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La primera MIR 2026 de la privada: "He roto los esquemas de mi familia"

Cristina Arroyo tiene claro que los objetivos se logran "independientemente de si estudias en la pública o la privada"

Cristina Arroyo ha optado por Dermatología en el Hospital Ruber Internacional para su residencia.


05 may 2026. 17.30H
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Un árbol genealógico marcado por la Medicina. Abuelos, padres, tíos, hermanos. Todos ellos facultativos de distintas especialidades. Ninguna trayectoria, y ninguno de estos campos, son como el suyo. Cristina Arroyo está cerca de cumplir los 25 años y acaba de consagrarse como la primera MIR en escoger su residencia en la sanidad privada. Un hecho anómalo en su propia familia que, a pesar de ese legado sanitario, nunca había hecho la residencia en el sector privado. Y ella misma es consciente. “He roto los esquemas de mi familia”, confiesa a lo largo de una entrevista con Redacción Médica en la que muestra su pasado y presente, y un futuro cagado de incertidumbre pero que afronta con “entusiasmo”.

La médica ya ha elegido destino. Con el número de orden 244, esta madrileña ha optado por realizar su residencia en el Hospital Ruber Internacional. Este periódico se hizo eco de la notica momento después de la elección, y pocas horas después de alzarse con esa primera decisión en la sanidad privada, Arroyo revela las razones que le han llevado a adentrarse en el mundo de la Dermatología en el sector, así como a aportar su visión sobre el sistema sanitario en su conjunto.


La 'ruptura de esquemas' con el MIR en la privada


Lo primero, el pasado. La base de lo que ya es. Una MIR. “Tengo fotos vestida de médico de cuando tenía dos años”, recuerda en una conversación con este periódico. “He crecido en una casa donde nunca tuve dudas de que quería dedicarme a esto”, señala haciendo alusión a su trayectoria familiar que ha estado predominantemente vinculada a la Medicina.

"Dermatología es una especialidad muy versátil que combina diversas técnicas y patologías"


Precisamente, Arroyo será la primera dermatóloga de su familia. También será la primera en realizar la residencia en un centro de titularidad privada, y es que según explica a este periódico, uno de sus hermanos estuvo cerca de hacer el mismo camino, pero no lo logró. “He roto los esquemas de mi familia”, explica mientras hace referencia a ese legado.



“Medicina es una carrera muy vocacional”, comienza. Así es cómo rememora el momento en el que decidió que su vida estaría vinculada a esta profesión. Y a un recorrido en el que el ámbito privado ha marcado su camino.

Arroyo optó por estudiar en la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Fue allí, y en tercero, cuando descubrió la Dermatología. “Me pareció una especialidad muy versátil que combina diversas técnicas y patologías con un gran impacto en el día a día de las personas. Cuando empecé las rotaciones hospitalarias y vi la práctica clínica, se convirtió definitivamente en mi opción favorita”, señala.

Aún así, cuenta que tenía un ‘plan B’. “Me gustaba la Neurología. Sabía que conseguir Dermatología era muy complicado, así que me preparé muchísimo para el MIR intentando conseguir lo que de verdad quería”, comenta.

“No hay ningún problema en estudiar en una universidad privada o en hacer la residencia en la sanidad privada”, apunta a lo largo de la conversación. Ese estigma parece haberse roto. “Se dice mucho que la pública es mejor, pero he comprobado que puedes conseguir lo que te propongas independientemente de si estudias en una pública o privada; lo que importa es el esfuerzo que uno ponga”.

"No hay ningún problema en estudiar en una universidad privada o en hacer la residencia en la sanidad privada"


Parece que bien conoce el esfuerzo. Hace apenas seis meses, esta madrileña fue galardonada con el Premio Extraordinario a Mejor Expediente Académico de su universidad. Y todo ello con un ‘secreto’ que ahora comparte: “Supe mantener el equilibrio con mi vida personal”.

No considero que la formación en un hospital sea mejor por ser público o privado; cada persona debe buscar la mejor alternativa para su aprendizaje”, señala en referencia al sector sanitario privado. El Hospital Ruber Internacional es uno de los centros de la sanidad privada, y no por ello se ha echado atrás a la hora de escoger este espacio para formarse como dermatóloga.

Y es aquí donde, de nuevo, su familia vuelve a estar entre sus palabras. “Soy pionera”, dice en referencia al cambio de trayectoria tanto de especialidad como de sector que afronta. “Mis padres hicieron la residencia cuando no existían hospitales privados para ello y mis hermanos la hicieron en la pública. He roto los esquemas en mi casa”, confiesa.

El futuro. Un destino que encara una joven de casi 25 años y que, al igual que la mayoría de gente de su edad, está lleno de incertidumbre. “Estoy muy entusiasmada por empezar a trabajar y aprender de verdad”, relata. Y aquí llegan sus objetivos: “Quiero enfocarme, dar lo máximo de mí y ayudar a la gente”.

En este punto llega la cuestión. ¿Cree que a lo largo de su vida laboral compatibilizará la sanidad pública con la privada? Apenas duda. “Por supuesto que lo valoro, pero mi única preocupación es centrarme en estos cuatro años de formación, tanto en lo técnico como en lo humano”, sentencia.
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