Hay experiencias que pueden impulsar a que una persona cambie su vida por completo para cumplir su objetivo de ser
médico.
Shay Taylor es una prueba de ello. Tras ser conserje durante 10 años en el Yale New Haven Hospital de Connecticut, en
Estados Unidos, centro sanitario en el que nació, una serie de condiciones familiares le llevaron a plantearse
cambiar su uniforme de limpieza por la bata blanca, con el objetivo de ayudar a las personas que reciben un trato desigual en el sistema de salud norteamericano. Una carrera compleja como Medicina puede
aumentar su dificultad cuando el estudio se hace en los descansos de la comida o al llegar a casa después de una larga jornada laboral, experiencias que ha relatado Taylor en una entrevista a
Redacción Médica, después de que su historia haya recorrido el mundo.
Naciste en el hospital en el que has estado trabajando durante diez años como conserje y ahora quieres trabajar allí como médica. ¿Lo consideras un lugar de trabajo o como tu hogar de alguna forma?
Definitivamente es como un hogar. En Estados Unidos tenemos rotaciones externas, donde podemos ir allí y ver si ese es el hospital en el que queremos trabajar. Fui allí en octubre del año pasado y pude pasar un mes de rotación en Yale, y definitivamente me sentí como en casa. Es decir, conocía a todo el mundo allí. Conocía a todos los trabajadores, desde el equipo de limpieza hasta, ya sabes, obviamente, la directora general. Así que conocía a muchísima gente. Todos me hicieron sentir tan bienvenida y tan querida que fue como si simplemente estuviera volviendo a casa.
¿Por qué elegiste volver allí a trabajar como conserje años después de haber nacido allí? ¿Cuántos años tenías cuando empezaste a trabajar en limpieza?
Tenía solo 18 años. Así que hacía un año que había terminado la escuela secundaria, y lo hacía para apoyar a mi madre. Simplemente busqué un trabajo para ayudar a mantener a mi familia. Y luego, unos 10 años después, fue cuando apliqué para ir a la facultad de Medicina en la Universidad de Howard en Washington DC. Y una vez que terminé los cuatro años, apliqué a Yale para mi residencia.
¿Cuándo decidiste estudiar Medicina?
Durante mi segundo año en la universidad mi madre enfermó. Así que fuimos al hospital y ella no se sentía bien. Lo primero que me preguntó el médico fue si tenía antecedentes de enfermedades mentales. Y en ese momento no podía entender por qué le estaban preguntando eso, porque obviamente ella estaba enferma, estábamos en el hospital, y eso es lo último que tenemos en mente. Y decidí ir a casa a investigar, ya sabes, ¿por qué este médico me hacía estas preguntas? Y empecé a aprender un poco más sobre las disparidades en la atención médica en Estados Unidos y sobre las personas que lidian con eso. Hay una brecha en la atención médica cuando se trata de personas de color específicamente y las cosas con las que tienen que lidiar.
Ahí fue cuando, de alguna manera, se me encendió la bombilla de enviarle un correo electrónico a mi directora general de aquel entonces, porque en realidad yo solía limpiar su oficina, solía sacar la basura. Le conté sobre el problema al que se enfrentaba mi madre y cómo no estaba recibiendo la ayuda que yo creía que merecía. Y ese mismo día me respondió y me dijo que vería qué podía hacer para ayudarme. En esa misma semana cambiaron a su equipo médico, y terminaron diagnosticándole una disfunción de las cuerdas vocales. Así que, al ver que eso sucedía tan rápido y ver cómo la defensa del paciente funcionaba muy rápido, supe que quería hacer algo para cambiar el entorno de la atención médica, así que decidí convertirme en médica.
Al terminar Medicina, ¿por qué decidiste quedarte en ese hospital en lugar de empezar de cero en otro lugar?
Hice cuatro años en la Universidad de Howard en DC y por alguna razón siempre supe que quería volver a casa porque quería servir a mi comunidad. Estuve cuatro años haciendo algo distinto cuando era más joven. Pero una vez que decidí que esa etapa había terminado y estaba acabando Medicina, solo quería volver a mi hogar. Todos en New Haven, Connecticut, son mi familia. Así que sabía que quería servirles algún día.
