La
muerte de un residente de Anestesiología del Hospital Universitario de Canarias (Tenerife) ha elevado a tres los
fallecimientos de médicos en formación en España durante este ejercicio. La
Asociación MIR España ha enmarcado la tragedia en unas condiciones laborales críticas, mientras que compañeros del centro han denunciado la pasividad de la gerencia ante "un modelo de trabajo que fractura la salud mental de los profesionales". En este contexto, Ana Isabel Gutiérrez, psicóloga, advierte de que el
malestar psicológico entre médicos jóvenes y residentes no puede analizarse únicamente desde el plano individual. En su consulta se repiten patrones de agotamiento extremo, ansiedad anticipatoria, insomnio, irritabilidad, síntomas depresivos y una sensación persistente de no estar a la altura.
"Los residentes y perfiles laborales similares llegan con un discurso de autoexigencia brutal: sienten que tienen que poder con todo, que no pueden fallar, que no pueden mostrarse vulnerables y que pedir ayuda sería una forma de debilidad", señala Gutiérrez a
Redacción Médica. A ello se suma un sentimiento de culpa constante: por descansar, por no estudiar más, por no llegar a todo o por haber cometido un error. "En Medicina, además, el malestar psicológico suele estar muy ligado a la identidad profesional. No es solo 'estoy cansado'; es 'quizá no sirvo para esto'. Esa
fusión entre valor personal y rendimiento profesional es muy peligrosa", añade.
Cansancio tras una guardia o una situación límite
La psicóloga diferencia entre el
cansancio esperable tras una guardia y una situación en la que el residente ya está
psicológicamente sobrepasado. En el primer caso, el agotamiento mejora con descanso, sueño, desconexión y apoyo. La persona puede salir exhausta de una jornada, pero recupera cierta capacidad de disfrute, concentración y perspectiva.
La alarma aparece cuando ese agotamiento deja de remitir. "Debemos preocuparnos cuando la persona empieza a funcionar en modo automático, cuando aparecen
síntomas persistentes: insomnio mantenido, llanto frecuente, ansiedad antes de ir al hospital, miedo intenso a equivocarse, aislamiento, cinismo, embotamiento emocional, consumo de fármacos o alcohol para aguantar, pensamientos de inutilidad o de desaparecer", explica Gutiérrez.
Para la psicóloga, la clave no está solo en el cansancio, sino en la
pérdida de recursos internos. "Cuando alguien siente que ya no puede pedir ayuda, que nada va a cambiar o que él mismo es el problema, estamos ante una situación clínicamente mucho más grave", subraya.
La pérdida en Tenerife agrava una estadística que ya sumó su segundo caso en abril, cuando
Metges de Catalunya y la Asociación MIR España confirmaron el fallecimiento de otro facultativo residente en la comunidad catalana. Ambas entidades exigen desde entonces una intervención urgente de las administraciones para abordar la
ausencia de protocolos de prevención y la falta de respaldo psicológico efectivo para profesionales que encadenan jornadas extenuantes.
No obstante, ante esta situación, Gutiérrez pide prudencia a la hora de analizar estos casos, pero también rechaza que se miren como episodios desconectados del contexto laboral. "Nunca debemos simplificar un suicidio ni reducirlo a una sola causa. Cada muerte tiene una historia personal, clínica y vital compleja. Pero cuando se repiten casos dentro de un mismo colectivo sometido a
condiciones similares de presión, jerarquía, sobrecarga, sueño insuficiente y miedo a pedir ayuda, ya no podemos mirar únicamente lo individual porque esas circunstancias pueden ser una concausa relevante", afirma.
Condiciones laborales en el MIR
Uno de los aspectos que resalta esta psicóloga es el hecho de que los MIR tardan en pedir ayuda. "Con frecuencia llega tarde. Muchos han aguantado meses o años antes de consultar. Llegan cuando el cuerpo ya no puede más: crisis de ansiedad, bloqueo, insomnio severo, síntomas depresivos,
ideas de abandono de la profesión o incluso ideación suicida", detalla.
