Aunque el programa oficial de Radiodiagnóstico contempla rotaciones, guardias, sesiones formativas y actividad investigadora, un reciente estudio pone de manifiesto que los
MIR en España enfrentan obstáculos que limitan la
adquisición completa de todas las habilidades necesarias en esta especialidad. Esto se traduce, por lo tanto, en
una brecha entre la formación y las
competencias que necesitan para desenvolverse con éxito en la práctica clínica diaria.
Y es que, desde su reconocimiento como especialidad MIR diferenciada en 1984, el rol del radiólogo ha evolucionado, incorporando
avances tecnológicos, responsabilidades en comités multidisciplinares, dominio del intervencionismo y, idealmente,
participación en investigación. Sin embargo, algunos de los problemas que condicionan la docencia son estructurales.
Obstáculos estructurales
La
falta de estaciones de trabajo suficientes, la escasez de salas de informes o la obsolescencia de sistemas informáticos PACS dificultan la enseñanza efectiva. Estas limitaciones, que a menudo escapan al
control directo de los profesionales, constituyen una primera barrera para garantizar una formación adecuada.
A estos factores se suma la expansión del teletrabajo. Aunque esta modalidad puede mejorar la
calidad de vida de los profesionales, plantea interrogantes formativos relevantes, ya que el trabajo realizado a distancia no es visto por los MIR. Si no existe un marco formativo claro, la generalización de esta modalidad puede suponer un riesgo en una especialidad que
requiere supervisión constante, retroalimentación inmediata y
corrección de errores en tiempo real.
Los autores apuntan que una combinación equilibrada entre
presencialidad y trabajo a distancia podría permitir una formación correcta, pero
advierten del peligro de implantarlo sin una planificación docente específica.
Sobrecarga asistencial y menos tiempo para enseñar
Otro de los grandes desafíos es la sobrecarga asistencial. El
volumen y la complejidad de los estudios radiológicos han aumentado hasta
un 80 por ciento en los últimos años sin que se haya producido un crecimiento proporcional de las plantillas. Esta presión reduce de forma drástica el
tiempo disponible para la docencia y compromete la calidad de la formación MIR.
Pero la sobrecarga no solo impacta en el
aprendizaje de los residentes, sino que también incrementa el
riesgo de burnout, errores diagnósticos y
aislamiento profesional entre los propios formadores. En ese contexto, la actividad docente puede pasar a ocupar el último lugar entre las prioridades del día a día asistencial.
A pesar de estas dificultades, los servicios continúan formando MIR siguiendo el programa oficial, que contempla
sesiones clínicas, asistencia a congresos,
formación continuada, actividad investigadora, rotaciones por todas las áreas y
realización de guardias. Sin embargo, la amplitud de la especialidad, marcada por la divergencia entre el diagnóstico puro y el intervencionismo, genera en muchos residentes una sensación de "inabarcabilidad".
Por eso, algunos residentes optan por superespecializarse de forma temprana. Otros, por el contrario, prefieren retrasar la decisión por temor a equivocarse. Así, el estudio plantea varias preguntas sobre el modelo formativo más adecuado: ¿debería facilitarse la superespecialización precoz o priorizar una formación generalista durante toda la residencia?
La investigación, el punto débil
El interés por la investigación constituye
otro de los puntos frágiles de la formación en Radiología. Una encuesta de la Sociedad Europea de Radiología realizada en 2021 reveló que
casi la mitad de los residentes (47,8 por ciento) nunca habían publicado un manuscrito indexado. Entre quienes sí lo habían hecho, la mayoría había desarrollado el trabajo
fuera de su horario laboral y sin formación estadística ni orientación específica por parte de su unidad docente sobre cómo redactar un artículo científico.
En este contexto,
la investigación suele depender de la
voluntad y motivación individual, convirtiéndose en una actividad que se realiza en el tiempo libre y sin remuneración. Si se percibe como un "hobby", los autores del análisis se preguntan qué sentido tiene q
ue forme parte del currículum esperado del residente.
El papel emergente de la Inteligencia Artificial
Además, la inteligencia artificial (IA) aparece en el texto como un elemento ambivalente:
genera expectativas y temores a partes iguales. Una vez implementada, podría asumir tareas rutinarias como protocolizar estudios, realizar preinformes, segmentar o medir lesiones. Esto, en teoría,
liberaría tiempo para la docencia y la investigación.
Además, la IA podría convertirse en una herramienta docente,
adaptándose a las necesidades individuales del MIR y favoreciendo una "educación de precisión personalizada". Sin embargo, esta transformación requerirá
una inversión significativa de recursos económicos y tiempo. Los autores subrayan que los residentes deberían recibir una formación progresiva en estas competencias emergentes, ya que serán herramientas de uso inevitable en su futuro profesional.
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