La organización del trabajo viene marcada por su jerarquización. La estructura resultante deriva en empleados a cargo de otros, lo que puede ocasionar abusos de poder. La Medicina no es una excepción. Según un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández y el CIBER de Epidemiología y Salud Pública, el ejercicio de autoridad puede traducirse en
comportamientos injustos o peyorativos para los subordinados del profesional al mando. Desde favoritismo arbitrario en la asignación de guardias hasta discriminación por género. Una serie de males que
acostumbran a padecer más los residentes y estudiantes de
Medicina, al tratarse de los escalafones inferiores del colectivo facultativo. Una realidad que se agrava en
el caso de las mujeres.
El equipo científico de la institución académica alicantina radiografió esta problemática a través de la realización de
entrevistas. En concreto, se llevaron a cabo 10 a estudiantes de Medicina y 15 a MIR. Unos 45 minutos de videollamada en la que estos perfiles sanitarios relataban las situaciones de abuso de poder y arbitrariedad que habían padecido en el Sistema Nacional de Salud (SNS).
Un antiguo R1 señaló que un especialista
le dejó solo en una guardia Urgencias ante una parada cardiorrespiratoria, ya que quería dormir. Su único apoyo fue un residente de tercer año. "Lleva muchos años trabajando y depende de mí", comentó este médico en referencia al R3, con el objetivo de poder seguir descansando. Por otro lado, una R2 compartió con los investigadores ninguneos por parte de un superior. "No le hagas caso, no sabe lo que hace", le espetó a un paciente sobre la sanitaria. En este sentido, un residente reveló que un adjunto llegó a llamarles "retrasados" delante de pacientes al ofrecer un determinado tratamiento. Otro llegó a recibir un manotazo por "tocar un respirador".
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El estudio se compone de 10 entrevistas a estudiantes de Medicina y 15 a residentes
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Otra reveló conductas no consentidas, como
tocamientos o caricias. "Algunos de mis colegas, haciendo su pasantía en Traumatología, tenían un especialista que, al explicarles cómo hacer un examen de hombro, aprovechó para acariciarles los senos. De hecho, a una de ellas incluso la acompañaron hasta la puerta de su casa", explicó. Incluso,
comentarios denigrantes por el hecho de ser mujer. "Oh, eres una de las prostitutas del propofol", indicó un especialista a una joven MIR de Anestesiología al preguntarle por su disciplina facultativa. En relación a esto, una estudiante del grado tuvo un profesor que decía que "las mujeres no deberían estudiar Medicina". Pese a grabarlo y recoger más de 700 firmas, la facultad cerró filas alrededor del docente.
Asimismo, una MIR reportó un caso de un adjunto con actitudes posesivas hacia una residente. Este le llegó a preguntar si mantenía relaciones con otro adjunto. Ante la negativa de ella, él respondió "mejor, porque solo eres mía", para después besarla en la boca si su consentimiento.
Homofobia y racismo
Las respuestas de los encuestados mostraron casos de
racismo. "Tengo un CoR decirugía que llegó a los 12 años de Senegal en patera sin saber ni el idioma. En los comités de cirugía hay algunos adjuntos que hacen comentarios como 'este es el que operé con el negro'", puntualizó.
Incluso, de
homofobia. "A una compañera, una adjunta le dijo: 'eres una chica muy inteligente y capaz, pero lo del lesbianismo lo deberías mantener más en secreto'. Cuando llegaron las nuevas compañeras residentes al servicio, los adjuntos se quejaron de que 'otra vez todas mujeres' y que 'los hombres que tenemos son medio hombres' haciendo alusión a que los tres residentes restantes son homosexuales'. A un compañero gay, si acude a la reunión antes de ponerse el pijama o la bata se le critica la forma de vestir y se le dice que 'no puede ir así vestido a la sesión' a pesar de que no sea algo que se valore a nadie más", relató otro residente.
Situaciones repetidas
Los entrevistados afirmaron que la naturaleza altamente jerárquica de los entornos departamentales fomentaba el maltrato sistemático de las personas en posiciones subordinadas. Un escenario que se une a la
falta de interés en la supervisión o interacción con los residentes y estudiantes de Medicina. Caldo de cultivo para comportamientos descorteses e irrespetuosos desde estratos superiores de la profesión.
De manera específica, los residentes incidieron en la frecuencia de comentarios inapropiados, incumplimiento de los horarios de trabajo oficiales y
sobrecarga laboral, a la vez que en la
asignación de turnos de guardia basada en las relaciones personales del médico con la plantilla de profesionales en formación. Por su parte, los universitarios denunciaron burlas y
escaso seguimiento de los programas de estudios oficiales, aunque también alguna experiencia de trato arbitrario, como la exclusión de quirófanos sin criterios estandarizados o la distribución de tareas clínicas a partir del favoritismo hacia ciertos alumnos.
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"La jerarquía y la falta de interés en la supervisión cimentan los futuros abusos por parte de algunos médicos"
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Ambos sectores de la formación sanitario
reportaron abusos verbales y emocionales. Desde gritos o preguntas comprometedoras sobre opiniones políticas o información personal hasta humillaciones en público y agresiones físicas. Asimismo, algunos lamentaron casos de discriminación racial o sexual. Además, la mayoría de las residentes y estudiantes señalaron faltas de respeto por parte de colegas y pacientes por el hecho de ser mujer. Una parte fue víctima de comentarios lascivos, insinuaciones sugestivas o contacto físico no deseado.
Acciones contra el abuso
Para evitar este tipo de casos,
la denuncia fue la principal arma esgrimida por estudiantes y residentes, ya sea a través de la universidad o los comités hospitalarios. No obstante, en ocasiones, el problema se minimizaba o no se creyó al denunciante, dado que no se podían aportar pruebas. Una situación que hace que muchos opten por no revelar las vejaciones que padecen, al considerar que no es útil y tan solo generará represalias.
En este sentido, dichos perfiles sanitarios demandan
la creación de buzones anónimos para presentar sus casos y de grupos de apoyo entre ellos para defenderse de posibles venganzas y evitar la normalización del abuso. A su vez, destacan la importancia de contar con una persona de referencia externa que les guíe en el proceso de denuncia o de
una legislación que regule y vigile el comportamiento de los docentes. Soluciones recogidas en el artículo científico firmado por Carles Sánchez Miralles, Clara Blanes Mira e Idelfonso Hernández Aguado.
Bajo su punto de vista, los médicos encargados de la formación y dirección de alumnos y MIR deben de estar capacitados en mentoría y derechos laborales, además de
comprometidos con sus funciones. Un paso clave para romper con el yugo impuesto por la jerarquización mal enfocada.
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