¿Qué crees que aprendiste sobre los pacientes mientras limpiabas que a otros médicos tal vez se les pueda pasar por alto?
Creo que muchísimo. Lo más importante de mi historia es que pude ver la atención médica desde todos los aspectos. Desde ser conserje hasta que mi madre fuera paciente, siendo yo misma familiar de un paciente, y luego yo siendo médica. Así que, desde el lado de la limpieza, pude ver a los pacientes desde una perspectiva diferente. No me hablaban de su enfermedad, me hablaban de cosas externas al hospital. Así que cuando yo entraba, era más bien como esa amiga con la que hablaban sobre qué película estaban viendo o cuáles eran sus comidas favoritas o a quién estaban emocionados de ver ese día. Así que pude hablar con los pacientes desde una perspectiva diferente y saber quiénes eran. Y creo que eso me enseñó que los pacientes son personas primero. No son solo alguien a quien estoy allí para darle medicamentos ni nada por el estilo. Así que conocerlos, conocer a sus familias y entender que esta persona podría ser como mi tío o mi hermano me enseñó a atenderles mejor y de una manera distinta.
¿Cómo tratan los demás trabajadores de la salud a los conserjes del hospital? ¿Dirías que existe algún tipo de clasismo?
Para mí, el trabajo de conserje siempre se ha visto como un puesto de menor nivel por la mayoría de los trabajadores en el hospital, así que muchos de mis compañeros y amigos sentían que no siempre eran respetados en sus funciones. Según mi experiencia, varía. Me he encontrado con muchos trabajadores sanitarios que son amables y valoran verdaderamente a cada miembro del equipo, incluido el personal de limpieza. Al mismo tiempo, hay momentos en los que los roles se tratan de manera diferente y se puede sentir una especie de jerarquía. Creo que a veces eso se manifiesta como una falta de reconocimiento de lo esenciales que son esos roles para la atención del paciente. Los hospitales pueden tener una estructura tácita, y a veces eso se refleja en cómo se trata a los diferentes puestos.
¿Y cómo te las arreglaste trabajando como conserje mientras estudiabas para una carrera tan compleja como es la Medicina?
Definitivamente fue difícil porque trabajaba a tiempo completo mientras era estudiante a tiempo completo y eso es extremadamente duro. Intentaba mantener un horario estricto aunque llegara a casa cansada del trabajo, pues todavía tenía que estudiar. Tenía que asegurarme de cumplir con ese horario y entender mi objetivo, que era muy personal para mí. Siempre les digo a los estudiantes que quieren ser médicos que se aseguren de que sea algo personal para ellos y que no se trate solo del dinero, porque no ganas dinero durante muchos años. La parte personal para mí era mi madre, y el querer ayudar a personas como ella. Eso fue lo que me mantuvo todo el tiempo.
¿En qué especialidad te gustaría formarte?
Apliqué para Anestesia y he conseguido plaza. Así que seré anestesióloga en cuatro años.
¿Cómo reaccionan tus antiguos colegas de limpieza cuando te ven con tu bata blanca?
Están muy orgullosos. De hecho, muchos de ellos todavía trabajan allí, incluso mi hermana, que sigue siendo conserje. Así que estoy muy emocionada. Me apoyan muchísimo porque ellos me vieron durante mis días de estudio y trabajo. Me iba a mis descansos y estudiaba, y ellos me dejaban alargarlo solo para estudiar. Así que me han visto ir desde abajo "entre comillas", hasta ser la doctora que soy ahora.
¿Qué representa ese hospital para ti?
Este hospital representa cada paso del camino, todo por lo que he pasado. Todas las noches largas. Todas los festivos perdidos, el tiempo perdido con mi familia para llegar hasta aquí. Es una parte enorme de mí. Representa comunidad y familia. Todos los que entran a ese hospital, aunque no sean de mi sangre, son familia. Voy a entrar, por supuesto, muy emocionada ese día. Porque solo recuerdo a la pequeña Shay con su carrito a los 18 años, con la esperanza de que algún día llegara este momento. Así que representa mucho. Y alivio, de que por fin he logrado llegar hasta aquí.
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