte por técnica de test, sino que realmente midan el conocimiento que hay detrás", sentencia.
Ante estos hallazgos, el docente propone un cambio de criterio a la Comisión Calificadora del examen MIR. Sugiere que el Ministerio utilice la psicometría de su propia muestra masiva para decidir las anulaciones. Si los datos confirman que una pregunta castiga sistemáticamente el conocimiento, ese patrón matemático debería ser motivo suficiente para su retirada.
Curbelo concluye con una reflexión pragmática para futuras convocatorias: "Un sistema de selección sanitaria no debe permitirse preguntas donde la estadística demuestre que el azar pesa más que el estudio".
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