Entre los factores que explican esa demora, la psicóloga señala la falta de tiempo, el miedo a que no se respete la confidencialidad, el estigma, el temor a que conste en algún expediente o a perder oportunidades profesionales. También apunta a una
cultura sanitaria que sigue transmitiendo que "el buen profesional aguanta". "Además, muchos sanitarios tienden al autodiagnóstico y al autotratamiento. Estamos entrenados para cuidar, pero no siempre para dejarnos cuidar", resume.
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"La cultura sanitaria sigue transmitiendo que el buen profesional aguanta"
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Ese miedo a que pedir apoyo psicológico pueda perjudicar la reputación o el futuro profesional no es, a su juicio, completamente infundado. "Desde el punto de vista formal, pedir ayuda psicológica no debería perjudicar a nadie. Pero desde el punto de vista cultural, muchos médicos han visto o han sentido que
mostrar fragilidad puede interpretarse como falta de competencia, poca resistencia o incapacidad para soportar la presión", explica.
Por eso, considera que el problema no se limita a la existencia de recursos, sino a la confianza real en ellos. "Si el residente teme que consultar pueda convertirse en un comentario de pasillo, en una etiqueta o en una sospecha sobre su capacidad, no va a pedir ayuda a tiempo.
La confidencialidad debe ser real, explícita y garantizada", insiste.
Prevención activa y responsabilidad institucional
Las organizaciones médicas reclaman medidas normativas y asistenciales inmediatas que
alivien la carga mental de los facultativos y revisen un modelo formativo que, según denuncian, penaliza la vulnerabilidad de sus trabajadores. Para Gutiérrez, el cambio debe ser cultural, pero también organizativo. "Decir 'no puedo más' debería ser entendido como una señal de responsabilidad, no como una confesión de debilidad", sostiene. Para lograrlo, defiende
protocolos claros, circuitos confidenciales, supervisión emocional, formación de tutores y jefes de servicio, y espacios reales de escucha.
No obstante, habría que atajar el foco del problema y considera necesario revisar la condiciones laborales del MIR:
descansos, guardias, carga asistencial, ratios, tutorización y jerarquías abusivas.
"No se puede pedir resiliencia individual mientras el sistema mantiene condiciones que enferman", advierte.
La psicóloga subraya además el
papel de los responsables de los servicios y de las direcciones hospitalarias. "Cuando una jefatura valida el malestar, protege al profesional y facilita ayuda, reduce el estigma. Cuando minimiza, culpabiliza o mira hacia otro lado, aumenta el riesgo", afirma.
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"No se puede pedir resilencia individual mientras el sistema se mantiene condiciones que enferman"
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En
prevención del suicidio, Gutiérrez rechaza que el sistema espere de forma pasiva a que el profesional pida ayuda. "No basta con esperar. Precisamente uno de los grandes problemas en sanitarios es que piden ayuda tarde.
Un sistema preventivo no puede depender únicamente de que la persona, ya sobrepasada, tenga fuerzas para levantar la mano", explica.
La psicóloga recuerda que los hospitales deberían
detectar de forma activa señales de alarma como cambios bruscos de conducta, aislamiento, errores repetidos, deterioro del sueño, irritabilidad, llanto, verbalizaciones de desesperanza, consumo de sustancias, absentismo o presentismo extremo. Esa detección, precisa, debe hacerse desde el cuidado y no desde la vigilancia punitiva.
En este sentido, Gutiérrez propone modelos como los
programas de apoyo entre pares y de intervención escalonada, con un primer nivel dentro del equipo, un segundo nivel con profesionales entrenados para acompañar y detectar riesgo, y un tercer nivel de atención especializada inmediata en psicología y psiquiatría. Pero insiste en que no basta con que el protocolo exista en papel: "Tiene que ser conocido, accesible, confidencial, rápido y respaldado por la dirección del hospital".
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