Javier Galán, número 4 del
examen MIR, ha roto la tendencia de los mejores expedientes tenía claro que iba a rechzar ramas tan demandadas como la Dermatología para especializarse en Medicina Interna en el Hospital Virgen del Rocío (Sevilla). El joven médico de Martos (Jaén) confiesa que quiere orientar su inminente carrera como residente hacia el
estudio del paciente pluripatológico y el manejo de las enfermedades infecciosas, fijando su meta profesional en las aulas para culminar su vocación como profesor universitario.
Y es que, la Medicina actual avanza hacia una
hiperespecialización anatómica que corre el riesgo de fragmentar la atención clínica. Frente a esta inercia, Galán argumenta a
Redacción Médica que la
Medicina Interna permite no ver solo una parte concreta de la persona, sino estudiar al paciente al completo. Esta afinidad por la fisiopatología sistémica le liberó de la presión numérica durante la preparación de la prueba, puesto que disciplinas tradicionalmente más demandadas como la
Dermatología o la Cirugía Plástica nunca despertaron su interés. "Derma sí la hemos dado en la carrera y yo la vi y decía, no le veo la gracia", aclara el facultativo sobre su descarte de las opciones más populares. Lejos de asumir un rol consultivo de carácter residual, el jiennense defiende que el internista debe erigirse como el
verdadero nexo estructural del hospital para conectar los hallazgos clínicos de las distintas especialidades.
Carencia administrativa
El diseño formativo de su residencia obedece también a un fallo burocrático del sistema sanitario, dado que
Enfermedades Infecciosas constituye su verdadera pasión pero carece de acceso directo por vía MIR. Galán lamenta esta situación y detalla que la Medicina Interna "representa el
cimiento formativo ineludible para comprender el impacto orgánico de los microorganismos". El abordaje holístico resulta fundamental en esta área, matiza el andaluz, quien dirige su curiosidad científica hacia patologías importadas y amenazas emergentes. "El tema de la
resistencia a antibióticos es un tema de muchísima actualidad, un problema al que posiblemente tengamos que hacer frente dentro de no mucho tiempo", advierte sobre los próximos retos de la salud pública y poniendo el acento también en el área de enfermedades tropicales.
Vocación universitaria
La práctica clínica a corto plazo exige integrar herramientas computacionales, una tecnología que el futuro especialista percibe como el motor idóneo para
automatizar procedimientos mecánicos y aligerar los trámites burocráticos. En una especialidad con diagnósticos diferenciales tan complejos, Galán recuerda que "la
inteligencia artificial resultará clave para orientar decisiones y proporcionar bibliografía fiable de forma rápida".
Sin embargo, el manejo de estas bases de datos informáticas y el trabajo a pie de cama completan solo una fracción de su proyecto vital. El joven subraya que su horizonte profesional apunta directamente hacia la enseñanza, por lo que asume el reto de
compaginar la asistencia clínica y la investigación doctoral. "A mí me gusta la docencia en la universidad. Me gustaría dar clases en la facultad", sentencia sobre sus objetivos a largo plazo.
Consciente de la complejidad del camino escogido, el número 4 del MIR inicia su etapa hospitalaria
priorizando el raciocinio clínico por encima del intervencionismo técnico. El médico asume que la subespecialización resulta innegociable en una ciencia casi infinita, pero la Medicina moderna requiere inevitablemente de
perfiles transversales que salvaguarden esa visión general que difícilmente alcanzan quienes solo miran una parte aislada del cuerpo humano.
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