El jefe de Otorrinolaringología del
Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS), Andrés Soto, va a recibir en el mismo Servicio a su propio hijo. Tras obtener una de las mejores puntuaciones en el examen MIR y la mejor de Galicia, tenía capacidad para elegir prácticamente cualquier destino. Pero la elección final, sin embargo, apuntó a casa. "Ya sospechaba que podía pasar, pero la confirmación fue una alegría", asegura en
Redacción Médica.
La vocación, en este caso, tiene un evidente
componente familiar. Aunque el nuevo residente dudó entre varias especialidades, Radiología entre ellas, la Otorrinolaringología terminó imponiéndose. "Negar que alguna influencia ha tenido sería absurdo", admite Soto, ya que explica que "lleva toda la vida oyendo hablar de la especialidad en casa y viendo cómo su padre va a congresos". "Y bueno,
bendita influencia", dice entre risas.
Entre la ventaja y la exigencia extra
Aunque trabajar en el mismo Servicio que su padre puede parecer una ventaja, Soto introduce matices. "Va a territorio conocido,
sabe cómo funciona el hospital, eso es un beneficio", apunta. Sin embargo, también señala el principal riesgo: la percepción externa. "Es posible que en algún momento tenga que trabajar más que los demás para que nadie piense que hay
trato de favor", afirma con rotundidad. Una idea que niega varias veces: "No lo habrá".
Así, recuerda que además el jefe de Servicio de un hospital generalmente "tiene muy poca influencia y
contacto directo en el día a día de los MIR". En ese sentido, insiste en que
su hijo será "un residente más", ya que la formación depende fundamentalmente de los tutores y del propio sistema MIR, que marca de forma muy estructurada el progreso de los médicos en formación.
Sobre el futuro profesional de su hijo, Soto
descarta cualquier excepcionalidad. "El aprendizaje es progresivo, supervisado y muy protocolizado", explica, especialmente en especialidades quirúrgicas como la suya. "No se trata de plantearse desde el inicio técnicas complejas, sino de
avanzar paso a paso", añade, insistiendo en que ese proceso es igual para todos: adquisición de conocimientos por esfuerzo propio y desarrollo de habilidades bajo supervisión constante.
Padre y jefe: un equilibrio delicado
La convivencia de
los roles personal y profesional introduce, no obstante, un elemento de incertidumbre. "Hay que tener cautela para no mezclar ámbitos", reconoce. Aun así, no prevé grandes dificultades debido a la estructura del sistema formativo. En lo personal, su postura es clara:
acompañar sin interferir. "Intentaré ser lo menos intervencionista posible y que siga su propio camino", afirma. Eso no impide que esté disponible cuando haga falta: "Los consejos que pida se los daré… y alguno que no pida también".
Más allá de la formación clínica, Soto subraya la importancia de una visión completa de la profesión médica. "La formación de un residente no debe ser solo asistencial, t
ambién en investigación y docencia", apunta, adelantando que su hijo ya muestra interés en realizar una tesis doctoral.
Un MIR exigente y con polémicas
Sobre la última convocatoria del MIR, el jefe de Servicio destaca el
alto nivel de exigencia. "Detrás de un buen número hay siempre muchas horas de trabajo, no hay milagros", recalca. Aunque reconoce que este año ha estado marcado por "incidencias y polémicas en los procesos", lanza un mensaje positivo: "Hay muchos médicos esforzándose mucho, y eso es una buena señal. Son quienes nos cuidarán en el futuro".
La incorporación de su hijo al equipo abre una etapa singular en el hospital compostelano, donde lo familiar y lo profesional convivirán con cuidado. Para Soto, más allá de lo anecdótico, la clave es clara:
normalidad, esfuerzo y mérito.
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